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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Cajas, pasado y presente

El fiasco de la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova escribe ahora su final en clave política

José Luis Méndez y Julio Fernández Gayoso. EFE (ARCHIVO)
José Luis Méndez y Julio Fernández Gayoso. EFE (ARCHIVO)

COMO las heridas que cierran mal, que siempre acaban supurando, la de las cajas gallegas es una historia a la que le falta su correspondiente epílogo. Últimamente tenemos demasiados voluntarios empeñados en escribirlo, y en reescribirlo si hace falta. Las cajas son pasado, pero a la vista de la polémica desatada esta misma semana, son también presente. Por eso es una herida que cierra mal, muy mal a la vista del relato político de los hechos.

Esta pequeña crisis desatada a cuento de las cajas, con dimes y diretes, imprecisiones, rectificaciones públicas en cuestión de horas y críticas muy duras, arranca por desgracia en Madrid, y no en Santiago. Concretamente, lo hace en la comisión que en el Congreso investiga la crisis financiera y el rescate bancario. Hasta allí se desplazó esta semana Julio Fernández Gayoso, octogenario él, pero muy lúcido. El expresidente de Caixanova, y de la caja resultante de esa fusión entre pobres, reconstruyó en parte los hechos a su medida, como no puede ser de otra forma, pero comenzó por pedir perdón, algo que es de agradecer, atribuyéndose los errores y dejando para su equipo los aciertos. Gayoso, siempre tan mirado, arrimó el ascua del Banco de España a su sardina, se protegió apelando al innombrable, el socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez, por entonces gobernador del instituto emisor, y lanzó el primer dardo. "La fusión de las cajas gallegas", dijo, "era la peor de las opciones y el Banco de España pensaba exactamente lo mismo".

No fue el suyo el único rejón. Previamente, uno de los autores del informe encargado por la Xunta para avalar las bondades de la integración, un directivo de KPMG, vino a decir que ni auditoría ni nada, que aquello fue el resultado de un mes de trabajo y tampoco era una recomendación sobre si era conveniente o no realizar la fusión, sino que analizaba la situación de las entidades ante este escenario, el de la integración. Y por mucho que se quiera rizar el rizo, repasar ahora la presentación de aquel estudio, difundida en enero de 2010, permite comprobar en la letra pequeña los límites reales del trabajo de los auditores: el informe se centraba "en las áreas críticas con el objeto de determinar la situación de partida de las dos entidades, con una estimación de las sinergias y reestructuración de la entidad fusionada". Es decir, una proyección. Muy mucho se cuidó el responsable de KPMG de ir más allá en su declaración en el Congreso, de la que poco más se pudo extraer que cuando advirtió que "en un momento recomendamos la absorción de Caixa Galicia por parte de Caixanova, pero solo desde un punto de vista contable". Por números, mandaba Vigo. Por tanto, la auditora no avalaba la fusión, como queda ya meridianamente claro, sino que analizaba su impacto.

El informe de KPMG, por encargo de la Xunta a la única de las tres grandes que no auditaban ya de forma periódica las cuentas de Caixa Galicia (PWC) y Caixanova (Deloitte), también dista mucho de ser una due diligence, como en algún momento se ha hecho crecer. Porque ese tipo de análisis son los propios que se encargan a una consultora en un proceso de compra de una empresa, por ejemplo, para comprobar que todas sus cuentas responden a la realidad, con la verificación de su información financiera. Y si algo demostró la fusión, mejor dicho, su resultado, fue que los números de ambas cajas eran ciencia ficción. Dos datos: el beneficio neto de Caixa Galicia al cierre de 2009, en la antesala de la integración, era de 86,7 millones de euros, según sus propias cuentas, mientras que el de Caixanova se iba a los 109,9 millones de euros. Todo un ensueño contable visto el resultado, porque sus balances, sus tripas, estaban enfermos, deteriorados.

La suma de grandes mentiras no puede tener como resultado ni tan siquiera pequeñas verdades. Las cajas acabaron en quiebra, y solo una subasta con 9.000 millones de euros de dinero público previo, una vez nacionalizada la resultante, pudo salvar los muebles. Fue algo parecido a la fuerza del destino y a los dictados de Madrid lo que provocó que Novagalicia acabara en manos de Juan Carlos Escotet. La del empleo es otra fábula que conviene manejar con cierta precisión. Caixa Galicia aportó a la fusión 4.467 nóminas, que son las que tenía al cierre de 2009. Caixanova contribuyó con 3.378 trabajadores. En total, Novacaixagalicia nació con 7.845 empleados. Al cierre de 2017, Abanca sumaba 4.137 trabajadores, algo más de la mitad de la plantilla de ambas cajas cuando se fusionaron. El pasado de la operación financiera más grande jamás armada en Galicia, con muerte y resurrección, sigue entre nosotros. Y continuará si no se admiten errores.

Por los gallegos de Argentina y Venezuela

CUANDO el golpe de una crisis sacude a una economía latinoamericana, sea un país emergente o anclado en el pasado, la segunda lectura desde Galicia nunca puede ser la mirada al colectivo de gallegos residentes en esos países, por detrás de los intereses de las empresas o sus propietarios. Sucede en Argentina y también en Venezuela, con situaciones que conviene distinguir.

Del medio millón largo de gallegos que viven en el exterior, unos 173.000, según datos del padrón de españoles residentes en el extranjero, del Ine, lo hacen en Argentina, que afronta una auténtica pesadilla tras la nueva petición de rescate del Gobierno de Macri al Fondo Monetario Internacional (FMI) para afrontar el pago de su deuda externa, básicamente suscrita en dólares. El FMI es un auténtico anatema para los argentinos, sabios en corralitos. Otros 45.000 gallegos, y bajando, residen en Venezuela, según la misma fuente. La suya es la historia de un sufrimiento permanente, que solo el retorno puede ya mitigar.

Es por todo ello que los problemas que tienen nuestras grandes empresas cuando pintan bastos en Argentina o Venezuela, o en cualquier otro país latinoamericano, deben colocarse en su debido lugar. Porque los tienen. Copasa, por ejemplo, opta al mayor contrato de obra pública en Argentina, para la explotación de parte de su red viaria. El Grupo San José proyecta en pleno corazón de Buenos Aires una auténtica Operación Chamartín, como la de Madrid, sobre 1,2 millones de metros cuadrados. Y un gallego de adopción, Juan Carlos Escotet, espera y afina para resolver la crisis de Banesco en Venezuela, con sus ejecutivos en la cárcel.

ISABEL GARCÍA TEJERINA. El turno de defender a Galicia ante los recortes de la PAC

EN determinados sectores productivos, hablar de España es hacerlo de Galicia. Sucede con la pesca y mucho más con el lácteo, al concentrar, en números redondos, el 40% de toda la producción nacional. Por tanto, y ante la que se avecina, la ministra de Agricultura debe afinar más que nunca. Los recortes planteados sobre las ayudas, tanto directas para los agricultores como genéricas para
el desarrollo rural, no pueden ser asumidos bajo la teoría del mal menor. Que si se planteaba esto
de descenso y hemos conseguido que solo llegue a esto otro... Bajo el nuevo presupuesto comunitario, en el que se engloba la PAC, se esconde toda una filosofía que apuesta por atacar problemas como la inmigración o afrontar retos como la innovación. La agricultura, por tanto, en último lugar. Y esa es la peor premisa de partida para unas negociaciones que serán duras y en las que Galicia no se puede permitir perder ni un euro.

PABLO ISLA. Inditex también es líder en reputación, con alguna sombra

NO solo es la empresa de mayor capitalización bursátil, puesto en el que se alterna con el Banco Santander. También es, ahora, la de mejor reputación. Lo dice un estudio de una firma especializada sobre una muestra de 38.000 encuestas, que se dice pronto. Inditex como compañía, y su presidente Pablo Isla, como ejecutivo, están en lo más alto del podio, por encima, en reputación, de grupos como Mercadona, Santander, BBVA, Repsol, Telefónica, Caixabank, Once o Iberdrola. La encuesta ha sido elaborada sobre una amplia muestra de analistas, empresarios y catedráticos, entre otros. Sin embargo, a Isla deben preocuparle en estos momentos otras opiniones bien distintas. Por ejemplo, las de los responsables de recursos humanos de Inditex, ante el sarampión de reivindicaciones laborales que se extiende por plataformas logísticas y red de tiendas.

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