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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Empresarios sin memoria

El fin de la marca Fenosa, que se suma al Pastor, entierra siglos de historia industrial gallega 

Gas Natural Fenosa. DP
Gas Natural Fenosa. DP

ÚLTIMO BRINDIS por Fenosa. Cinco meses en la presidencia han bastado al mallorquín Francisco Reynés para borrar de un plumazo más de un siglo de historia en el proceso de industrialización tardía de Galicia. Gas Natural Fenosa es ahora Naturgy. Punto final. Acompaña al cambio de nombre un lema que intenta fulminar el pasado, por si quedaba alguna duda: "Empezamos de nuevo", reza el rupturista mensaje. El nombre como lastre. Como caspa. Fenosa, Pastor... Casi idéntica secuencia, porque el Santander también diluirá la centenaria marca bancaria en esta nueva etapa tras la absorción del Popular. ¿Por qué? ¿A qué responde todo esto? 

Si en el caso del banco de Ana Patricia Botín resultaba más que cantado que desaparecería la marca Pastor, debido en gran medida a la política que acompaña a las absorciones de la primera entidad de la zona euro (sucedió con Banesto, Central e Hispano) resulta mucho más difícil de explicar, y por supuesto de entender, todo este cambio de nombre que se lleva por delante, para empezar, la vinculación de millones de clientes, por ejemplo en Galicia o Madrid, con la enseña Fenosa. Esa es una marca de toda la vida en gran parte porque hasta hace nada el eléctrico era algo más que un mercado regulado, oligopolístico, regionalizado,  cautivo... Tiempos modernos, dirán en la sede central de Gas Natural, ahora a caballo entre Madrid y Barcelona. Como el largometraje de Chaplin que muestra la esquizofrénica vida de un operario en una cadena de montaje en pleno ‘crash’ del 29. 

Ahora, más que esquizofrenia, lo que prima es la amnesia, a ser posible colectiva. Pasar página cuanto antes. Y dice mucho de todo esto que sea precisamente el cambio de nombre, más que las intenciones o las previsiones de crecimiento, la sustancia real, la chicha, de un nuevo plan estratégico para la compañía eléctrica como el que ha impulsado Reynés en tiempo récord, en estos cinco meses que lleva en la presidencia. "La compañía necesitaba una denominación que demuestre la aspiración internacional y que se reconozca como una empresa energética". ¿Resulta que Fenosa no era una eléctrica y Gas Natural, un grupo centrado en la energía? Vaya, vaya.

Lo cierto es que Francisco Reynés (Palma, 1963) es un cachorro de la burguesía catalana, casado entre iguales con Cristina Valls Taberner, por cierto, otro apellido ilustre, y criado a la sombra de Isidro Fainé, que lo es todo en La Caixa y que fue su predecesor hasta hace nada en la presidencia de Gas Natural Fenosa. 

Olvida Reynés, y todas las cúpulas de este tipo de compañías, mucho más centradas en mirar la cotización y la política de dividendos que el parque de generación, sobre todo si está lejos, y el servicio que prestan, que Galicia es algo más que un mercado lejano para la nueva Naturgy. Bastan dos datos. Cuando se produce la absorción de Fenosa por parte de Gas Natural, en el verano de 2008, las centrales gallegas aportaban el 68% de toda la potencia hidráulica del grupo o el 74% de todo el sistema integrado en el régimen especial, que incluye la eólica. Gas Natural Fenosa es, por detrás de Iberdrola, el gran operador en el mercado eólico en Galicia, y fue la gran beneficiada por el concurso convocado por la Xunta de Núñez Feijóo en 2010. Pero todo esto parece historia contemporánea, a ojos de Reynés. 

Fuerzas Eléctricas del Noroeste. Así se llamaba la compañía que fundó en Vigo un joven Pedro Barrié de la Maza allá por 1943 con un capital de cinco millones de pesetas, suscrito a partes iguales por dos casas de banca, el Pastor e Hijos de Olimpio Pérez, que años después se integraría en el también desaparecido Banco Gallego. Las más importantes concesiones hidroeléctricas entre el Miño y el Sil fueron el gran activo de Fenosa, que bajo la presidencia de Barrié de la Maza, un prócer franquista a todas luces, acompañó a ese desarrollo industrial tardío sin el que no se puede entender hoy Galicia. Hubo luces y también sombras. 

El destino quiso que Gas Natural, la dueña de Fenosa desde 2008, fuese también el resultado de una fusión, la de Gas Madrid, otra de las joyas del imperio de Barrié de la Maza, con Catalana de Gas. Unos cuantos años antes, cuando en 1982 Fenosa se fusiona con Unión Eléctrica Madrileña para crear Unión Fenosa, fueron ejecutivos gallegos los que desembarcaron en Madrid, pilotaron la integración y se hicieron con las riendas del grupo resultante. Fenosa ganaba tamaño pero seguía siendo muy gallega. Hasta la absorción por parte de Gas Natural, que quebró años de historia. Alguien tendrá que explicarle todo esto a Francisco Reynés, el nuevo presidente de Naturgy. Un empresario sin memoria.

Grandes morosos enquistados en una lista
Va  camino de convertirse en un clásico. Morbo aparte, todos los años, casi lo mismo. Y eso hace emerger un problema en el que casi nadie repara. Se trata de la lista de grandes morosos con Hacienda, aquellos que deben más de un millón de euros. En Galicia, casi dos centenares de compañías que deben, entre incumplimientos tributarios y sanciones, cerca de 600 millones de euros. Los nombres se repiten.

Constructoras y compañías inmobiliarias que crecieron al calor de la burbuja, empresas textiles muy subvencionadas que no pudieron con la crisis, compañías energéticas y de biocarburantes que se implantaron durante un "boom" muy mal entendido... El grave problema de la lista de grandes morosos es la práctica irrecuperabilidad de esas deudas por parte del fisco que presentan sus protagonistas.

Compañías en concurso de acreedores y, sobre todo, en fase de liquidación judicial, dan buena muestra de lo difícil que será, por no decir imposible, que esas deudas logren ser saldadas, por mucho privilegio que tenga Hacienda, por ley, en un proceso concursal, por ejemplo. Por eso, en la mayoría de los casos, repiten año tras año en ese triste catálogo elaborado y difundido con el fin último de lograr lo casi inalcanzable por la vía del escarnio.

Si algo demuestra también esa lista es que los embargos tienen un límite, en unos casos por proyectos empresariales desahuciados, sin activos con los que responder ante Hacienda, y en otros por hábiles empresarios que ocultan su patrimonio a través de sociedades pantalla a pesar de las quiebras. El próximo año, más de lo mismo.

Empresarios sin memoria
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