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Interviú y el empoderamiento

Asociados al feminismo han calado en el imaginario colectivo una serie de conceptos que cada día se utilizan con más alegría e ignorancia por parte de ciertas personas que aspiran a convertir este movimiento en el último grupo de moda en los 40 Principales. "Hay tantos feminismos como feministas" gritan, y se alejan de las reparte-carnés que intentan aguarles la fiesta con su mojigatería. En este alarde constante de libertad sin límites, piden hacer lo que les da real gana en nombre de una suerte de empoderamiento que no tiene en cuenta las consecuencias sociales y políticas de sus acciones. Así, diversos opinadores han aprovechado el cierre de la revista Interviú para recordarnos a todas las españolas cuánto de empoderante tuvo aquella publicación mientras entrevistan a famosas que se lo pasaron súper bien en la sesión de fotos.

El término ‘empoderamiento’ (empowerment) se acuñó en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing (Pekín) en 1995 para referirse al aumento de la participación femenina en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder. Según el periódico feminista Mujeres en Red, actualmente esta expresión conlleva también otra dimensión: la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres y que tiene que ver con la recuperación de la propia dignidad de las mujeres como personas.

¿Acaso enseñar las tetas en un país como España ayuda a las mujeres a acceder al poder? ¿A recuperar su dignidad? (Espero que la respuesta sea ‘no’).

Entonces, ¿a quién empoderaba realmente Interviú?

El éxito de la revista nacida al calor de la Transición radicaba, precisamente, en saciar las ganas de carne fresca que tenían los varones después de aquella larga y opaca dictadura. A cambio de unas pocas pesetas por semana, Interviú les permitía el visionado de cuerpos de mujeres semidesnudas. Los reportajes de investigación iban dentro sí, pero eran las tetas las que vendían.

La democracia trajo a España el capitalismo y con él, la mujer pasó a convertirse, junto al resto de los productos, en un objeto de consumo más de la cultura heteropatriarcal. En aquella época de represión y sed, Interviú abrió las puertas a la cosificación de la mujer para disfrute del hombre. Porque Interviú era una revista de hombres, que compraban hombres y que se encontraba en espacios de hombres (blancos y heterosexuales). La primera vez que cogí en mi mano una Interviú la encontré en el revistero de la antigua peluquería de mi padre.

Playboy, Interviú, y otras publicaciones similares, también fomentaron ampliamente los cánones estéticos femeninos que rigieron las décadas posteriores. El gusto de los hombres por las cinturas estrechas y los pechos de silicona arrastraron a las mujeres a una carrera por la ‘deseabilidad’ en la que seguimos inmersas con maquillaje genital y blanqueamiento anal, mediante. Poco tuvieron que ver estas publicaciones en la revolución sexual femenina y en el feminismo. Fuera de aquellas páginas, la mujer admirable seguía siendo la que cumplía a la perfección con el rol de esposa y madre.

Impulsados por la lógica capitalista e individualista, ha calado en las nuevas generaciones la idea de que enseñar carne es revolucionario sin entender que la auténtica revolución femenina se cocina al margen de los deseos del hombre. La filósofa, Alicia Puleo señala el cambio de las sociedades de consumo al acercarse al «patriarcado de consentimiento» al tiempo que se alejan del modelo coercitivo del antiguo «patriarcado de coerción». «La represión es suplantada por una aparente libertad en la que los propios individuos, en este caso las propias mujeres, se esfuerzan denodadamente por alcanzar las metas prefijadas del sistema (cánones de estética, seducción, éxito, etc.). Ya no se apela a la prohibición (…) Simplemente se deja actuar la inercia estructural».

El caso contrario es el de las mujeres del mundo islámico que defienden su derecho a llevar hiyab (velo), y lo hacen también por una suerte de empoderamiento. Aunque el hiyab surgió para proteger a las mujeres ante las miradas acosadoras de los hombres, su evolución no ha hecho más que castigar y lastrar a las propias mujeres para convertirlas nuevamente, en objetos exclusivos para los hombres (en este caso de su propia familia), marcándolas y apartándolas de las labores públicas.

Los más optimistas dicen ahora que la caída de Interviú representa también el fin de una época de la España más machista y rancia, pero su desaparición se debe únicamente a criterios económicos y no morales. Con el auge de la pornografía más salvaje circulando libremente por Internet, Interviú ha pasado a convertirse en una publicación blanca, casi infantil, para la nueva sexualidad dominante.

Tapadas o desnudas, el verdadero problema de la mujer es y ha sido siempre el mismo: la construcción de la identidad según los deseos masculinos.

Interviú y el empoderamiento
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