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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Paisaje tras la pandemia

Entre tantas sombras, hacen falta más "optimistas escépticos" como Antón Costas
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Antonio Costas, durante su conferencia en el Círculo de las Artes de Lugo dentro de los Encontros El Progreso. SEBAS SENANDE

Quizá sea el mejor momento para hacer balance. Ni cierres de ejercicio ni fechas o aniversarios que anotar en el calendario. El levantamiento del estado de emergencia sanitaria en Galicia, que trae consigo la práctica vuelta a la normalidad, es la mejor ocasión para levantar la cabeza, asomarnos un pelín y ver exactamente dónde estamos. A qué altura del camino y los obstáculos que tenemos por delante. Porque la crisis del Covid-19 nos ha dejado un par de crisis más, que nos han estallado en la cara, inesperadas y para nada previstas hace un año.

Para sintetizarlo, lo que antes encajaba y tenía todo el sentido, hoy se ha convertido en una anomalía. Y, a la vez, lo que hace nada era impensable está sucediendo. Pasa con el precio de la energía y también con los problemas de abastecimiento, relacionados con la logística y también con los cambios en la demanda.

El catedrático Antón Costas se declara un "optimista escéptico". Y ojalá hubiera muchos como él. El presidente del Consejo Económico y Social (CES), que esta semana abarrotó el Círculo de las Artes de Lugo en el foro Encontros en El Progreso, alude a las mayores diferencias sociales e incluso el aumento de la pobreza, sobre todo la infantil, como una de las más duras cicatrices que nos deja la pandemia. Toda una lección magistral la del vigués. Ahora nos enfrentamos a sacudidas inesperadas.

Son las piezas las que no encajan. Por ejemplo, en la fijación de precios de la electricidad. Lo que antes servía, es decir, un sistema marginalista diseñado para primar la inversión en renovables que funcionaba en óptimas condiciones cuando los precios del gas eran bajos, hoy es el desencadenante de lo que tiene toda la pinta de convertirse en una crisis energética en la antesala de un imprevisible invierno. Las consecuencias de todo esto no solo quedan reflejadas en el recibo de la luz. De un lado, la inflación ya está aquí, aunque el IPC subyacente, sin energía y alimentos no elaborados, está controlado. Y, de otro, se empiezan a contar por decenas las empresas que paran su producción por el coste energético. No solamente son compañías electrointensivas. Este golpe se acabará trasladando a las plantillas. Es cuestión de tiempo. El aumento de costes de las importaciones de China, esa gran consumidora de gas, por cierto, hace que importemos también inflación. Y ese aumento de precios se verá en muchos ámbitos próximamente.

El Covid también nos deja otra gran sorpresa: los problemas de suministro en la cadena logística, que vuelven a disparar costes para las empresas, cuando no paran directamente su producción. El ejemplo más claro es la crisis de los microchips, de los dichosos semiconductores, tan necesarios para tantas fábricas. Y llegamos a un asunto que también puede ser coyuntural, pero está haciendo mucho daño: los cambios en la demanda a escala global. La metáfora de la bicicleta que salió a relucir en la conferencia de Antón Costas viene muy al caso. Lo que antes del Covid era el pago por un servicio, por ejemplo, ir al gimnasio a andar en bicicleta, se ha convertido en la adquisición de un bien, la propia bici, debido al confinamiento. Multipliquemos esto por millones de decisiones similares, en muchos otros órdenes de la vida, y tendremos como resultado una brusca alteración la demanda. Y, como consecuencia de ello, de la cadena de suministro como la conocíamos antes del Covid, que es lo que está sucediendo. Costas apuesta por un reajuste en los próximos meses. También en el precio de la energía, con la intervención obligada de Bruselas. Es la convicción de un "optimista escéptico". Bien.

El Covid nos deja muchas lecciones. Ahora que faltan suministros, como al principio carecimos de mascarillas, la pregunta flota en el ambiente. ¿Y si hubieran escaseado los alimentos en plena pandemia? ¿Es absurdo preguntarse esto ahora? En absoluto. ¿Por qué no faltaron? La respuesta está en el modelo creado por la Política Agraria Común, que nace en los años cincuenta del siglo pasado, en el entorno de escasez alimentaria tras la Segunda Guerra Mundial. La PAC estableció una política intervencionista y productivista, que luego derivaría, en los ochenta, en excedentes agrícolas en Europa que obligaron a su reforma. Pero la PAC nació por lo que nació. Por eso el Covid no trajo hambre. Es otra lectura, positiva, como las lecciones que nos brindó esta semana Antón Costas.

Miguel Corgos. El arquitecto de los presupuestos, titular de Facenda

La gestión de un gobierno no se debe medir exclusivamente por su política fiscal. Como esta tampoco debe ser valorada solo porque baja o sube impuestos. Lo importante es la gestión de los recursos públicos y su destino. Esto lo sabe muy bien el nuevo conselleiro de Facenda, que sustituye al malogrado Valeriano Martínez. Miguel Corgos tomó posesión esta semana y debutó con la presentación de los presupuestos para 2022, expansivos, como obliga el momento. Corgos no es un recién llegado. Ocupaba la Dirección Xeral de Orzamentos desde 2009. Durante doce años los presupuestos han llevado su firma. Ahora, entre sus retos, que Galicia salga ganando con el nuevo sistema de financiación autonómica, si llega.

Juan Carlos Escotet. Abanca deja atrás las provisiones y el beneficio lo nota

ABANCA aumenta sus depósitos y su cartera crediticia, en parte impulsada por las nuevas adquisiciones. La última, Bankoa. Es ahí, en captar y prestar dinero, donde está de verdad el negocio de un banco. La entidad de Escotet firma unos nueve primeros meses del año que hacen olvidar la pandemia. Abanca presenta en el tercer trimestre un beneficio de 210 millones, un 46% más que el año pasado a estas alturas. El año pasado, por estas fechas, Abanca había tenido un beneficio atribuido de 143 millones, lo que representó una caída interanual de más del 62%. ¿El motivo? Había destinado en ese período 211 millones a reforzar provisiones, en gran medida por la pandemia, que parece ya historia.

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