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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Lecciones de la crisis láctea

ES LA hora de sentarse a hacer los deberes. El momento de dejar las luces cortas y poner las largas, para iluminar el camino, circular con garantías y lograr esquivar futuras embestidas, lleguen en forma de caídas de precios o más reestructuraciones y cierres en el sector lácteo, tanto de explotaciones como industrias. Galicia recorre los últimos metros de la crisis láctea, con un acuerdo en ciernes que, a priori, beneficiará a todos, los suscriban o no, y que esta vez sí parece que verá la luz a través del Boe.

El último paso lo han dado las grandes de la distribución que operan en Galicia, pero ha sido a cuentagotas, y a título individual, más movidas por el intento de contener la ira de unos tractores que se habían plantado a las puertas de sus almacenes que deslumbradas por la solidaridad que sí ha demostrado la sociedad gallega en estas semanas. Lo cierto es que llegaremos al miércoles de la próxima semana, y tomará forma un pacto que debe contar con mucha letra pequeña, en forma de garantías para ser aplicado, llegue o no con sanciones. ¿Y después? Si en el escenario más optimista damos por descontado el cumplimiento de un pacto que incorpore a productores, industria y distribución, como así parece sobre el papel, ¿qué sucederá entonces?

Con la esperada y prometida recuperación de precios en origen llegará la calma, pero ni uno solo de los problemas estructurales del lácteo gallego estarán resueltos entonces. Por eso será el momento de hacer los deberes, que deben pivotar sobre un plan estratégico de verdad, a liderar por las administraciones públicas (Xunta y Ministerio de Agricultura), pero contando con todos los actores. El propio sector lácteo como problema y como solución.

Solo un plan estratégico de futuro convertirá en historia el conflicto de precios en el sector

¿Y para qué un plan estratégico? Pues, básicamente, para que el sector, y nuestro rural, tengan futuro. Para corregir desequilibrios enquistados en la estructura productiva del campo. Por ejemplo, para evitar que aproximadamente el 28% de la leche que se produce en Galicia sea adquirida por empresas y cooperativas no transformadoras, que compran y revenden a industrias que, en la mayoría de los casos, están situadas a cientos de kilómetros de nuestro cinturón lácteo. Para que vuelvan las inversiones al sector. Galicia se ha quedado en la cuneta de los proyectos industriales, mirando, desfondada, la carrera. Y es que, según datos del Observatorio Europeo del Sector Lácteo recogidos por la inquieta asociación Terra e Leite, integrada por profesionales de diferentes ámbitos, en los dos últimos años (hasta junio de 2014), las inversiones en la industria láctea europea se elevaron a 5.500 millones a través de 190 proyectos (120 empresas). En España, en dicho período, las inversiones supusieron escasamente el 3,5% del total, ridículo frente a Francia, Alemania y Holanda.

¿Por qué es tan necesario ese plan estratégico ahora? Pues para comenzar a pensar en el valor añadido. Dos datos ilustran lo mucho que queda por hacer: algo más del 47% de todo lo transformado por la industria se dedica a la elaboración de leche para consumo directo. Y solo el 14% se destina a la producción de quesos. ¿Más? Las marcas de distribución comercializan el 59,6% de la leche UHT. Son datos del Consello Galego da Competencia, que bien haría en volcarse de nuevo en analizar la correlación de fuerzas en el sector, para evitar esas tropelías de la industria denunciadas por sus mayores, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Los pactos de precios, a estas alturas, deberían quedar desterrados.

Son tantos los ejes de ese plan como largo el camino que queda por recorrer. Del lado de los productores, es clave ahora la conformación de una base cooperativa sólida, siguiendo ejemplos de éxito, que los hay y sin salir de Galicia. Y que llegue a industrializar la leche. Es verdad que ha habido intentos, pero no lo es menos que la lógica empresarial no siempre ha sido la bandera de esos proyectos. La conformación de un grupo lácteo gallego, una idea que se remonta nada menos que a los años noventa, con la compra de Lactaria Española a Tabacalera por parte de Leyma, debería quedar de una vez por todas confinada en el imaginario colectivo del sector y de todos los gallegos. De la ficción no se come. Pero hay alternativas, y las cooperativas lo saben.

La propiedad de la tierra, la incidencia del pienso en los costes de producción, la implicación de todos en la Interprofesional Láctea, también la distribución, son ejes de un plan estratégico que responde, en síntesis, a salvaguardar el porvenir de un sector del que viven, directa e indirectamente, unos 50.000 gallegos. Esta debería ser la gran lección de la reciente crisis láctea.

Inditex, éxito mucho más global que local
¿PUEDE UNA urbe que vio nacer a una de las grandes multinacionales españolas hace unos cuarenta años acabar convertida simplemente en una ciudad dormitorio para sus trabajadores? Pues resulta que sí, y de no cambiar mucho las cosas ese ejemplo lo tendremos en unos años en Inditex y en A Coruña. Los resultados semestrales del grupo presidido por Pablo Isla son de récord, una vez más, con una expansión mucho mayor en los mercados asiáticos y americano que en el europeo y español. Toda una muestra de su potencial y de su estrategia es que seguirá apostando por China, pese a la complicada situación del gigante asiático, donde ya tiene más quinientas tiendas, su segundo mercado. Inditex crece, y sigue contratando anualmente a unos 10.000 nuevos empleados, una dinámica que ya es habitual en el grupo, pero que no deja de sorprender. Porque hay un factor externo que hace brillar más su crecimiento. Y es el consumo de moda, que ha caído en España hasta un 30% en los peores años de la crisis, de 2007 a 2014. Todo es espectacular en el universo Inditex. Sin embargo, son muchos los que echan en falta algo más.

En Galicia, tierra de adopción y de éxito primero de Amancio Ortega, sigue flotando en el ambiente una pregunta: ¿cuál será el legado del tercer hombre más rico del mundo, más allá de su herencia? ¿Son suficientes unas obras sociales (becas y residencias de la tercera edad) que se han incrementado en los últimos años? ¿Devuelve Inditex a Galicia lo que esta tierra le ha dado? Para que el éxito global sea completo, y también local, ¿por qué no crear una escuela de «Amancios Ortegas»? Él es quien más sabe de eso.


Rubén Bartolomé. Un presidente para defender todas las plantas de Alcoa
ESTABLECER paralelismos entre las tres plantas de producción primaria de Alcoa en España (San Cibrao, A Coruña y Avilés) es casi imposible. Por resultados, dimensión, plantilla e inversiones, la fábrica de A Mariña está a años luz de las otras dos. Rubén Bartolomé, flamente presidente del grupo en España, conoce muy bien Avilés, donde comenzó su carrera allá por 1989, y San Cibrao, de la que fue director general desde 2012 hasta hace nada. Sin embargo, los problemas se acumulan ahora en A Coruña, quizá la menos eficiente de las tres, y sobre la que pesan las mayores incertidumbres. El resultado de la reciente subasta de interrumpibilidad así lo demuestra: la plantilla de dicha planta pide a Competencia y a Red Eléctrica que revisen la puja. Quizá todo esto se deba resolver internamente. Y quién mejor que Bartolomé para poner sosiego y orden en un grupo con tres plantas en España, pero solo una cabeza visible: él mismo.

Jacinto Rey. San José, nueva vida con más obras y menos promociones
REINVENTARSE por necesidad es igual de legítimo que hacerlo por estrategia. Lo sabe muy bien Jacinto Rey, presidente de una constructora (San José) que se hizo grande, pero la compra de una inmobiliaria (Parquesol) antes del gran pinchazo de la burbuja le enseñó lo efímero que puede ser el éxito empresarial. A partir de ahora, resuelta la refinanciación de la deuda, la que se conocía como San José Desarrollos Inmobiliarios solo tendrá el nombre en común con el grupo constructor. Una vez los bancos ejercieron y se hicieron con el control de la pata inmobiliaria del grupo, han traspasado parte de su capital a un fondo de inversión norteamericano con sede en Minneapolis. Varde Partners, que así se llama, acaba de nombrar a uno de sus ejecutivos presidente de San José Desarrollos Inmobiliarios, que escribe su futuro muy al margen del grupo constructor.

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