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Una proposición indecente

Grande-Marlaska. MARTA FERNÁNDEZ JARA
Grande-Marlaska. MARTA FERNÁNDEZ JARA

FARDÁBAMOS DE segundo productor de automóviles después de Alemania olvidando que éramos franquiciados pobres. Que aquí, salvo el difunto de Barreiros, no hubo jamás una mísera patente española. Reconozcámoslo: Nunca pasamos de vientre de alquiler de las fábricas de coches extranjeras.

El domingo hablé de cataclismo. Ahora tiembla la tierra con Nissan. Preparémonos. De aquí en adelante desayunaremos un sapo a pelo. Lo dijo Chiquito: Tendremos que freír los huevos con saliva.

Angels Barceló entrevistó a la ministra Maroto: No hay plan B para Nissan. Eso sí, la ministra se viene arriba con la "ventana de oportunidad" y el "nosotros y nosotras".

La ventana de oportunidad es un agujero al vacío, tétrico balcón al infierno, el antepecho del paro y la mesa petitoria ante la ausencia de pollo en pepitoria. La ministra juega al tiqui-taca de la frase epatante y ñoña pero en el momento actual el esquematismo dialéctico no tapa estómagos.

En el trampeo de la última semana, Maroto salta los pasales intentando mantener la vertical. El Llobregat invernal del desempleo puede arrastrarla con su corriente riesgosa. El rumor de su cauce embravecido suena ahora a palabra maldita: Cierre.

La única "ventana de oportunidad" (a ver si abandonan de una puñetera vez su mal hablar cursi) es Adenauer Torra, uno de los más grandes estadistas que parió la política catalana. Torra estaba a lo que estaba, o sea a Rolex.

El Rolex de Torra era la independencia de Cataluña, pero como buen negociador es posible que reunido con los piquetes cabreados de la automovilística en vez de empleo ofrezca un Estado catalán. Y a lo mejor los trabajadores, que no saben que van a dar de comer a sus hijos en diciembre, lo empalan con el mástil de la estelada como hacían las tribus africanas con los exploradores incautos.

Todos sabíamos que el procés era un sueño irrealizable de burgueses acomodados. Ha bastado el cierre de una empresa para despertar de su narcolepsia a los torras y los mases.

Pero siempre nos quedará Echenique, el ideólogo que saltó del banquillo para sustituir a otro crack de la politología, Monedero. Decía Echenique que al PP le jode que gobierne la izquierda, que es lo que decidieron los españoles. No. Lo que los españoles decidieron en las últimas elecciones fue que PSOE y PP, mayoritarios, se pusiesen de acuerdo para formar un gobierno de coalición.

Porque España no es parva. Y sabía que en tiempo de tribulación no procede mudanza, y mudanza era, Eche, franquear el paso al ejecutivo a un puñado de "penenes" sin pasantía para dirigir una partida de tute: Cierre la puerta al salir, señoría.

Todo lo bueno de España hasta ahora es fruto de la alternancia en el poder de PSOE y PP, que al margen de excursiones ideológicas, aventurerismos prospectivos y alquimias pactistas, hicieron discurrir al país por la moderación y un cierto progreso. Digámoslo ya para contradecir el discurso simplón e infantiloide del rupturismo antisistema: España debe mucho al bipartidismo.

Lo que frenó esa coalición fue que las respectivas élites partidarias, presionadas y acojonadas por Podemos y Vox, cedieron a rojerío y facherío respectivamente. Conviene no olvidarlo: Casado y Sánchez llegaban a la política con escasísimo bagaje. Lamentamos hoy el desacuerdo porque en él irrumpe Marlaska, un tío tan valiente en su vida personal -y parece ser, tan sin tacha como juez- como infradotado para la política. Nunca antes ministro del interior alguno se había comportado de modo tan torpe.

Cometió un error, interesarse por un informe e intentó corregirlo con otro, que fue cesar a quien se lo negó; el tercer error fue pretender tapar los dos anteriores invocando la pérdida de confianza, pero este flagrante tercer desliz quedaba al descubierto porque la pérdida de confianza carece de espectro bastante para ensombrecer la mera arbitrariedad decisoria.

Marlaska, que ya huía hacia delante como el Abagnale de Atrápame si puedes, enfiló el cuarto error para solapar el tercero, agarrarse al relevo generacional en la Guardia Civil.

No cuela, Ministro. Con todo respeto: Cuéntaselo a tu tía la de Cuenca. Si lo que perseguías era savia nueva ¿Qué impidió remociones y nombramientos al principio del mandato, que es cuando se forman y renuevan los equipos?

Encima, no adorna a Marlaska el don de la palabra, lo que convirtió su rueda de prensa en un abrumador pliego de cargos mientras él tapaba sus partes pudendas.

El remate y no se me enfade, ministro, fue pretender comprar el silencio de la Guardia Civil con un puñado de euros. Me recordó a aquella novela de Blasco Ibáñez, Entre Naranjos. El Diputado en el Congreso, Rafael, que intenta propasarse con Leonora, la diva de la ópera; Leonora, tras propinarle una sonora hostia, dice en tono enérgico al acosador: A mí no se toma, me entrego si quiero.

A la Guardia Civil tampoco se la toma. La Guardia Civil se entrega siempre, porque siempre quiere, a su trabajo. Y no se vende. Salvo el calzoncillo del Roldán, de putas por París y afanando el cepillo de los huérfanos, la Benemérita es una labra lustrosa de trabajo abnegado. Por cierto, endémicamente mal retribuido. Por eso, ministro, sonó lo de la subida salarial a recurso de nuevo rico, a oferta económica de indiano ignorante y sin tacto, a proposición indecente.

Hace pocos años una jueza pontevedresa de lo contencioso, que además hace tradición de una claridad conceptual en sus sentencias que para sí quisieran en Madrid, le dijo a una administración pública sanitaria que la pérdida de confianza hay sostenerla con argumentos, porque el acto de cese de un servidor público, por mucha libre designación en la que se ampare, no puede estar por encima de conceptos esenciales del derecho administrativo: Libre designación no es remoción discrecional, mucho menos arbitrariedad.

Traduzco: Un servidor público no es un entrenador de fútbol al que cesa su presi porque perdió en casa contra el eterno rival. Modélica sentencia con la que muchas veces trabajé en la Escuela de Práctica Jurídica ante el interés sorprendido de los chavales.

Pero acabemos con el Duelo al Sol, que esta semana hizo calor. Con ese OK Corral entre Cayetana y el pistolero Iglesias, que ya en su primer posado en el frontis de Moncloa, cartera en mano, guardapolvos rodillero y piernas escarranchadas amenazaba con desenfundar.

Cayetana se equivocó gravemente. Las responsabilidades prescritas son pasado y el pasado está bien para los museos. Pésima e hiperventilada, Cayetana, en el papel de poli malo. La militancia en el FRAP no convierte en terrorista a nadie, salvo que tenga las manos manchadas de sangre. Al menos a mi juicio.

Pero Iglesias, un tóxico democrático, igualó a la marquesa al día siguiente. La vocación provocadora de Iglesias sugiere que los verdaderos problemas de los españoles le importan poco: La RMV no es invento suyo, sino de las CCAA.

La sonrisa de Iglesias revela una frialdad escalofriante. Es, esa sonrisa, la metáfora de la del chulo navajero de barrio chino que, luego de usar su chori, se pira del chigre con la misma tranquilidad con la que entró.

En esa guerra de los papis han iniciado ambos un camino inexorable. Cayetana el de su baja en el PP y su afiliación a Vox, mejor para Casado.

Pablo, el de su perdición política. Con el cinismo de su sonrisa y la prepotencia arrogante del cierre la puerta, señoría, comenzó a escarbar tierra de su tumba electoral, incluso entre los suyos.

La antipatía, Pablo, jamás generó votos.

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