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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El precio de la parálisis

Las consecuencias del bloqueo político van más allá de la reclamación de pagos pendientes
Vista de la fábrica de Alcoa, en San Cibrao. AEP
Vista de la fábrica de Alcoa, en San Cibrao. AEP

EN condiciones normales de presión y temperatura, los presupuestos gallegos siguen cada año un ritual con su particular puesta en escena tras un Consello de la Xunta que se celebra en la segunda quincena de octubre. La fecha prácticamente no se mueve. Es una cita que se suele repetir en el calendario de la economía gallega si no hay contratiempos. La situación de parálisis política actual no solo estresa las cuentas de las autonomías, por los problemas que genera el bloqueo de las dichosas entregas a cuenta de un trasnochado modelo de financiación autonómica y el ajuste excepcional por los cambios normativos del Iva, que en su conjunto superan los 5.000 millones de euros. También pone en jaque los presupuestos de las autonomías para el próximo año. Todo son incógnitas. Intentaremos desbrozarlas.

Si se eleva un poco la mirada sobre la trifulca política que se ha organizado por esas entregas a cuenta pendientes pero comprometidas en el gasto de las autonomías, por tanto sin tacha de ser ilegítimas, se puede comprobar sin mayor esfuerzo el grado de dependencia que actualmente tienen las cuentas regionales de los presupuestos generales del Estado. Para testar esta realidad es necesario dejar a un lado la refriega política y las presiones y estrategias ante el escenario de repetición de elecciones, que en breve se despejará, y mirar los números. Y de paso, enterrar algún cliché.

En lo que se refiere a las cuentas públicas, España es un país descentralizado solo a medias. En cuanto al gasto, lo es, y mucho, pero los ingresos de una autonomía están condicionados en gran medida por Madrid, pese a los tributos cedidos y al constante incremento en la participación de tramos de impuestos como el IRPF y el Iva. Es una realidad. Basta con mirar los presupuestos gallegos actualmente en ejecución. Del total de ingresos de la Xunta este año, más de 9.700 millones en su conjunto, unos 3.000 millones proceden de transferencias corrientes, que lo son por su sentido recurrente año tras año, con variaciones. Es la tercera parte del total de ingresos de la Administración gallega.

Todo este esquema, que si se analiza en profundidad no deja de continuar armando aquel "sudoku" del que hablaba Pedro Solbes, hunde sus raíces en la última reforma del sistema de financiación autonómica, que data nada menos que de 2009. Han pasado diez años y una crisis sin precedentes que lo mudó todo.

Por tanto, la ausencia de Gobierno no bloquea solamente esos 700 millones que reclama Galicia ahora, en justa demanda, sino que la falta de presupuestos generales del Estado sobre unos ya prorrogados, los del año pasado, cuando Pedro Sánchez asumió los de Mariano Rajoy al llegar a La Moncloa, amenazan con provocar la tormenta perfecta en las autonomías. Con los mercados como están, Galicia puede permitirse acudir a la deuda para cubrir ese agujero, pero el problema está en las limitaciones de décifit, que a buen seguro incumpliría. Antes que recortar gastos corrientes, la del endeudamiento extra es una fórmula que nadie quiere contemplar, pero a la que solo las autonomías cumplidoras, caso de Galicia o Madrid, pueden recurrir, muy al contrario que Cataluña o Valencia.

El precio de la parálisis política no solo afecta a esos 700 millones de las entregas pendientes, a ese presupuesto en el aire o a un sistema de financiación autonómica eternamente a la espera de ser reformado, que era una de las promesas de Sánchez. Es el plano de las decisiones legislativas y, sobre todo, normativas, lo que puede provocar asfixia en otros ámbitos, tanto públicos como privados. No hay que salir de Galicia para comprobarlo.

Un caso práctico: la reforma energética en todos sus ámbitos, especialmente en el apoyo a los grandes consumidores de electricidad. Ese estatuto de las industrias electrointensivas que dejó en el hatillo de las intenciones el Gobierno de Sánchez. Se use ahora como ardid político frente a Madrid, lo cierto es que la multinacional del aluminio ha demostrado con hechos que no le tiembla el pulso para tomar decisiones, tras años de amagos. Fue la urgencia de la convocatoria electoral lo que propició que ese estatuto no pasase el filtro de Competencia por un asunto casi pueril como era la falta del preceptivo análisis sobre si incurría en ayudas de Estado a ojos de Bruselas.

Y más allá de San Cibrao, en el limbo se encuentran asuntos como la transferencia de la titularidad de la AP-9, el inicio de una anunciada reforma láctea o la culminación del Ave a Galicia, que semeja blindado hasta que desde Madrid alguien diga un buen día lo contrario. Es el precio de la parálisis.

Así será la crisis que se está cocinando

LA cuestión reside en poner fecha de inicio, intensidad y duración, pero casi nadie duda de que una economía como la gallega, tan dependiente del exterior, ya sea a través del pulmón exportador o simplemente del contexto nacional, no presenta actualmente elementos diferenciales para amortiguar los impactos que vendrán. Creciendo por encima del 2% resulta hasta arriesgado emplear términos como crisis, pero son muchos los analistas que coinciden en que, de una u otra forma, asistiremos en los próximos años a un casi seguro estancamiento. Argumentos aporta Guillermo de la Dehesa, exconsejero delegado del Banco Pastor, en su día secretario de Estado de Economía con Felipe González y siempre fino estudioso. A su juicio, "no hay ninguna alternativa para evitar otro frenazo económico, que es probable que se produzca en 2021". Viene a decir De la Dehesa que lo que llega tendrá un alcance mundial, pero acota en el tiempo su duración frente a lo que se conoce como la Gran Depresión de los últimos diez años.

Coincide en el planteamiento otro economista, el catedrático Fernando González Laxe. Para el expresidente de la Xunta, sobrevuela el fantasma de la recesión a escala global, "pero los ciclos son cada vez más cortos" debido a que «las políticas monetarias inciden ahora de manera más intensa y rápida, dando lugar a la apreciación de que la economía es más volátil». Otro apunte para la reflexión de Laxe: "Estamos en un mundo menos desigual, pero los países son más desiguales internamente"; "los peligros ahora se centran en las amenazas que pueden socavar las reglas de una prosperidad compartida". Es lo que toca.

Un presidente para el CES y su supuesta independencia
OTRO exalcalde y exconselleiro de la Xunta para la presidencia del Consello Económico e Social (CES). Agustín Hernández recoge el testigo de Corina Porro y vende más independencia para el organismo consultivo encargado de aglutinar las inquietudes de los agentes económicos y sociales de Galicia. Agustín Hernández siempre ha estado vinculado al PP, excepto una breve etapa profesional en Puentes y Calzadas, durante el bipartito. Con anterioridad, fue el hombre fuerte del todopoderoso y ya fallecido Xosé Cuiña desde la antigua Cotop. No había obra pública que no pasase por su dirección xeral. Los años, y algún que otro golpe electoral, han hecho de Hernández un hombre con más talante, más dialogante, armas que a buen seguro tendrá que emplear para acallar todas aquellas voces críticas con lo que consideran un simple pago por los servicios prestados. Toca debate en el CES. No simples monólogos.

 

Todo queda en Inditex con el fichaje del yerno de Ortega
NO se puede decir que sea precisamente un fichaje estrella, por mucho glamour que envuelva su vida. Y aunque sorprenda, en el universo Inditex es relativamente habitual el maridaje profesional en su cúpula, sobre todo en lo que a la propiedad se refiere. La incorporación de Carlos Torretta, flamante esposo de Marta Orteja, al departamento online de Zara responde a un proceso casi natural, nada disimulado en Arteixo. Flora Pérez Marcote, la esposa de Amancio Ortega, tiene desde hace años a dos hermanos, Óscar y Jorge, en las direcciones de Zara y de Massimo Dutti. Otro cuñado de Ortega trabaja también en Inditex. Todo queda en casa en el gigante textil. Carlos Torretta conoce muy bien el mundo de la moda, pero entre bambalinas. Alguien se encargará de que no rompa demasiados platos en un área clave, el online, para el crecimiento del grupo.

El precio de la parálisis