Viernes. 22.02.2019 |
El tiempo
Viernes. 22.02.2019
El tiempo

Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El banquero de Chantada

Francisco González escribe su peor final en el BBVA con las escuchas del comisario Villarejo

Francisco González. EFE
Francisco González. EFE

CHANTADA ES CUNA de banqueros. De los buenos y de los regulares. Allí nació a mediados del XIX la Banca Soto, que sobrevivió con etapas brillantes a toda una marejada constante de transformación financiera y tecnológica hasta caer en manos del Banco Popular a mediados de los años setenta del pasado siglo. Y chantadino es Francisco González Rodríguez, FG para el gremio, que peina ya 74 años en el que quizá sea el peor momento de su carrera, iniciada a finales de los ochenta con una sociedad de valores que llevaba sus iniciales y que vendió muy bien.

A los banqueros patrios, paradojas del poder y el dinero, se les relaciona con sus lugares de origen en el momento en que caen en desgracia. Sucedió con Mario Conde cuando Banesto fue intervenido por el Banco de España. Hasta entonces, se trataba de un brillante ejecutivo que había logrado romper el ‘statu quo’ de la casposa oligarquía financiera a base de osadía. MC era de todos, marca España. Cuando comienza su calvario, a mediados de los noventa, ya despojado de Banesto, Mario Conde pasa a ser, de forma súbita, el banquero de Tui, la localidad donde había nacido accidentalmente por el trabajo de su padre como funcionario de Aduanas. Ahora, en plena crisis de reputación del BBVA por las escuchas ordenadas por su cúpula al comisario Villarejo, rey de reyes de las cloacas del Estado, Francisco González comienza a ser para muchos, medios madrileños básicamente, el banquero de Chantada. Algunos tendrán que mirárselo.

Lo cierto es que la vida y obra de Francisco González ha transcurrido muy lejos de Galicia. Pregonero fugaz de la Feria del Vino de Chantada en 2007 y poco más. Lo suyo no estaba aquí. Se situaba en el corazón de los centros de decisión, como gustan referirse los banqueros a la Castellana madrileña, Azca y sus alrededores. FG ha dejado hace nada la presidencia ejecutiva del BBVA, designando heredero a la vieja usanza, con el dedo. Sigue como presidente de honor del banco, y también de su fundación. Chófer, secretaria y seguridad después de haber firmado una de las peores estapas del BBVA, que ya no es rival del Santander, y que ha perdido en los últimos cuatro años unos 10.000 millones de valor en Bolsa. Y como presidente de honor del BBVA han comenzado los problemas para quien hasta hace nada era el banquero en activo más veterano de España.

El comisario Villarejo dispara contra todos desde la madrileña cárcel de Estremera y apunta ahora al siempre proceloso mundo del dinero y las finanzas, donde todo aparenta ser calculada pulcritud, pero que a veces esconde los modos más primarios de comportamiento. Lobos en tierra de lobos. Y, a la luz de lo que ha trascendido, FG tiró del comisario Villarejo, previos pagos millonarios, para espiar a medio poder político, financiero y mediático de este país. Las etapas más complicadas de la gestión del banquero en el BBVA, desde lo que fue Argentaria en su día, están relacionadas con el caso que investiga ya la Fiscalía Anticorrupción.

Francisco González era un íntimo de Rodrigo Rato que en su día desplazó a Francisco Luzón de la presidencia de la pública Argentaria, tras la llegada de Aznar a La Moncloa, para luego lanzar la fusión con el BBV de Emilio Ybarra. Hasta aquí, una historia de amigos, política y poder. Pero llega el primer lío. El banquero vasco, último mohicano de la oligarquía de Neguri, había tirado de cuentas secretas en el paraíso fiscal de Jersey para compensar a sus consejeros por la igualación de las retribuciones a la baja que había arrojado la integración de ambos bancos. Francisco González, que junto a Ybarra era copresidente del recién estrenado BBVA, siempre se mantuvo en las zonas de sombra del escándalo, pero a fin de cuentas fue el gran beneficiario de la salida del financiero vasco. Camino despejado.

Unos cuantos años después, en plena etapa de Rodríguez Zapatero, el asalto al BBVA por parte de Luis del Rivero y su constructora, Sacyr, provocó una batalla que ahora es el eje de las investigaciones de Anticorrupción. La cúpula del BBVA había pasado al contraataque de la forma más sucia, al parecer, estableciendo toda una red de escuhas telefónicas que llegó incluso a la dirección de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Y otra vez Francisco González en la trastienda.

El Foro de Davos que se ha celebrado esta semana y que tanto le gustaba al banquero ha tenido en esta convocatoria una ausencia ilustre en Francisco González , que está preparando su defensa. Y esto va por la vía penal. A buen seguro que por Chantada tampoco se verá estos días a FG. 

La crisis de Venezuela, Galicia y Escotet
SON UNOS 40.000 gallegos los que residen en Venezuela, cuna de las paradojas para una economía herida de muerte en uno de los países con más recursos de Latinoamérica. La pesadilla ha dado paso a una tensa vigilia a la espera de un cambio de gobierno que lleve al autoproclamado presidente Juan Guaidó a relevar a Nicolás Maduro. Horas decisivas en Caracas mientras uno de los países caribeños que fue socio preferencial de Galicia al otro lado del Atlántico pasa sus momentos más críticos. Todo en el aire. 

Hace unos siete años que las empresas gallegas no invierten un euro en Venezuela. Mantienen, eso sí, algunas posiciones, se podría resumir. El textil es un buen ejemplo, y no solo Inditex, que cuenta con trece tiendas franquiciadas. Lonia (cinco) y Adolfo Domínguez (tres) completan la terna.

Pero si algo une en estos momentos a Galicia y Venezuela son los intereses compartidos, y milimétricamente diferenciados, que ha establecido una de las grandes fortunas latinoamericanas con respecto a sus negocios a uno y otro lado del charco. Juan Carlos Escotet, presidente y máximo accionista de Abanca, es también el propietario de Banesco, primer banco privado de Venezuela, actualmente intervenido por el régimen de Maduro. Como cajas estancas, sin vínculos accionariales más allá de la presencia de Escotet en ambas entidades, el venezolano se carga ahora de razones, aquellas que barruntó en 2013 cuando adquirió Novagalicia, haciendo discretamente las maletas y poniendo rumbo a los mercados español y portugués. Algún día tendrá que explicar el previsor Escotet cómo es posible ser banquero en Venezuela.

El banquero de Chantada
Comentarios