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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Presupuestos divergentes

Núñez Feijóo y Pedro Sánchez preparan unas cuentas para 2019 diametralmente opuestas

Alberto Núñez Feijóo, no Parlamento galego. LAVANDEIRA JR. (EFE)
Alberto Núñez Feijóo, no Parlamento galego. LAVANDEIRA JR. (EFE)

GALICIA SE asoma a una realidad dual. Es la que nos deparará el 2019 si atendemos a las líneas generales de los presupuestos presentados y pactados esta semana. Por un lado, las cuentas de la Xunta. Y, de otro, los números del Gobierno central. Y esa dualidad se deriva de políticas diametralmente opuestas. Madrid, con Pedro Sánchez, apuesta por mucho más gasto público, financiado con un endeudamiento al alza y más impuestos (la diferencia es que son progresivos, es decir, afectan a quien más tiene o gana) y una relajación, a priori pactada con Bruselas, de los requisitos de déficit público. Galicia, con Núñez Feijóo, apela al crecimiento del gasto, sí, pero moderado, prudente, con alguna bajada puntual de impuestos cedidos, sin recurso a la deuda y con el objetivo de alcanzar el déficit cero. Dos mundos opuestos, por tanto.

Todo esto presenta una derivada que está condicionada por la propia aritmética política. Y es que mientras es seguro que los presupuestos de la Xunta para 2019 serán aprobados por una plácida mayoría absoluta, el recorrido de las cuentas estatales, tras el pacto alcanzado entre Sánchez y Pablo Iglesias, es una incógnita debido a otros apoyos parlamentarios necesarios para salir adelante. Los números que traza el PSOE en Madrid parecen pensados para un año electoral, mientras que en Galicia la comodidad de estar a media legislatura con el horizonte despejado hasta las próximas autonómicas se nota en los presupuestos de San Caetano.

Sobre estos dos escenarios, semeja que Núñez Feijóo ha optado por no desviarse un milímetro de una hoja de ruta definida hace años, cuando gobernaba Mariano Rajoy, y es la que marca la senda de la consolidación fiscal, sin desviarse demasiado del relato que impuso la crisis. Por ello habla el presidente gallego de un techo de gasto «prudente, pero expansivo». ¿Blanco y negro a la vez? ¿Carne y pescado? Dos mensajes en uno. Otra ración de dualidad. ¿Acertará Galicia en esta ocasión?

Lo cierto es que la Xunta recupera cierto pulso con el techo de gasto aprobado esta semana, que es el límite de recursos disponibles que se impone el Gobierno gallego para gastar e invertir el próximo año. Son exactamente 9.850 millones de euros, con un crecimiento del 3,8%. El Gobierno gallego contará así con 363 millones más en 2019. Este escenario, presentado a grandes rasgos esta semana por el conselleiro de Facenda a empresarios y sindicatos, tiene dos lecturas lógicas. El aplauso de la patronal y la crítica sindical y de la oposición.

Pero Valeriano Martínez, gente prudente, nadie lo duda, no las debe tener todas consigo para el próximo ejercicio. De ahí unas cuentas que no llegan a situarse de nuevo en el nivel de gasto previo a los años de crisis, frente a un PIB, el gallego, que sí ha logrado recuperar esos parámetros. En 2007, en la antesala del caos global, el bipartito manejaba un techo de gasto de 9.431 millones. Entre 2008 y 2010, es decir, en tres ejercicios consecutivos, las cuentas gallegas se situaron por encima de los 10.000 millones de gasto anual. Esos años corresponden tanto al gobierno de Pérez Touriño como al de Núñez Feijóo, con el relevo de 2009 en San Caetano. Es cierto también que en aquel momento nadie esperaba tener por delante dos recesiones casi consecutivas. Los peores años a nivel de gasto público en Galicia llegaron en 2013 y 2014. En ambos casos, unos 1.400 millones por debajo del techo disponible en los presupuestos del próximo año. Un abismo.

De cuadrar todos los números que están sobre la mesa, Galicia logrará el próximo año algo inédito en España: el déficit cero. Es decir, la administración gallega conseguirá no gastar más de lo que ingresa, aunque gran parte del volumen total proceda de transferencias corrientes y de capital. Es decir, de Madrid. Esa estabilidad presupuestaria, que se deriva de una estimación de déficit que se situará en el 0,1% del PIB, contrasta, si miramos a La Moncloa, con las aspiraciones de Pedro Sánchez, aunque bien es cierto que el Gobierno central quiere hacer más (gastar) con más (recaudación fiscal). Discursos opuestos de nuevo.

Esta semana serán aprobados los presupuestos gallegos. Nadie duda que llegarán con una bendición recurrente, a modo de mantra: serán de nuevo los más sociales. Sin embargo, habrá que ver con lupa las inversiones reales presupuestadas, verdadera piedra angular de toda política pública en un período de crecimiento como el actual. Las cuentas autonómicas siempre estarán condicionadas por el gasto añadido a transferencias como las de educación o sanidad. Solo en gastos de personal la Xunta se deja cuatro de cada diez euros que maneja. El margen siempre será insuficiente.

Nace el lobby del Noroeste, faltan las ideas
​Toda la legitimidad para el proyecto. La creación de un lobby integrado por ocho territorios que tienen todo en común es solo el principio. Empresarios de Asturias, de las cuatro provincias gallegas y de León, Zamora y Salamanca se levantan en armas para clamar, con una sola voz, contra el olvido histórico del Noroeste peninsular. Se trata de una iniciativa que nace casi por contraste, a la contra, y con muchos años de retraso. Un ejemplo. En el sur, concretamente en el arco mediterráneo, desde Barcelona hasta Algeciras, empresarios e instituciones llevan años reclamando lo que creen suyo prácticamente al unísono. La puesta en marcha del Corredor Mediterráneo de mercancías es el mejor botón de muestra.

El lobby del Noroeste nace ahora, mientras que el del Mediterráneo lleva más de diez años perfectamente organizado, con el hándicap que supone la disparidad de sensibilidades que emergen entre sus socios. En el Noroeste, los problemas también unen. Y son casi idénticos. Infraestructuras que siempre llegan tarde, y que derivan en fallas logísticas y de conectividad; una crisis demográfica que es denominador común, y la falta de atractivo para la inversión exterior constituyen el andamiaje de los problemas de ese edificio a medio construir que es el Noroeste español.

Sin embargo, las ideas deben aflorar cuanto antes. No basta con reclamar otras vías de financiación de la UE más allá de los fondos de cohesión, o creer que sin seducir a las instituciones, y mantenerlas alejadas del ambicioso proyecto, es posible lograr sus objetivos. El Noroeste somos todos, no solamente los empresarios.

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