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Fiebre

LOS LECHONES TIENEN 1 MES Y 20 DÍAS.

La fiebre nunca es bienvenida, Capitán, pero cuando eres un bebé aún menos. Mi primera fiebre Chispas podríamos llamarla. Además por duplicado. A ver, no es que sea una fiebre africana, pero los chavales están molestos, se les ponen los ojillos acuosos y se te parte el corazón. La expresión que más se oye en casa es: Pobrecitos. ¡La gran aventura de la paternidad! Lloran así, como sin fuerzas, como cuando una persona muy orgullosa te pide perdón con la boca pequeña y mirando para otro lado. Es en plan:

–Papi, estoy llorando porque no tengo otro discurso, pero en realidad estoy bastante jodido.

Así que he escrito una lista de tres cosas que echo de menos de cuando están sanos y la he llamado:

Lista de 3 cosas que echo de menos de cuando están sanos:

1. Parece mentira, pero echo de menos esos gritos infinitos en Fa# durante toda la santa noche y donde he puesto santa en realidad quiero decir puta. Lección de vida: Cuando crezcan entenderán que a pesar de existir un mundo entre las dos palabras (y actitudes), en realidad en muchos contextos son intercambiables. Ejemplo 1: Toda la santa noche. Toda la puta noche. Ok. Perfecto. Se pueden intercambiar. Ejemplo 2: La madre de Moncho es una santa. En este caso es mejor no intercambiarlas. Sobre todo si Moncho está delante. Sigamos.

2. Echo de menos intentar darles el biberón mientras ellos, saciados y cebados, mueven la cabeza a toda velocidad como el cantante de The Communards.

3. También echo de menos ese color rojo aneurisma que luce en sus caras cuando quieren incorporar metano a la atmósfera.

He notado que, con fiebre o sin ella, empiezan a comunicarse entre sí, con esos sonidos como de velociraptor. El otro día me pasé unos buenos 15 minutos escuchando atento los patrones guturales y logré descifrar la siguiente conversación.

Bebe1: ¡Oye tú... psss... el de ahí al lado!

Bebe2: ¿Es a mí?

Bebe1: ¡Sí, sí... tú!

Bebe2: Dime.

Bebe1: ¿Estos dos son nuestros padres?

Bebe2: Sí, hijo, sí.

Bebe1: ¿En serio?

Bebe2: Mira que no habrá casas en el mundo.

Bebe1: El que hace de papá está un poco gordo ¿no?

Bebe2: Yo lo veo fondón también. Se lo diría a la cara, pero aún no se hablar.

Bebe1: Ya... te entiendo, pero habrá que decirle que esas camisetas le quedan pequeñas, ¿no?

Silencio incómodo.

Bebe2: Oye tú, creo que estoy a punto de cagarme cosa fina.

Bebe1: Yo llevo ya media hora cagao y meao.

Bebe2: Pues llora macho, que si no estos no se enteran.

Bebe1: Tranquilo hombre, tú caga también que yo te espero. Por cierto, casi dos meses compartiendo padres y aún no nos han presentado. Yo soy T.

Bebe2: Yo A. Encantado.

Bebe1: ¿A.? ¿Cómo el friqui?

Bebe2: ¡Hostia tú, pues sí! 

Silencio incómodo II 

Bebe1: Oye, ya está. Pastel puesto. 

Bebe2: Pues venga... a llorar.

Hasta aquí pude escuchar.

Seguiremos informando, Capitán.

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