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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Dura travesía para Iberdrola

Muy difícil lo tiene la firma con la eólica marina frente a Cedeira y Cariño y Ortegal y Bares 
El presidente de Iberdrola, José Ignacio Sánchez Galán. AEP
El presidente de Iberdrola, José Ignacio Sánchez Galán. AEP

PREGUNTA PARA enmarcar. ¿Por qué hay actualmente en Galicia una decena de proyectos de producción de hidrógeno verde, con inversiones millonarias, cuando la tecnología para poder hacer viable y rentable en el mercado este combustible todavía está a unos cuantos años de ser una realidad palpable? La primera respuesta, epidérmica, nos lleva a Bruselas. Son las directrices que marca la Unión Europea para la transformación sostenible de la economía a través de los fondos Next Generation. Bien. Y siendo en gran medida así, hay otra respuesta que flota en el ambiente: al tratarse de hidrógeno verde, la electrolisis necesaria para su producción necesita energía renovable. Es por ello que prácticamente todos los proyectos que hay actualmente en desarrollo en Galicia llevan asociado recurso eólico. Primero los megavatios, luego ya hablaremos del hidrógeno, parece ser el mensaje.

Sin lugar a dudas, es As Pontes el epicentro de esta transición a trompicones que ha llevado a Endesa a cerrar de un portazo la térmica y abrir a la vez una ventana de supuesta oportunidad con la que se proyecta la mayor planta de hidrógeno verde de España. Asociados, unos 600 megavatios eólicos, que es lo que solicita la filial española del grupo italiano al margen de los fondos europeos. ¿Mucha potencia la que pide? Pues más, prácticamente el doble, de la que dispone actualmente en suelo gallego, que son 508 megavatios repartidos por una veintena de parques. El plan de Endesa es a todas luces ambicioso, y directamente proporcional al conflicto social que se genera con el cierre de la térmica, que golpea básicamente a los transportistas. Siendo así, no menos importante es el despliegue que está realizando otro de los denominados campones nacionales, otra gran eléctrica, en Galicia. Se trata de Iberdrola.

La compañía del salmantino Sánchez Galán, en su día resultado de la fusión de Iberduero e Hidroeléctrica Española, es uno de los actores principales de la energía en Galicia. Dispone, según los últimos datos publicados por el Instituto Enerxético de Galicia (Inega), de un total de 626 megavatios que le otorgan el liderazgo indiscutible eólico y que suma a los recursos que explota en la cuenca del Sil, con seis embalses y una veintena de centrales, entre ellas el mayor complejo de Galicia. Esa hegemonía actual irá a más si cristalizan los proyectos que actualmente tiene en marcha. No podía faltar el hidrógeno verde, en alianza con Foresa, filial de Finsa. El objetivo, la construcción de una planta de hidrógeno de 20 megavatios, ampliable sobre el papel a 200, y equipos de captura de CO2. Todo ello, para la producción de metanol verde, que sería utilizado en los procesos químicos de Foresa y exportados sus excedentes. Pero más allá del hidrógeno, si hay un proyecto de Iberdrola que comienza a tomar forma al mismo ritmo que levanta suspicacias, ese es el de la eólica marina flotante. Sánchez Galán se ha embarcado esta vez en una singladura de dura travesía e incierto final.

Las líneas de evacuación que libera el fin de las térmicas, primero el fuel de Sabón y ahora las de carbón de Meirama y As Pontes, es lo que propicia que sobre el tablero los chicos de Sánchez Galán hayan optado por adelantarse, cuando todavía no está claro cómo se va a repartir el acceso a esas conexiones de alta tensión. E Iberdrola mira al mar. A la eólica marina.

En fase de alegaciones se encuentran los dos parques eólicos marinos de casi 500 megavatios de potencia cada uno que conforman el plan de Iberdrola. Nada menos que setenta aerogeneradores. La compañía los sitúa en el mapa: entre Ortegal y Estaca de Bares y entre Cedeira y Cariño. Estarán ubicados a menos de 14 kilómetros (8,6 millas naúticas) de la costa gallega. Visibles desde el banco de Loiba, por ejemplo, que pillaría justo enfrente de una de las instalaciones. Iberdrola intenta romper una barrera, la de los parques eólicos en el mar, en un momento especialmente complicado, cuando va a más la contestación por los nuevos proyectos en tierra.

Sánchez Galán quiere ganar dinero con un recurso, el mar, que explotan otros. Así de sencillo. Las cofradías hacen cola con sus alegaciones. Muy difícil lo va a tener esta vez el presidente Iberdrola, quintaesencia del poder de un lobby, el de las grandes eléctricas, también en cuestión. Tanta, como la imputación que pesa sobre él en la Audiencia Nacional por el caso Villarejo.

Dura travesía para Iberdrola
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