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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La peor crisis demográfica

Solo empleos de calidad e innovación pueden retener talento joven y captar mano de obra

EL PRINCIPAL problema económico de Galicia no es, estrictamente, una cuestión de índole económica, sino social. Lo dice el profesor Patricio Sánchez, de la Universidade de Vigo, cuando aborda las causas y las consecuencias de la crisis demográfica. Y lo plantea así, sin duda, por todas las variables que inciden en uno de los asuntos que más pueden condicionar en los próximos años las estructuras del Estado de Bienestar construido hasta ahora, tanto en Galicia como en España. La sostenibilidad de las pensiones, por ejemplo, un debate que actualmente recorre los pasillos del Congreso gobierne quien gobierne, PP o PSOE, será un efecto colateral explícito de la pérdida de población. Pero habrá más.

señoriñasTodo un cóctel de datos bien agitado durante esta semana sirve para construir el nuevo relato, que tendría poco de original si no fuera por un avance que siempre apunta en la misma y negativa dirección, haciendo que Galicia asome cada día un poco más a ese particular precipicio. Esto va de récords, por si alguien tiene dudas y considera todavía que la preocupación a la que invitan los datos oficiales está injustificada o la pesadumbre de los análisis es exagerada.

Para empezar, Galicia es la comunidad autónoma con el saldo vegetativo más negativo de España, con 13.522 defunciones más que nacimientos durante 2017. Lo dice el Instituto Nacional de Estadística en la última entrega de sus indicadores demográficos básicos. Y eso que en España, el número de nacimientos registrados en 2017 es el más bajo desde 1996, y el de defunciones el más alto desde 1976. De hecho, el país registra más muertes que nacimientos por tercer año consecutivo, una tendencia a la que Galicia está tristemente abonada.

Nada invita al optimismo, pero hay un vértice de esta poliédrica realidad que incrementa todavía más la intensidad de las alarmas

Más ingredientes. El indicador de fecundidad sitúa a Galicia tercera por la cola de toda España, con 1,12 hijos por mujer, tras Asturias y Canarias, cuando la media nacional está en 1,31 vástagos. En esto estamos muy lejos de Europa. Cuando la garantía de reposición está en dos hijos por mujer, solo pasíses como Francia (1,9), Irlanda (1,8), Dinamarca y Reino Unido (ambos 1,7) se acercan. La edad media de la maternidad en Galicicia (32,7 años) también está ligeramente por encima de la medida española.

Nada invita al optimismo, pero hay un vértice de esta poliédrica realidad que incrementa todavía más la intensidad de las alarmas. Se trata de los más jóvenes. La lírica de Rosalía (este vaise, aquel vaise, e todos, todos se van...) cobra plena vigencia un siglo y pico después. Y es que en los últimos cuatro años, desde el primer trimestre de 2014, Galicia ha perdido unos 65.000 jóvenes activos en edades comprendidas entre los 25 y 34 años. Solo en los tres primeros meses de este año, según datos del Foro Económico de Galicia, el descenso ha sido de 10.000 jóvenes entre dichas edades. Solo Asturias y Cantabria superan las marcas gallegas de pérdida de población activa joven.

En síntesis, y tomando algo más de perspectiva, Galicia ha perdido unos 110.000 jóvenes activos desde 2010, aunque no toda esta caída es atribuible a un éxodo laboral, a esa tercera ola de emigración, en este caso silenciosa, a la que suele apuntar el profesor Federico Martín Palmero, de la Facultade de Socioloxía de la Universidade da Coruña. Por ejemplo, licenciados que no se incorporan al mercado de trabajo y optan por seguir estudiando.

Sin embargo, un repaso a esa evolución a lo largo de los años permite comprobar que cuando más desciende la población activa joven, al contrario de lo que pudiera parecer a simple vista, es en momentos de crecimiento económico, frente a etapas de crisis. ¿Por qué? Pues porque las oportunidades que ofrece el mercado laboral en destinos como Madrid o Barcelona nada tienen que ver en uno y otro momento. Los jóvenes universitarios gallegos hacen las maletas cuando la economía más crece, como ahora. La población activa joven cayó apenas un 2% y un 3% en años especialmente críticos como 2011 y 2012. Desde 2014, una vez superado lo peor, Galicia pierde población activa joven a ritmos que rondan el 6% anual.

Con todos estos elementos, no resulta descabellado concluir que Galicia (y España) necesita más políticas sociales activas de fomento de la natalidad, pero también la incorporación de población en edad de trabajar, y oportunidades y condiciones salariales para ello. Galicia todavía no ha descubierto el potencial de la inmigración, como sucedió en España. Para ello tiene que ser atractiva. Con políticas económicas que no fomenten el empleo de calidad y apuesten por sectores tradicionales no solo no se captará mano de obra del exterior, sino que se  expulsará a los jóvenes más preparados.

El relato de Emilio Saracho sobre el Popular

A Emilio Saracho siempre se le achacó, cuando llegó a la presidencia del Popular, que era un banquero de inversión, acostumbrado a manejar grandes patrimonios y colocar dineros aquí y allí, en vez de un financiero al uso, de manguitos y libreta, a la vieja usanza, que era lo que hacía falta. Y algo de razón tenían sus críticos si atendemos a las razones que da el expresidente del Banco Popular cuando ha transcurrido un año desde su crisis y resolución.

Resulta que el banquero se sincera en una carta abierta y alude a problemas enquistados en la entidad que presidió durante algo más de cien días. Nada menos que diez años atrás tira Saracho para buscar culpas. "Los hechos que perjudicaron gravemente el balance y los resultados venían de casi una década atrás", sintetiza sin dar más pistas sobre esos misteriosos problemas.

En lo que sin duda tiene razón el banquero es en asumir su parte alícuota de culpa, sin mirar a otros. A lo sumo, como actores de reparto determinantes, a los regulado
res, para quienes no escatima críticas. Al banco, resume, no se le dio "apoyo institucional", sin dar mayor importancia a ese debate, que califica de "artificioso", sobre si los problemas del Popular eran de solvencia o de liquidez. "Se trabaja para evitar una crisis de solvencia, y en el camino surge una crisis de liquidez", zanja Saracho.

El Popular no estaría donde está, es decir, en manos del Santander, si los mecanismos de resolución europeos tuvieran completa su arquitectura, que esa es otra, a la que le falta la incorporación de sistemas para dotar de liquidez a una entidad intervenida. En eso no le falta razón a Saracho.

La peor crisis demográfica
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