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Todavía se busca cuadro robado

EN 1952 LUCIAN Freud pintó un retrato de su amigo Francis Bacon del tamaño de un libro de bolsillo. Su estilo era por entonces muy distinto del que luego lo haría célebre. Mantenía los trazos bajo control, alejado de la pintura espesa. El retrato estaba destinado a las paredes del Wheeler's, un restaurante de pescado del Soho de Londres al que Bacon acudía a menudo. Freud tardó tres meses en acabarlo, trabajando a diario, en sesiones no demasiado largas, en parte porque Bacon no era bueno posando. "No me puedo estar quieto mucho tiempo", confesaba, según recoge Sebastian Smee en su libro El arte de la rivalidad.

Estaban tan cerca el uno del otro que mientras uno posaba y el otro pintaba, sus rodillas se tocaban. Freud necesitaba estar cerca para examinar minuciosamente a su amigo. "La tensión que supone pintar tan cerca me provocó muchos problemas oculares y terribles dolores de cabeza", contaría Freud, al que aquella tensión lo obligó a buscar nuevos caminos de expresión. "Mis ojos se volvieron locos". Sentarse para pintar le producía ansiedad. Entonces, se liberó de esa mecánica de trabajo, y un día aparcó los pinceles finos de pelo de marta y aprendió a trabajar con pinceles más gruesos de cerdas, aplicando una pintura más viscosa.

"Mi idea del retrato", afirmaba Lucian Freud, "surge de la insatisfacción que me producen los retratos en los que se busca un parecido"


"Mi idea del retrato", afirmaba Freud, "surge de la insatisfacción que me producen los retratos en los que se busca un parecido. Quiero que mis retratos sean 'de' alguien, no 'como' alguien". El cuadro 'de' Bacon se terminó, pero nunca llegó a Wheeler's. A finales de 1952 se hizo con él la Tate Gallery. Sin embargo, hace treinta años, la obra desapareció y nunca más han vuelto a tenerse noticias de ella. En 1987, entusiasmado por difundir la obra de Freud más allá del Reino Unido, el British Council organizó una retrospectiva con ochenta de sus obras, la mayor parte pertenecientes a coleccionistas particulares, que iba a girar por varias ciudades. El retrato de Bacon era una de las obras más representativas, a lo que contribuía en parte la fama del modelo. Bacon era una estrella internacional, y su obra por entonces estaba mucho más reconocida que la de Freud.

La exposición en Washington DC resultó un éxito, se publicaron críticas extraordinarias en los principales periódicos y la carrera de Freud empezó a despegar. Al cabo de diez años era ya el pintor vivo más importante de Gran Bretaña y, seguramente, del mundo. Después de Washington la retrospectiva viajó a París, Londres y, en abril de 1988, Berlín, donde había nacido y crecido Freud. Las obras se expusieron en la Neue Nationalgalerie. "Un mes después de la apertura al público, un visitante se dio cuenta de que había algo que no cuadraba. Justo al comienzo del recorrido de la muestra, en la parte correspondiente a las obras de la primera etapa de la carrera de Freud, había un espacio vacío en la pared", detalla Smee. El visitante avisó a un empleado del museo, y enseguida se desplegó el protocolo de robo. Nada dio resultado.

Trece años después, la Tate Gallery, propietaria del cuadro, preparaba otra gran retrospectiva sobre Freud. Este, que creía que podría ser su última gran exposición en vida, se esforzó en que la selección de obras fuese la mejor posible. Para ello, el retrato de Bacon era crucial. ¿Y si lo hacían reaparecer? "Se planeó una campaña publicitaria. Había razones para pensar que pudiera resultar un éxito", sostiene Smee. El propio Freud colaboró en el diseño de un cartel en cuya parte superior, en grandes letras rojas, aparecía un "Se busca", y debajo de una reproducción de la pintura desaparecida, un "robado". Se anunciaba una recompensa de 300.000 marcos. Se hizo una tirada de quinientos carteles, que se pegaron por todo Berlín. Freud, en un gesto poco común en él, realizó una declaración a la prensa: "¿Podría la persona que retiene el cuadro dejarme colgarlo en la exposición que inauguro en junio?". Todo fue en balde. El cuadro no apareció. La retrospectiva de la Tate Gallery abrió sin el retrato de Francis Bacon.

Todavía se busca cuadro robado
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