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El PP ruge en los toros

SOLO ESTUVE una vez en una corrida de toros, el 8 de agosto de 2010, en la plaza de Pontevedra. Fue una experiencia inolvidable, por terrible. Me dejó una serie de pesadillas durante unas cuantas noches. En ellas se mezclaban los dos horrores que vi, el de los toros desangrados y el del público que lo celebraba con música de pasodoble y euforia etílica. Pero eso no fue lo peor. Me senté tan bien, tan estratégicamente para poder ver al mismo tiempo qué hacían Mariano Rajoy y Pepe Blanco, que acabé saliendo en todas las fotos, casi como si estuviese en la tribuna como un invitado, y no como lo era, el sacrificado corresponsal de La Vanguardia que, justo cuando Cataluña acababa de prohibir muy sabiamente las corridas de toros, tuvo que ir a una, porque el jefe de la oposición y el ministro de Fomento habían convertido la de A Peregrina en una exaltación de la tauromaquia. En realidad, Rajoy estaba a lo suyo, a reivindicar los españolísimos toros, por más ajenos que sean a Galicia. Y Blanco no pintaba nada allí. 

Celebración a lo grande del cumpleaños de Feijóo en Pontevedra, pero la fiesta del PP fue la del 26-J, la de la resurrección de la que ahora vive

Ayer volví al lugar adonde llevaron los toros desangrados de mis pesadillas. Allí instala el PP la sala de prensa desde que en 2009 convirtió la plaza de toros de Pontevedra en su punto telúrico. En los tiempos de Fraga y Cuiña ese lugar era la ermita del Monte Faro. Se trata de un tránsito que expresa bastantes cosas sobre la evolución del PPdeG. Pero lo importante para los populares es que el mitin de la plaza de toros les funciona, como su gran demostración de fuerza. Sobre la arena de la única plaza de toros de Galicia la maquinaria por excelencia de la política gallega se pone a rugir al inicio de la campaña de las autonómicas, lo que galvaniza a sus huestes y pone a temblar al enemigo. 

Baltar II proclamó desde la tribuna que él veía en la plaza lo que, en su opinión, veía todo el mundo, la mayoría absoluta. Fue una muestra de que, por más temores que tenga Feijóo, el PP ya no se corta al exhibir qué se siente en ese nivel estratosférico en el actual escenario español, en el que las mayorías absolutas solo existen en el Senado, por su escandaloso sistema electoral acorde con su propia naturaleza, y en Galicia. 

El PP ya no se corta en exhibir que se siente en la mayoría absoluta, por más estratosférica que resulte en el escenario actual

Aquí el PP tiene la mayoría absoluta porque las elecciones no tocaron en 2015, cuando el desgaste de Rajoy pulverizó hegemonías más antiguas y rocosas, como las de Murcia, La Rioja y Castilla y León. Pero Galicia va a votar después del 26-J, que fue la gran fiesta del PP, no la del cumpleaños que Feijóo celebró ayer a lo grande, aunque sin dejar de traslucir la resignación de los 55. El 26-J el PP recuperó la moral. Ahora, si la oposición sigue ausente, la cuestión es si a los populares les funciona su plan de tener a Rajoy en segundo plano, con su campaña rural. Él necesita estar, para apuntarse el posible tanto, pero sin poner en riesgo el hipotético éxito.

El PP ruge en los toros
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