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Análisis y opinión

En el espejo de Alemania

La coalición que se forme con los resultados de hoy puede irse al centro o a la izquierda

SEÑOR DIRECTOR:

La marcha de una mujer, Angela Merkel, y la impresión de orfandad de liderazgos en la que queda Europa han despertado un interés nunca visto por las elecciones de hoy en Alemania. España vuelve la mirada al exterior. Si los pronósticos no fallan y la interpretación de los gurús electorales tampoco, habrá cambio en la coalición de gobierno. Es una hipótesis a la que se llega desde los datos de los sondeos. La coalición forma parte del modelo de gobierno de ese país y la propicia el particular sistema electoral que hace muy difícil la mayoría absoluta para un partido. Hacia dónde se va a inclinar, centro o izquierda, la nueva coalición que salga de los resultados de hoy y cuánto va a tardar el acuerdo para la misma, son interrogantes que pudieran quedar sin respuesta esta noche. La opción que dan como más probable es la de una coalición a tres. La socialdemocracia con los verdes y los liberales, lo que no se traduciría en sobresalto alguno o la participación de Die Linke, la izquierda, y no los liberales, en el gobierno, si las exigencias de los liberales llevasen a posiciones como las de Ciudadanos en España.

A Merkel, según algunos analistas, le podría esperar una larga interinidad mientras se negocia la coalición, al frente de la cual estaría el SPD, si las encuestas aciertan.

Hay seis partidos con opción de llegar al Bundestag, la democracia cristiana en su versión federal CDU y en la bávara CSU; el SPD, la socialdemocracia que presenta para la Cancillería a Olaf Scholz, el candidato que genera más confianza entre los electores, vicecanciller y ministro de Finanzas con Merkel; el liberal FPD, que suma 43 años en coaliciones gubernamentales, tanto con la democracia cristiana como con la socialdemocracia; los Verdes, un partido de centro, con el cambio climático y la transición ecológica como claves diferenciales y que en esta larga campaña tuvo puntas de gran crecimiento en las encuestas; Die Linke, la izquierda, un partido socialista y anticapitalista, creado por los excomunistas de la desaparecida República Democrática y disidentes por la izquierda del SPD, que tiene en el este mayor apoyo electoral, como sucede con AfD, Alternativa por Alemania, la ultraderecha euroescéptica, nacionalpopular y que en esta oportunidad, con la gestión de la pandemia de fondo, incorpora líneas ultraliberales en su discurso. A la AfD se le aplicó y aplica por todos los partidos un cinturón sanitario. Angela Merkel fue inflexible en esto.

La campaña la marcaron el cambio climático, cuestiones económicas como el acceso a la vivienda, el mantenimiento de las rentas de las clases medias, y con la experiencia de la pandemia, la política sanitaria. No hay grandes diferencias entre partidos, salvo por los extremos.

Un nombre directo

¿Qué nos parecería a usted y a mí si pudiésemos votar por un lado el nombre concreto del candidato que nos merece mayor credibilidad por nuestra circunscripción y en otra casilla indicar la lista cerrada del partido que queremos que gobierne? Probablemente en muchas ocasiones no coincidiría en las siglas partidarias uno y otro voto. Sospecho que coincidiremos en valorarlo como de mayor profundidad democrática, de mayor participación del ciudadano. Los expertos en sistemas electorales le ven tanto ventajas como problemas por la complejidad para la asignación de escaños. En cualquier caso, le diría a usted que si nuestros legisladores tanto se inspiraron en Alemania, para la Constitución por ejemplo, también pudieron haber incorporado algún detalle de la elección directa de un representan por distrito electoral, como sucede en los 299 que hay en Alemania.

Los 60,4 millones de ciudadanos convocados hoy a participar en Alemania tienen la opción de emitir esos dos votos. En la misma papeleta elige el nombre de un candidato directo al Bundestag y en otra columna votan por la lista de un partido para gobernar. Para no meterme en más jardines en el particular sistema electoral alemán, y embarullarme yo mismo, apunto este dato de la doble opción de voto. Usted verá si tanto como curioso pudiera resultar de interés para un hipotético lector de estas líneas que, además, es elector.

Me atrevo a sugerirle que tanta urgencia como puedan tener algunas reformas constitucionales, estatutarias o del Código Penal, de las que proponen algunos en España, sin duda, esa urgencia la tiene una profundización en la participación ciudadana que pudiera darse con reformas electorales. Algunos de los malestares con el sistema no exigen cirugía mayor. No se trata de darle la vuelta a la tortilla a una monarquía parlamentaria, para decirlo al hispánico modo, que algunos proponen como solución mágica. Se arreglarían o paliarían esas desafecciones con reformas menores aunque de calado. Tocan a la forma de ocupar y ejercer el poder en y desde los partidos políticos.

Confianza

Y en esta referencia comparativa en materia política con Alemania, permítame usted una nueva indicación, entiendo que con sorpresa, sobre la señora Merkel con España por medio. La política alemana, que se despide después de 16 años en el poder, le infunde confianza al 86% de los españoles, según el trabajo que realizó el politólogo estadounidense Ian Bremer, presidente de Eurasia Group. Después de todas las criticas que le dedicamos por el ajuste y la disciplina que impuso, dura para los españoles, para afrontar la gran depresión que provocó la crisis que estalló en 2008, resulta que esta política alemana merece la confianza que no le otorgan la mayoría de los españoles a ninguno de sus líderes políticos. La valoración de las encuestas en España y los resultados electorales no lo desmienten. Con este dato del 86% de confianza, y con la atención que genera también en España la despedida de la señora Merkel, podrían replantearse discursos, diálogo, pactos y modos de ejercer y entender la imagen pública por parte de los líderes políticos españoles.

De usted, s.s.s.

En el espejo de Alemania
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