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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Revolución en la banca

A los Ere de Santander y Caixabank se suma un baile de fusiones con Abanca como actor

Una oficina del Banco Santander. ADP
Una oficina del Banco Santander. ADP

SIN PROPONÉRSELO del todo, el argumentario utilizado por el Banco Santander ante sus trabajadores para explicar y justificar un Ere para nada menos que 3.700 empleados en España, el 11% de su plantilla, supone una foto fija de los problemas que está atravesando el sector financiero en este país. Porque los males a los que apela el banco de Ana Patricia Botín para tomar una decisión sin precedentes, por su número, son los que aquejan a casi todos. Y esto pone sobre la mesa una gran pregunta: ¿está en crisis la banca?

Los chicos del Santander dan sus razones para ese masivo despido colectivo, que lleva aparejado el cierre de 1.150 sucursales, que es el 26% de toda su red. El principal motivo es la absorción del Popular, con especial coste en Galicia y plazas como Madrid y Barcelona. Los cálculos internos indican que, tras la integración del banco que no quiso ser rescatado y lo pagó caro, el Santander se ha encontrado con que las oficinas absorbidas por la compra del Popular, que ya llevaba en la mochila el Pastor, provocan que la distancia media entre sucursales del grupo sea de unos 250 metros. A las duplicidades, la cúpula del Santander incorpora todo un relato que describe con crudeza la situación del sistema financiero en España.

Con la prolongación de los tipos de interés bajos el sector atisba un escenario muy complejo. Un banco vive, básicamente, de su margen de intermediación, que no es otra cosa que la diferencia entre lo que cobra por un préstamo y lo que remunera por un depósito. Y esos márgenes están por el suelo. El hecho de que los bancos vendan ahora más seguros que nunca no viene derivado de que de repente hayan encontrado un nuevo nicho de mercado. Simplemente es un proceso de diversificación obligado por las estrecheces del negocio, que hace que lo que se denomina negocio parabancario tenga cada vez más peso en las cuentas de resultados. Es, en síntesis, una consecuencia del estancamiento del crédito.

El Santander prosigue con sus razones, que son las de casi todos. Las crecientes exigencias de mínimos de capital y provisiones que establece el regulador, en este caso el Banco Central Europeo y su apéndice el Banco de España, no ayudan. Y al exceso de capacidad instalada se unen cuestiones como la irrupción de entidades de base tecnológica ajenas al sector (las conocidas como fintech) que resultan muy competitivas en la financiación de proyectos. O incluso el crowdfunding, mecanismo colaborativo de financiación de proyectos bajo el paraguas del micromecenazgo. A todo ello el Santander suma la alta litigiosidad (hipotecas, cláusulas suelo, preferentes...) o la elevada cartera de activos improductivos. Pero Ana Botín no está sola.

Casi desapercibido, estos días, está pasando otro Ere, en este caso el activado por Caixabank, que no es un cualquiera. Al final serán otros 2.000 trabajadores los que saldrán de la entidad que dirige Gonzalo Cortázar. Y el cierre de oficinas aparejado se estima en unas 800 sucursales, al tiempo que potencia el negocio digital. La banca hace de la necesidad virtud. Y ante un entorno complicado, pone la directa con drásticos recortes de costes. De las 46.000 oficinas de 2008 se pasó a menos de 28.000 en 2017, según datos del Banco de España. Y el año pasado solo la gran banca cerró otras 678 oficinas. Es toda una mutación.

¿Y las fusiones? ¿A qué responden? Pues a lo mismo. A la necesidad de ganar tamaño. ¿Para qué? Pues, por ejemplo, para reducir los costes de financiación en el mercado de capitales o para afrontar con más solidez las inversiones que conlleva la transformación tecnológica. En este escenario, el de las integraciones, sobre todo entre la banca mediana, habrá ganadores y perdedores. Un caso de libro lo tenemos en la frustrada fusión entre Unicaja y Liberbank, el banco con base en Asturias pretendido hasta en dos ocasiones por Abanca.

Es el Banco de España el que por activa y por pasiva invita a las entidades a fusionarse. Y en el caso de Liberbank, resulta precisamente la imposibilidad de continuar en solitario, a ojos del supervisor, lo que obliga a la entidad dirigida por Manuel Menéndez a buscar pareja de baile. Lo hace a regañadientes, ganando tiempo, como ha sucedido con la ruptura con Unicaja.

El mercado da por hecho que Abanca volverá a intentarlo, y los analistas apuntan a que el precio ni por asomo se acercará al planteado en la Opa que finalmente se truncó. Por una razón: apenas tiene competidores sobre este tapete la entidad que preside Juan Carlos Escotet. La operación convertiría a Abanca en el sexto banco español, por delante de Kutxabank o Bankinter. Y de un plumazo pasaría a ser un banco cotizado.

La OCDE pone nota a Galicia: regularcillo

DESDE PARÍS, donde está su sede, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) mira a Galicia. El organismo intergubernamental ha logrado establecer una base de indicadores que permiten conocer el nivel de desarrollo y bienestar de una comunidad o región y compararlo con otras latitudes, no solamente españolas. Por ejemplo, el análisis observa similitudes entre Galicia, Irlanda, Cerdeña e incluso Lisboa, por tener estos territorios rasgos similares a los que detecta la organización en suelo gallego. ¿Y cómo anda Galicia a ojos de la OCDE, un organismo que por cierto cuenta con la lucense Ana José Varela en su cúpula? Pues regularcillo. Veamos.

De un total de once indicadores evaluados Galicia suspende en cinco y aparece por encima de la media española en seis. Básicamente, suspendemos en desarrollo económico y aprobamos en bienestar y calidad de vida. Galicia flojea en ingresos, entendidos por la renta de los hogares, y en empleo, con un puntuación de 3,5 sobre diez. Otro asunto preocupante, según el análisis englobado en la entendida como Better Life Initiative, es la educación, calculada por la proporción de trabajadores con al menos educación secundaria, en la que Galicia sale muy mal parada. Por el contrario, aprueba en seguridad, medio ambiente, salud (esperanza de vida) y acceso a la vivienda.

¿Se parece esta radiografía a la Galicia real? Pues bastante. Cualquiera podría pensar que la comunidad gallega es una buena tierra para vivir, pero no para emprender negocios, que es otra lectura para ese relato de la OCDE que nos aprueba en bienestar y nos suspende en desarrollo económico.

Revolución en la banca
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