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Gente friolera

Ella vestía jersey mientras yo iba remangado. Me dije si sería una de esas personas que sienten frío también al llegar el verano, a las que los pies tardan siglos en calentárseles

EN EL SEGUNDO F hay vecinos nuevos. Son una pareja, ambos delgados y altos. Todavía no han puesto sus nombres en el buzón. Ella porta un maletín para ir a trabajar, se recoge el pelo en una coleta y cuando saluda, sonríe. Usa gafas de sol todo el tiempo, a través de las cuales la atroz realidad se queda seguramente en simple realidad. Parece friolera y sus pasos son largos, casi toscos, al contrario que sus manos, que de tan delicadas y huidizas parecen sabias. Él se muestra poco expresivo, viste de oscuro, tose por vicio, deja que su cabello se peine solo y los primeros días cojeaba; después ya no. Tienen un Ford Focus sucio. Creo que aún no se han atrevido a pasar de los cuarenta, aunque supongo que a veces lo piensan.

Su llegada al edificio estuvo precedida de unas largas obras en el piso. Fueron semanas de muchos ruidos. Acabé tomándole cariño al taladro. Me costó. Mis afectos son lentos. No digo "te quiero", aunque se trate de un taladro, sino después de mucho trato, a veces cuando es demasiado tarde y quizá ya mentira. Alcancé ese punto en el que me persuadí de que todos los obreros golpeando superficies y haciendo agujeros en las paredes me ayudaban a concentrarme. Solo notaba la presencia del taladro, o para el caso los martillos, cuando los trabajadores se iban a comer o a dormir y las herramientas se sumían en un silencio afligido.

Ilustración para el blog de Juan Tallón. MARUXA

Pero un día el segundo F se quedó vacío. De pronto, no hubo albañiles, ni fontaneros, ni carpinteros, ni escayolistas, ni decoradores. En casa nos preguntábamos cuándo aparecerían los nuevos vecinos, y cómo serían. ¿Jóvenes, mayores? ¿Sería uno solo o varios? ¿Le harían la vida imposible al edificio? ¿Cuando se les cayese la ropa del tendal a nuestra terraza, bajarían a buscarla o se creerían que subiríamos nosotros a devolverla?

Transcurrieron tres meses antes de que volviesen a registrarse movimientos. No me crucé con nadie, pero escuchaba puertas que se cerraban, televisores que se encendían, teléfonos que sonaban. Al lado de mi plaza de aparcamiento comenzó a verse un Ford Focus, polvoriento por fuera y lleno de carpetas en el asiento trasero. También por esos días distinguí en el buzón, que simplemente ponía ‘2º-F’, un ejemplar de la National Geographic.

Por fin coincidí con ella en el ascensor. Me explicó que eran "los nuevos". Vestía jersey mientras yo iba remangado. Me dije si no sería una de esas personas que siempre sienten frío, también al llegar el verano, a las que los pies tardan siglos en calentárseles cuando se van a dormir. Estuve a punto de preguntarle por todos los martillos, llaves y taladros que los obreros habían empleado paro reformar su piso, y a cuya marcha el edificio había quedado en un silencio muerto de pena. Pero me dio miedo que la pregunta le pareciese un chiste.

A partir de esa tarde empecé a verlo a él. Una o dos veces al día lo encontraba ante el portal, fumando, cuando yo sacaba a la perra. Nos decíamos "hola" y nada más. Me llamaba la atención que sujetase el cigarro con fuerza, y que lo consumiese en unas pocas caladas, y al despegarlo de los labios lo estudiase con espíritu crítico, quizás a punto de reprocharle que lo estuviese matando. En el tramo de acera en el que salía a fumar ya se acumulaban varias docenas de colillas. Se me antoja que esa reiteración en fumar en la calle, y después regresar a casa, se debía a que no quería contaminar el piso, demasiado nuevo para amarillearlo con el humo.

No los vi juntos hasta hace una semana. Coincidimos en un restaurante, cenando. Nosotros entramos y ellos ya estaban en su mesa. En un momento dado, fui al baño. Lo encontré cerrado por dentro. Esperé y cuando se abrió la puerta lo vi salir a él con los ojos enrojecidos. Nos dijimos hola otra vez y él agachó la cabeza. Eso fue hace siete días. No lo he vuelto a ver fumando ante el portal. A lo mejor lo ha dejado. El Ford Focus no está. Ella ha puesto su nombre en el buzón. Ayer la vi y llevaba chaqueta. Hacía bastante calor.

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