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El sastre de Iglesias

Pablo Iglesias. EFE
Pablo Iglesias. EFE

Murió Benito. En la Ser, ninguno de los que hacen El Larguero lo vio jugar. Yo sí. Con Bigotón del Bosque en Balaídos. Lo que tiene ser mayor. Expeditivo, dicen. No. Leñero. El leñero de más talento que ha dado el fútbol. En un amistoso en Centroeuropa sachó a un juvenil prometedor y acabó con su carrera. Cuando dejó el fútbol lo entrevistó Interviú: Pregunta: ¿Cuál te gustaría que fuese tu epitafio? Respuesta: ¡Qué cojones tenía este tío! ¿Expeditivo? Un grandioso profesional del juego duro. Para eso le pagaban, no para imitar a Cruyff. DEP. 

Mientras Benito moría, en el Miño lucense la policía multaba a dos. Según el atestado por "practicar sexo" ¿Multarlos? La Laureada de San Fernando habría que darles. Creced y multiplicaos. Además, que cursis: "Practicar sexo". Me quedo con cómo se refieren en Beluxo a la cópula: "Anicar". 

En Ourense, en tanto, Jácome se bajaba el sueldo. Primer alcalde que lo hace. Celebro el altruismo de Jácome, que ya no extermina estorninos. Jácome me recuerda a mí con quince años exterminando espermatozoides. Cómo le daba. 

Ya con veinte abandoné el espermicidio y empecé la carrera. De aquella mamaba yo la Constitución recién horneada. La subrayaba. Me chocó su musicalidad. El didactismo sencillo y fácilmente aprehensible de su articulado. 

Se la curraron técnicos de diferentes ideologías y germinó el fruto del trabajo en equipo. Como el hombre a la luna: Trescientas mil personas pensaron cómo hacerlo. De derecha a izquierda gestaron la Constitución, y de ahí su monumentalidad y su resistencia. Hasta Iglesias la descubre ahora. 

Le tengo tanto respeto a la Constitución que me incomoda que quien limpió sus pies en ella la cite hoy como un predicador fanático el salmo de la colina. 

El otro fallo de Sánchez es no preparar al pueblo para lo que viene, tan malo como la miñoca

Iglesias enarbolando la Constitución recuerda a un jabalí con chaqué poniendo de largo a su jabatita en un casino, a un pollino tartamudo intentando una rima de Bécquer a base de rebuznos. 

Cuando yo disfrutaba la Constitución y la enseñaba Iglesias vertía su saliva infantil en el babero, y cuando acampaba su rebeldía pazguata de universitario aventajado en Madrid, yo ya la había utilizado en más de ochocientos pleitos. 

O sea que, con franqueza, métete tus lecciones constitucionales donde te quepan, Pablito. A Echenique con ellas. A lo mejor traga con que lo que denostabais pueda utilizarse ahora como panacea económica. A otros con ese hueso, chaval. 

¿Subordinación de la riqueza nacional al interés general? Qué viejo, Iglesias. Qué rancia en tu boca de reformista hiperactivo la norma odiada, la viga maestra del régimen del 78, recuerdas, el que querías derrocar hace dos telediarios. 

(Por cierto. Al sastre de Iglesias hay regularle la vista. En su comparecencia, Iglesias navegaba en la americana como la chalana de Cajallas perdida en un vendaval del Gran Sol. Detengan al sastre y condúzcanlo, de inmediato, a un optometrista). 

Todos tenemos en la familia un primo parvo. Uno que cada poco nos sorprende con su parvada: Primo, no tendrás por ahí mil euros para…; y entonces uno puede hacer el primo ante el primo que intenta tomarle a uno por primo o, más razonable, mandarlo a tomar por el culo. 

Aclaro: la cita al parvo no tiene nada que ver con Iglesias. Iglesias no es parvo sino largamente listo; tanto que excede los límites de su capacidad política para desparramarse en los de la diarrea demagógica. 

Trump se comporta a veces como si fuera el primo parvo de América y Johnson, Boris, como el primo inglés parvo del primo parvo de América. Trump se tomó a coña el coronavirus y ya ven… 

Johnson, con ínfulas de último emperador de la India, pensó que el virus era el Bréxit. Y ahora, claro, buscan allí ucis, respiradores y sanitarios. Y reparan en que la exclusiva pendencia del ombligo propio conduce siempre a partirse los morros contra una farola. 

O sea que demandamos liderazgos carismáticos y tropezamos con políticos jibarizados que intentando galvanizarnos pornografían su mediocridad. 

Demandamos liderazgos carismáticos y tropezamos con políticos jibarizados

No critico lo que ha hecho el gobierno de España. Es difícil ponerle el cascabel a realidades cambiantes. A Rajoy quisiera verlo yo, porque seguramente metería la gamba como Sánchez. Lo que sí puedo es afear a Pedro no haber bajado a Ifema para mostrarle al país que padece con su pueblo. 

Esa era la foto. Si no se le ocurrió es una torpeza; si no se les ocurrió a sus asesores son unos necios; y si se les ocurrió a unos y a otros y decidieron preservar la figura presidencial patinaron. 

El líder pisando cascotes de la ciudad bombardeada. Compartiendo la tragedia. Habíamos quedado en que esto era una guerra ¿No? Pues piel. Pero es lo que tiene --de malo-- contar en nómina con asesores venidos de una cadena televisiva deponiendo su inexperiencia en los comederos del poder. Felipe VI uno, Pedro Sánchez cero. De MA Oliver no voy a hablar. Triste destino filtrarle las preguntas incómodas al boss. La visita a la fábrica de respiradores fue extemporánea por tardía. No subsana el error. 

El otro fallo de Sánchez es no preparar al pueblo para lo que viene, tan malo como la miñoca. Mala cosa el infortunio como obstáculo para la sinceridad. Digámoslo: Se pagarán más impuestos, los viejos tendrán menos pensión, se recortará el sueldo funcionarial y ojo al rescate. Lo de Rajoy del verano del 12, pero peor. 

Sinceridad informativa, lo menos. Por eso no critico un documento de la Generalitat que aconseja no internar a los mayores de ochenta años con pocas posibilidades vitales y el virus. E igual para los jóvenes. Recuerden, la muerte digna. Porque he visto, en un puñado de ocasiones, la muerte hospitalaria. Alguna en circunstancias tan dramáticas que rehúso recordarlas. Prefiero morir en casa. El documento de la Generalitat, si estamos bien informados, es la expresión correcta de un acto político racional, el único posible en las actuales circunstancias. 

Un cierto infantilismo identifica la vejez con una realidad cuasi sacrosanta y, por ello mismo, intocable. Algo parecido a lo que pasa con el feminismo: O lo eres de una manera concreta o estás muerto. Conozco viejos perfectamente lúcidos que son unos verdaderos cabronazos. La senilidad nunca fue incompatible con la mala entraña. Sin embargo, conozco viejos casi santos que permanecieron en esa calidad hasta el último aliento. Cuestión de naturalezas, no de años. 

Por eso vuelvo a la escena de Mad Man con la obsesión del paranoico. A Roger Sterling, cuya vida se resume a las mujeres y al dinero, se le muere la madre. Se lo toma con la indiferencia de quien hizo del egoísmo su constante vital. Pero un día su secretaria le acerca la caja del limpiabotas, que ha muerto y que durante años ha sacado brillo a sus zapatos. Roger la abre, coge uno de los cepillos y rompe en un llanto estridente y nervioso, irrefrenable… 

El ser humano como conjunto de reacciones químicas. Lloré mucho por mi padre, pero fui incapaz de hacerlo por mi madre. 

En fin. Detengámonos aquí. Parémonos en el humor involuntario de Villarejo, que ha pedido al juez que le deje salir de prisión. El argumento de la excarcelación semeja una escena de la Vida de Brian: "No escaparé. Soy un hombre de honor". 

O en el presidente filipino: Disparar al enfermo de coronavirus que escape. Carallo. Chámalle parvo. Morto o can…

El sastre de Iglesias