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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Venezuela ante el abismo

Miles de gallegos asisten al colapso de una economía con los síntomas de un país en guerra

Una protesta en Venezuela. EFE
Una protesta en Venezuela. EFE

D ICEN que la primera víctima en una guerra siempre es la verdad. Y en el caso de Venezuela se cumple a rajatabla el triste aforismo por dos motivos. Primero, el mínimo intento por conocer la realidad económica del país latinoamericano se topa con una dificultad añadida propia de otro tiempo. Y es que no hay fuentes estadísticas fiables, y las que hay, las oficiales, presentan un menú de indicadores que nadie se traga y que contrasta con los que ofrecen los organismos internacionales o analistas acreditados. Y segundo motivo, algunos de los rasgos que definen actualmente el colapso, que no crisis, de Venezuela son propios de la economía de un país en guerra.

El Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero, actualizado con datos a enero del año pasado, cifra en 40.226 los oriundos de Galicia que residen en Venezuela. Ellos son testigos de una situación que puede derivar en guerra civil. Pero sin adelantar desenlaces, resulta ahora más oportuno conocer con detalle esa situación propia de una economía en pleno conflicto armado. ¿Y cómo podemos hacerlo?

Sin salir de Galicia, los participantes en la Cátedra de Internacionalización de Estudios Luis Fernández Somoza, uno de los nombres propios de la empresa gallega, han tenido la oportunidad de situarse en el colapso del país de la mano del venezolano José Manuel Puente, profesor de la Universidad de Oxford y habitual de la Autónoma de Madrid. El cuadro que presenta el académico es de película de terror. Y lo hace con diversos anclajes y recurriendo a diferentes fuentes estadísticas. "Dada la fuerte recesión que vive la economía venezolana, entre 2014 y 2017 se ha destruido el 35% de la producción de bienes y servicios (PIB): es por eso que hablamos de un colapso macroeconómico y no una de crisis", dice Puente. ¿Y qué países del mundo son los que han tenido una tasa de caída del PIB más acusada durante cuatro años consecutivos, como el caso venezolano? Pues, según su análisis, desde 1980 solamente superan a Venezuela economías como Libia, Ucrania, Sierra Leona, Moldavia o Turkmenistan.

Más contrastes. Sabido es que Venezuela es sinónimo de inflación. Entre 2006 y 2017, ocupó el primer puesto mundial unos cinco años, según la exposición del profesor. ¿Y qué otros países han tenido en esos años tan triste honor de tener la inflación más alta? Pues comparten podio mundial con Venezuela en dicho período economías como Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Bielorrusia y Zimbabwe.

"Después de 19 años y millonarios ingresos petroleros, tenemos cifras de pobreza y pobreza extrema superiores a las de 1998", lamenta José Manuel Puente. Según diversas encuestas sociales, los hogares en situación de pobreza extrema pasaron del 45% al 87% en 2017, lo que da idea de lo súbito del agravamiento de una situación que, sin embargo, viene de atrás. Los hogares en situación de pobreza extrema en Venezuela se incrementaron en un 327% en el periodo comprendido entre 1998 y 2017.

Todo esto se traduce en kilos. Puente presentó ante los asistentes a la cátedra de internacionalización Luis Férnandez Somoza los resultados de un trabajo de la denominada Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, impulsada por tres universidades venezolanas. Pues bien, casi el 65% de los consultados aseguró haber perdido peso durante 2017, y solo un 7% había ganado kilos. Según los cálculos derivados de la encuesta, los venezolanos en situación de pobreza extrema perdieron 11,4 kilos de peso en 2017. Son cifras que alimentan el caos.

¿Y el petróleo, ese tesoro, esa fuente de divisas que parecía eterna? Pues el profesor recurre a datos de la Opep para reflejar que la producción petrolera venezolana ha caído a la mitad en solo dos años. Es ahora la tercera parte de lo que producía Venezuela en 2005. PDVSA, la petrolera estatal, ahora militarizada, se come el grueso del servicio de la deuda externa de todo el país.

Venezuela tiene el mayor riesgo-país en América Latina y uno de los más altos del mundo. "¿Qué saben los mercados que nosotros no sabemos?", tercia el profesor Puente. El FMI estimó en el pasado mes de octubre una caída del PIB del 18% para todo el 2018, tres puntos más que la que había previsto en abril. El organismo internacional, uno de los que se encargaría del eventual rescate de Venezuela si hay una transición ordenada, estima una inflación para este año de 10.000.000%. Es el final del "Chavismo" en términos económicos.

El éxodo de venezolanos a países limítrofes (Colombia y Brasil, sobre todo) llega a los funcionarios y trabajadores con empleos estables. ¿Y los 40.000 gallegos residentes?

Las recetas de la empresa familiar gallega
COMO un mantra que se repetía siempre que alzaban la voz, y en la misma dirección buscaba su resonancia en San Caetano, las empresas familiares gallegas se pasaron años pidiendo la supresión de impuestos como Sucesiones y Patrimonio. Erre que erre. Poco más. Algo ha cambiado, además del abanico de deducciones actual que ofrece el marco tributario en Galicia. Y es que la patronal de la empresa familiar comienza a abrir el objetivo, y plantea medidas a largo plazo para lo que considera clave para el futuro de Galicia: la localización de empresas. Víctor Nogueira, actual presidente de la Asociación Gallega de la Empresa Familiar, siempre se ha quejado en privado de que la poca inversión extranjera que llega a Galicia lo hace comprando empresas, y no invirtiendo para levantar nuevos proyectos.

Algo deben pesar sus reflexiones en el colectivo cuando la empresa familiar solicita ahora, por ejemplo, renunciar al cortoplacismo en la toma de decisiones. Seguridad jurídica y flexibilidad administrativa son los ejes de sus demandas, a las que incorporan, eso sí, un marco fiscal competitivo.

La empresa familiar, uno de los pilares de la economía gallega, no es ajena a la situación de cierres de grandes industrias y deslocalizaciones que sufre Galicia actualmente. Por eso defiende ese marco fiscal competitivo no solo en beneficio propio, sino para fomentar la localización de inversiones. Que las empresas no solo vengan, sino que se queden, resume Nogueira. Y en el corto plazo, la patronal de la empresa familiar, que comienza a ser referencia frente a la pasividad de la confederación de empresarios, se prepara para la desaceleración.

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