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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia se viste de Zara

El valor añadido del sector textil supera al que generan automoción, ladrillo y pesca juntos


LA ESCENA tuvo lugar en el rancho texano de George Bush, en Crawford. Arrancaba 2003 y en pleno viaje institucional de José María Aznar por tierras norteamericanas alguien preguntó al presidente español qué era, básicamente, lo que fabricaba nuestro país. Aznar respondió raudo, sin dudar: coches. La contestación sorprendió a sus interlocutores, y cuando trascendió, también a muchos españoles, pese a las 17 fábricas instaladas en suelo patrio, que producen hasta 39 modelos diferentes. España fabrica coches. Si en vez de Aznar hubiera sido Núñez Feijóo el protagonista de la anécdota y el mandatario gallego tuviera que responder a la misma pregunta, aquello de qué fabrica Galicia, tampoco habría lugar para el titubeo o la vacilación: ropa. Así de sencillo.

Es tal el peso que adquiere todo el Universo Inditex dentro de los principales indicadores macroeconómicos de Galicia que, para saber de lo que estamos hablando, deberíamos poner números a la realidad gallega con y sin el grupo que es matriz de Zara. Los resultados, sin duda, sorprenderían. La crisis económica no ha hecho más que acentuar esa determinante influencia.

¿Y a cuento de qué viene todo esto? Pues a los datos que revela el informe Ardán, que elabora anualmente el Consorcio Zona Franca de Vigo. Se trata de un detallado análisis, sobre una muestra de las cuentas de resultados de unas 18.235 empresas gallegas depositadas en los cuatro registros mercantiles provinciales. De acuerdo con el estudio, presentado este viernes, ese nutridísimo grupo presenta unos ingresos de explotación agregados de prácticamente 75.000 millones de euros al año. Un botón de muestra: la cifra de negocio consolidada de Inditex el año pasado se fue a los 23.311 millones. El grupo de Amancio Ortega y sus filiales están dentro de esas 18.235 empresas analizadas en el informe Ardán.

Más que sobresaliente, el peso del gigante textil se convierte en abrumador si atendemos a otros datos. Por ejemplo, el reparto del Valor Añadido Bruto generado por esa legión de empresas. Y es que el sector textil, en el que lógicamente hay una rica generación de empresas (algunas muy castigadas durante la crisis), supera en creación de valor añadido a la suma de nada menos que la automoción, la construcción y la pesca juntos. Así, la moda y sus auxiliares copan el 26,3% del VAB de las empresas gallegas, muy lejos del ladrillo (10,1%), los servicios profesionales (9,3%), el automóvil (8,2%), la logística y el transporte (7,8%) o la pesca (5,4%). Toda una sorpresa.

Es cierto que el sector textil y de la moda gallega es algo más que Inditex, con empresas pujantes como Textil Lonia o Bimba y Lola, pero no lo es menos que la crisis sacudió especialmente a muchos compañeros de viaje: Adolfo Domínguez, Roberto Verino, Florentino o, sin ir más lejos, las liquidadas Caramelo, Viriato, Montoto y Toypes. "El efecto Inditex es clarísimo, lo distorsiona todo", y durante la crisis ha generado un "efecto arrastre que se ha notado en el área urbana de A Coruña". Lo dice uno de los autores del informe, Santiago Lago, al advertir los desequilibrios generados estos años.

Inditex brilla y, en general, la empresa gallega también lo hace. Veamos. De acuerdo con el informe, la foto fija de la compañía media dice que los ingresos de explotación mejoran un 2,9%; su beneficio neto, un 15,3%; su VAB, un 3,8%, y su rentabilidad, un 2,7%. Lástima que, por ahora, la mejora de los márgenes financieros sea empleada para reducir el endeudamiento, y no para impulsar la inversión en innovación. El buen dato del saldo exportador gallego también está trufado de ropa, por encima de la automoción, y otra vez vuelve a iluminar Inditex el camino. Y es que el 70% del saldo comercial positivo de Galicia depende de la confeccción.

Son muchas las lecturas, pero casi todas apuntan en la misma dirección. Amancio Ortega es ya una variable que condiciona cualquier análisis de la economía gallega. Y esa realidad llega a ser malsana. Por ejempo, lo desliza el último informe de la Fundación Abanca, firmado por el equipo de Alberto Meixide. Lo que se podría definir como el "efecto Ortega" es algo más que visible cuando se analizan los flujos de capital que Galicia destina al extranjero, en contraste con la inversión exterior que recibe. Son, exactamente, 1.343,6 millones de euros los que invierte Galicia fuera, frente a los escasos 118,2 millones que logró captar del exterior en 2016. Sin Inditex, mejor dicho, sin Pontegadea, su brazo inmobiliario, Galicia habría destinado al extranjero unos 120 millones, frente a los 1.343 millones que finalmente invirtió. Conclusión: Inditex está fuerte, Galicia no tanto.

Blesa, el juguete roto de la crisis bancaria
El crack del 29, con su correspondiente jueves negro en Wall Street, tuvo una antesala que pocos pudieron ponderar entonces en su verdadera dimensión: la crisis inmobiliaria en el estado de Florida, tras una burbuja de precios jamás vista hasta entonces en Estados Unidos. Lo que queda en la retina colectiva de aquella crisis que arrancó oficialmente en 1929 y que devastó los cimientos de la economía norteamericana son los suicidios de banqueros, que los hubo a cientos para la mitología popular, aunque de muy difícil cálculo para unas estadísticas oficiales entonces todavía en pañales. Lo que sí es cierto es que la crisis del 29 comenzó por el sector inmobiliario y terminó por la banca, con quiebras masivas. Y fue el sector financiero el que pasó a la historia.

La analogía es calco, sencillamente, si miramos al pasado reciente de la economía española. La crisis comenzó por el ladrillo y acabó tumbando bancos. También a banqueros. Eso es lo que quedará. El suicidio de Miguel Blesa, uno de los más fieles banqueros de Aznar que gobernó Caja Madrid durante años, es la amarga guinda a una controvertida gestión que a quien más puede doler, ahora mismo, es a su familia.

Con el punto final para Blesa no se entierra una época. Es lo que quedará, sin embargo, para una parroquia acostumbrada a ver a muchos más banqueros en el banquillo de los acusados que a promotores inmobiliarios, por ejemplo. Con Miguel Blesa se va el personaje que un buen día decidió levitar, elevándose dos palmos sobre el suelo de Caja Madrid. Quedan todos los que le acompañaron en aquel loco viaje. Y otros muchos colegas que siguen por la calle.