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Primera semana de vida

LOS LECHONES TIENEN OCHO DÍAS.

Estimado Capitán:

Los bebés tienen una semana y un día de vida. Los nuevos seres, a los que me referiré de ahora en adelante como Los Lechones, lucen muy bien y viven mejor. Adaptarse a este nuevo status de existencia no es tarea fácil ni para ellos ni para nosotros. Nuestro hogar parece en ocasiones el camarote de los Hermanos Marx y las dos familias se unen en un solo ente que todo lo devora. Mientras alguien baña a uno de los lechones, otro hace una foto; una abuela se relame de orgullo mientras la otra calceta; su primo grita y se produce un momento de descontrol absoluto. Me recuerda a la película La tribu de los Brady o Apocalypse Now. No me acuerdo a cuál. Siempre las mezclo.

Qué felicidad.

Los bebés comen como limas. Hay que suministrarles combustible cada tres horas aproximadamente y se ve que disfrutan. Después de comer tienen que echar fuera los gases. Es curioso cómo la familia jalea como hooligans cada vez que los bebés eructan. Yo hago lo mismo para encajar, pero la gente me mira raro. Si los lechones expulsan el gas vía anal la celebración crece exponencialmente. Aquello parecen las campanadas. También lo he probado y me he quedado solo en la habitación. De hecho, llevan media hora sin hablarme.

Otra de las habilidades de los recién nacidos es la capacidad de defecar a todas horas. Si yo soy Sperman y su madre Ovugirl, ellos son BostaBoy y CacaKid. En una semana sus residuos han pasado por más etapas que Induráin. Ahora están en la fase Lacasitos, pequeñas bolas verdosas que jamás pensé que me fuesen a provocar tanta ternura. El récord fecal lo tiene A. con 14 bolas. Aquello parecía un bingo.

En general, Capitán, podríamos decir que se portan muy bien. Así es como califica el comportamiento de los bebés su madre, que está atravesando un vaivén hormonal que ríete tú de Bibí Andersen en los ochenta. Es como si en su cerebro se estuviese proyectando Love Actually en sesión continua.

Dicen que en España todo el mundo lleva un árbitro dentro. Creo que es correcto asegurar que también llevan un padre, una madre, una enfermera, un pediatra y un electricista. El resumen es que cada maestrillo tiene su librillo y nosotros estamos escribiendo el nuestro. No seremos perfectos, pero iremos mejorando. Si Ángel Cristo crio a dos hijos, nosotros también podemos. Esta semana he utilizado el método científico del ensayo y error para llegar a las siguientes conclusiones:

–Necesitan amor y cariño.
–En una misma mueca pueden reflejar cuatro o cinco estados de ánimo: sueño, alegría, llanto, enfado. Lo contrario que Pedro Piqueras.
–Dan más trabajo que un Gremlin, pero vale la pena. De hecho, ni siquiera lo definiría como trabajo.
–Son un auténtico milagro.

Seguiremos informando.

Saludos desde La Tierra, Capitán.

Saludos, Capitán.

Primera semana de vida
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