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El bipartidismo populista se activa

Un Feijóo moderado está en el centro de la diana para Sánchez y para la derecha que representa Ayuso

SEÑOR DIRECTOR:

El populismo y la polarización regresan con fuerza a la política española, si es que se habían ido. Es una impresión que le transmito después de seguir la publicidad –el relato o falta del mismo– que han lanzado PP y Gobierno tras el desencuentro sobre nombramientos en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Repare, para despejar dudas, en el lenguaje que estos días emplean populares y Gobierno para rentabilizar –o aminorar los daños– ante la incapacidad para negociar y acordar. Se imponen las posiciones fuertes, la total descalificación del contrincante. Unos se autoproclaman como únicos constitucionalistas y garantes de España y otros son los únicos que representan a la gente, que cualquier día puede pasar a ser pueblo, y descalifican igualmente como anticonstitucional al adversario político. La condición de ciudadano es del pasado.

Sánchez practicó la polarización populista cuando vio la competencia de Podemos por la izquierda. Díaz Ayuso la practica para presentarse como la garante por la derecha de las esencias, de lo que determinados círculos entienden que debe ser el PP, y de la concepción de la unidad. España es Madrid.

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El bipartidismo, que históricamente fue un modelo de estabilidad por la tendencia al encuentro y la conquista del centro desde la derecha y la izquierda, vuelve a cambiar de dirección hacia los extremos. O eso pretenden algunos con amplias resonancias mediáticas capitalinas. El fracaso en la renovación del CGPJ es un éxito de la estrategia polarizadora, con interesados a izquierda y derecha.

A qué obedece este regreso a la polarización. Ya no se puede atribuir a Pablo Iglesias que se fue, aunque siga mandando. El centro está libre. No llegó a ocuparlo el ensayo de Albert Rivera: solo contuvo rancio nacionalismo frente a los nacionalismos. Preguntémonos, pues, a quién o quiénes refuerza la negativa a negociar y acordar: ¿a Feijóo, a Sánchez o a Isabel Díaz Ayuso y su entorno? Y también, e importante, a quién daña electoralmente más esta polarización.

Núñez Feijoo llegó desde Galicia para romper el aislamiento en el que se había situado al PP de Casado y conducir al centro derecha hasta el Gobierno de España. Apunte usted en su agenda un análisis futurista que publicaba Enric Juliana esta misma semana: ¿hay vía e intereses que apoyen una Meloni española, al modo de la primera ministra italiana? Se lo pongo con interrogantes. Parece una hipótesis verificable por muchos indicios. La Giorgia Meloni se llamará aquí Isabel Díaz Ayuso. Las dos periodistas, por cierto. Una operación pendiente de que la presidenta madrileña revalide con éxito indiscutible las elecciones del próximo año. El discurso ya lo tiene. Y practica el manual del radicalismo y el populismo. A sí deremisma se presenta como fuerte, hostil e intransigente frente a los rivales y a quienes pinte como débiles por defender el diálogo para resolver conflictos.

Cuando la pulsión centrista deja de marcar el bipartidismo el riesgo populista está servido. Lo de (centro)derecha y (centro) izquierda queda así: en un paréntesis del pasado. Antonio Spadaro, director de la Civililtà Cattolica, reflexionaba de forma interesante sobre qué significa ser moderado en política, a propósito de las elecciones en Italia. El análisis del jesuita Spadaro se puede trasladar, sin forzarlo, a España. Aquí al moderado se le descalifica como tibio o equidistante. La autoidentificación como centro-derecha y centro-izquierda se transforma con el populismo en la negación de la legitimidad del otro y en la apropiación en exclusiva para sí de la voluntad del pueblo, o de la gente o de lo que ellos entienden que es ser españoles. Se apropian de la representación o de la defensa de la nación.

El contexto polarizador resurge apoyado en dos pilares, dos partes interesadas. Una, el de quienes desde la derecha impusieron el portazo del PP en la negociación para renovar el CGPJ. "Ya le dije a Feijóo lo que tenía que decirle", advirtió con anticipación la aspirante a Meloni. Díaz Ayuso administra recursos que pueden ganar voluntades. También mediáticas. Y dos, en una finalidad semejante de polarización –romper puentes– puede situar usted, como muchas interpretaciones que habrá oído y leído estos días, la reactivación político-informativa de la reforma para la reducción de penas por sedición, que beneficie a los independentistas catalanes condenados. El lanzamiento de la noticia desde medios afines al Gobierno e incluso con la intervención de la titular de Hacienda en la tribuna del Congreso ni fue una frivolidad periodística ni fue un despiste de María Jesús Montero.

Llámele usted estrategia o trampa de Sánchez/Bolaños para, con la ruptura, afear la imagen del Feijóo moderado. Así fue cómo se le recibió en Madrid y cómo ascendía en los sondeos. El Feijóo moderado encuentra respuesta positiva en el electorado. Corre prisa desactivarlo, tanto para Sánchez, por los riesgos electorales en el granero del centro con el nuevo líder del PP, como para quienes desde la derecha aspiran a situar en el poder a una Meloni española. Ayuso abandera el nacionalismo y el populismo radical que cocinan en algunos fogones de la derecha y del poder en Madrid.

No interesa, a derecha e izquierda, que se asiente el liderazgo de Feijoo, en base al discurso de moderación con que entró en Madrid. Si con la reactivación de la reducción de penas por sedición se trataba desde el Gobierno de colocar mondas de plátano para que patinase el PP, con los esfuerzos explicativos de González Pons y demás portavoces populares no queda despejada la duda de que no hayan resbalado.

La vía elegida como respuesta para un hipotético desgaste del PSOE, con Cataluña otra vez, recuerda demasiado las políticas seguidas por el PP del pasado con la cuestión catalana. Estrategas habrá en la sede popular de Génova, pero le aseguro a usted que los concejales de mi aldea se preguntarán si no hay bastante de qué ocuparse en el concello sin ponerse a discutir allí sobre las penas a los condenados del procés.

De usted, s.s.s.

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