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¡Que al final son dos!

Estimado Capitán:

Giro inesperado de los acontecimientos.

Tengo el corazón a mil por hora. ¡La que se me viene encima!

La cosa, Capitán, es que empieza el programa en el que trabajo (trabajo en televisión) y en el plató hay dos invitadas, dos señoras de mediana edad que hablan de la menopausia y de cómo vivirla con alegría y jolgorio; hablan como dos cotorras y aseguran que durante esta fase de su vida hay menor riesgo de infarto y no sé qué más. Cuando la cosa se pone interesante mi teléfono empieza a vibrar en la mesa. Es un mensaje de ella, la futura madre de mi hijo (o hija). Hoy tenía la primera cita en el ginecólogo para constatar que "el milagro de la vida" es real. Yo, por motivos laborales que me da la risa explicarle, no puedo acompañarla. "Pues sí que empezamos bien. Menudo desastre de padre", pienso. Me pregunta por mensaje si puedo hablar un momento. ¡Estoy en directo, por Dios! Claro que no. Pero dadas las circunstancias, la llamo. Seguro que el Mundo Menopausia puede subsistir un rato sin toda mi atención. Ella descuelga antes de que suene el primer tono.

–Cari, ya está. Todo bien –dice ella. En la Tierra, Capitán, se estila mucho llamar "cari" o "amor" a la pareja.

–¿Seguro? –esta es la típica pregunta que uno hace sin querer para provocar inseguridad en su interlocutor. Técnicas básicas de manipulación.

–Sí, amor. Estamos de cinco semanas y cuatro días –me emociono un poco y me da la sensación de que una de las señoras menopáusicas lo nota. Parece el Muñeco Diabólico. Menopausia sí, pero del infierno.

¡Tengo un hijo de cinco semanas y cuatro días! Pienso en cómo harán para afinar tanto estos cabrones. Cinco semanas, cuatro días y tres horas. Eso sí, decirme si llueve el fin de semana, eso ya no. Si ya le digo yo que estos son muy listos para unas cosas, pero para otras...

–¡Genial! –susurro.

–Te quiero –me dice. Hombre, como para no quererme, soy el futuro padre de tu hijo. Mal empezaríamos.

–Y yo a ti –es de bien nacido será agradecido.

–Cari, es que no me aguanto. ¡Que son dos!

–Bien, cari, dos ginecólogos. Así me gusta. Que pidas una segunda opinión. No está de más, muy bien hecho.

–¡Dos ginecólogos no! ¡Dos bebés! ¡Vamos a tener dos bebés! ¡Mellizos!

–...

Hongo nuclear.

–Cari, ¿estás ahí?

–...

Muerte cerebral.

Dos bebés.

¿Cómo que dos bebés? Creo que me está dando un infarto. Ojalá fuera menopáusico.

El mundo se congela durante un segundo, Capitán, y empieza a girar de nuevo muy muy despacio. Escucho las risas de las menopáusicas a 45 rpm. Creo que se ríen de mí. ¿Dos hijos? ¿O sea que lo del predictor va por rayas o qué? ¿Dos rayas, dos hijos? Me mareo. Si lo llego a saber me hubiese dedicado a la fecundación profesional. Como Julio Iglesias. ¡Dos hijos! Si es que cuando me pongo lo bordo. Me lleva dos minutos digerirlo, uno por niño, pero una vez me proyecto en el futuro –y me veo con mis hijos por la calle, paseando, jugando– sonrío. ¡Claro que sí! ¡Mellizos! Me siento orgulloso de mi esperma, esperma de calidad, esperma del bueno, artesano. Apto para veganos. Las señoras menopáusicas recobran su velocidad normal, pero ya nada es igual. Todo ha cambiado. ¡Voy a ser papá de mellizos!

Desde luego, cómo le puede cambiar la vida a uno en un segundo.

Saludos, Capitán.

Puedes disfrutar aquí del blog de Antón Cruces.

¡Que al final son dos!
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