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Úlcera de diadema

LA FACTORÍA de Bertín debe ser de las electrointensivas y como Alcoa se está quedando sin actividad. Bertín recurrió dos veces a Tamara Falcó y eso es como contratar para la Peregrina al Risitas, a Cuñá y a Carmen de Mairena. Exitazo. Bertín es el pilar-miliario de las Españas, o sea el pollón peninsular y Tamara la reserva intelectual de Iberia: "¿Sabes?, o sea, te quiero decir". A ver. Todos sabemos que Bertín no hizo dinero dedicándose al ensayo filosófico ni a la física cuántica. Lo hizo como crooner aseado de físico imponente, un susurrante de melodías nostálgicas conmovedoras de suegras climatéricas.

Pero claro. Si no puedes llevar a un primer espada siempre quedará un monosabio al que arrimarle la alcachofa, que aunque Tamara no sea mona y lo de la sapiencia le resulte, más que remoto, ignoto lugar, todo puede ir valiendo. Pero ella, que le echa más morro que un oso hormiguero silbando el "only you", se fue a la casa de Bertín, que tiene varios 'chabolos' para perpetrar las entrevistas. La conversación, se lo pueden imaginar si se perdieron el programa y si se lo perdieron no saben lo que se perdieron, discurrió por altos niveles de sordera, y aunque la niña es de suyo lisonja pura a veces la simpatía no alcanza para que el espectador descarte que Bertín quisiese convertir su programa de entrevistas en uno de humor, pero de humor negro y cruel porque Tamara no trascendía la piruleta, las pecas y la faldita corta y ñoña.

Mejor que le hubieran llevado un utilitario para escarallarlo contra una farola (otra vez), porque entonces reiría España entera. Don Peregrino conducía mejor. En el sofá pajero y aireado en que se sentaron se ubicó un chucho en medio de ellos. Creo que era un Toi y, bajo mi punto de vista y a salvo mejor criterio, el más culto del ménage à trois. Para acreditarlo le bastó el silencio y la gestualidad, porque el perro miraba alternativamente a Bertín ("joder amigo, no sé qué rascas´) y a Tamara ("cambia de piñón, rapaza"). Y entonces el can se echaba como diciendo "ir al carallo, coñazo de tíos…".

Bonito el Toi. Su peluda cabecita era una mezcla de la testa de la difunta duquesa de Alba y de la de Marujita Díaz recién salida de una permanente interrumpida por falta de fluido eléctrico. Atendía ocasionalmente a los tertulios e incluso a veces había en su mirada la misma expresión que la que ponía Pitita Ridruejo ante una aparición mariana. Perplejidad. Por un momento pareció que el perro se iba a arrancar: "¿Sabes?, o sea, te quiero decir". Pero los perros dicen más con sus silencios que las Tamaras con sus monosílabos. Y entonces apareció Borís -jamás falta un roto para un descosido-, para darle al cónclave un toque caribeño y transgresor y amalgamar, así y de paso, el agujero negro del hipotálamo de Tamara con la máquina de hacer caja de Bertín, que ya en la penúltima vuelta de su vida profesional semeja organizar sus quehaceres por pura vocación financiera. Bertín pasó de ser el paquete de España a asesor de sí mismo, la mejor ocupación si te pagan por llevar a Tamara a tu Falcon Crest: "¿Sabes?, o sea, te quiero decir". Y Bertín venga a chupar rueda, cuentarrentista forrado y aburrido y misma cara de divertimento que pongo yo ante una peli de Julio Medem.

En la historia del periodismo televisivo hubo entrevistas majestuosas. El desafío de Frost a Nixon, por ejemplo. Frost era el Jorge Javier de entonces y la iba la cartera y el prestigio en aquel duelo. Frost se lanzó a la yugular de Ricardito el Mentiroso -así conocía América a Nixon- y ganó el primer asalto: Vietnam, el Watergate; pero en la siguiente entrega Nixon se vino arriba y razonó sus decisiones: `Vietnam no lo inventé yo, me encontré con una guerra que concluí´; luego soltó lastre: `el espionaje a los demócratas fue cosa de mi staff´. Nixon era cuáquero y un cuáquero solo reconoce sus errores en privado. Por eso le dijo a Kissinger, al dimitir, que se arrodillasen y rezasen, estampa trinitaria e inconcebible de un cuáquero y un judío -agua y aceite- orando por lo mismo. Si no se estudia el desafío Frost en las facultades de periodismo debería hacerse. Como el de Bertín y Tamara, que también fue un desafío pero a la inteligencia.

Hubo otra entrevista magnífica. La de Ana Pastor a Marine Le Pen. Ana se puso pesada con lo de los inmigrantes y Marine le cortó la respiración preguntándole cuántos subsaharianos estaba dispuesta a acoger en su casa. Pero claro. Pongan ustedes a dialogar a un 'crooner' señorito y a una 'revientacoches' de trote intelectivo lento y entonces no tendrán un desafío ni una entrevista, sino a un Toi que desparasita su aburrimiento. Me quedo con el diálogo que tuve la oportunidad de escuchar en una panadería de una villa marinera hace ya algunos años. Se quejaba el profesional de ciertas dolencias gástricas y, requerido por su interlocutor para precisar las concretas circunstancias de su padecimiento, dijo el interpelado: "Estou jodido; fun ó internista e díxome que teño úlcera de diadema". Puede entenderse esa confusión entre el ornato que sirve para sujetar el pelo y el duodeno. Lo que no sé es si puede entenderse la sencillez distópica de Tamara: "¿Sabes?, o sea, te quiero decir". 

Úlcera de diadema
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