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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La receta de Antón Costas

El catedrático gallego, nuevo presidente del CES, propone un acto de fe en el futuro colectivo
Antón Costas. EP
Antón Costas. EP

José Luis Sampedro será recordado siempre como el autor de La sonrisa etrusca, que le consagró como uno de los novelistas más importantes y queridos de las letras españolas del siglo XX. Sin embargo, había en Sampedro un economista comprometido de largo recorrido. Fallecido en 2013, dejó huella como catedrático de Estructura Económica de la Complutense y, sobre todo, por erigirse sin pretenderlo en lo que se entiende hoy por un economista humanista. De hecho, lo suyo fueron algo más que cifras, como recuerda Carlos Berzosa en un ensayo que recopila sus artículos. Esta semana, un discípulo muy aventajado de José Luis Sampedro ha tomado posesión como presidente del Consejo Económico y Social.

Flanqueado por dos vicepresidentas gallegas, Nadia Calviño y Yolanda Díaz, un vigués afincado en Barcelona ha desembarcado en Madrid, en la sede del CES, con un discurso que ha pasado desapercibido para el gran público, pero que representa, en línea generales, un buen meneo al desánimo que invade todo discurso que aborda esta crisis del covid-19. Dice Costas que la incertidumbre, como la niebla, es un velo de ignorancia que nos impide ver lo que nos rodea. "Esa incertidumbre estresa a la sociedad, polariza más la política y genera frustración ante las medidas económicas", pero a la vez aporta un elemento positivo, "y es que nos hace más racionales" como sociedad y provoca que seamos más conscientes del necesario "esfuerzo por repartir mejor los La receta de Antón Costas riesgos entre el Estado, las empresas y las personas", añade. En esta línea encajarían los Erte, salvavidas para trabajadores y tejido productivo en esta crisis.

"Esta pandemia es un ensayo general para las que nos van a venir", especialmente relacionadas con el cambio climático. Habla claro Costas. Y propone un "contrato social" en el que las políticas de igualdad de oportunidades se extiendan tanto a las familias como a los territorios. Útil y neutral quiere se el catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona desde la presidencia del CES, al que define como una orquesta sinfónica. Y es que a la mesa del órgano consultivo del Gobierno en materia socioeconómica se sientan sindicatos, empresarios y organizaciones profesionales y de consumidores, asociaciones y cooperativas y un grupo de expertos. En el CES, resume el vigués, "reside la soberanía popular económica y social" de este país.

Habla desde la autoridad, no desde el poder. Y para construir ese contrato social que propone también alude a nueva epifanía "que no viene del Vaticano". Y se explica Costas. En la facultad se estudiaba que las decisiones económicas han vivido en permanente conflicto, en un dilema. Se trataba de aumentar la justicia social, la equidad, por un lado, o incrementar la eficiencia económica, por otro. Había que elegir. Cualquier decisión, en ese sentido, tenía su coste de oportunidad.

Sin embargo, esa nueva epifanía de la que habla Costas rompe con ese pasado desde hace unos cinco años, y procede de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). "Una sociedad más justa da lugar a una economía más sana, sostenible y estable en el tiempo". De ahí la políticas de igualdad de oportunidades que defiende o el esfuerzo por repartir los costes de la crisis que propone el vigués.

El "acto de fe en el futuro colectivo" de este país que plantea el flamante presidente del CES descansa sobre dos patas con bastante sentido. Crear "buenos empleos", de calidad, "para más gente y en más territorios", y optar por un crecimiento económico inclusivo, "bien repartido y sostenible". Dos vicepresidentas le escuchaban atentamente este pasado miércoles.

Para que todo comience a tomar forma, el presidente propone la actividad del CES como el diálogo social institucionalizado "que debe proyectarse como una vez colectiva". "Frente a los problemas, plantearemos un menú, es nuestra función; elegir los platos ya no nos corresponde", dice el catedrático gallego.

Carlos Berzosa, en su día rector de la Complutense, aseguraba que en tiempos de crisis se necesita la lucidez de José Luis Sampedro frente a la miopía de tantos que no logran aportar perspectiva a sus análisis. En estos tiempos de penumbra, algo de luz, como la que aporta también Antón Costas en su desembarco en el Consejo Económico y Social, se agradece. Y mucho.

Jesús Manuel Alonso: "Un incendio que pudo tumbar a toda una Jealsa" 


Lo dice Jesús Manuel Alonso Escurís. El incendio de la sede de Boiro de Jealsa-Rianxeira, primera conservera gallega, pudo ser una tragedia. "Hubo un riesgo claro de que desapareciera todo", valora el presidente. Aunque la compañía está todavía en ello, las aseguradoras ya apuntan a unos daños estimados en unos 50 millones de euros si se tiene en cuenta también la pérdida de ingresos debido al parón de la actividad en la conservera. Pero en Jealsa quieren mirar hacia delante, después de haber cerrado un año en que sus ventas habían crecido un 11%, por encima de los 700 millones. Y también a los fondos europeos, con ese proyecto de biorrefinería marina para aprovechar descartes de alimentos y pescado.

Ignacio Rivera: "La resistencia de Estrella Galicia el año del covid-19" 


El año del covid será solo un paréntesis en la historia de muchas empresas. Es el caso de Corporación Hijos de Rivera, que aumentó su plantilla pese a sufrir un descenso de facturación del 10% y un recorte del beneficio del 27%, hasta los 53 millones. La compañía no optó por el Erte y ha salido más que airosa de la situación. Un año de locos, como señaló Ignacio Rivera en la presentación de resultados, pasará pronto a la historia, porque Hijos de Rivera prevé recuperar las ventas previas al covid este mismo año. La compañía, explicó el CEO, "no paró ni en la Primera Guerra Mundial ni en la Segunda ni en la Guerra Civil", como para hacerlo ahora, durante la crisis del covid. Caso práctico de resistencia.

La receta de Antón Costas
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