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Análisis y opinión

Cota ya tiene Praza

La ciudad de Pontevedra se hizo crónica y artículo periodístico en Rodrigo Cota. Encarna la ciudad en letras de periódico, saberes, tradición e imaginación. Pontevedra son, así en plural, muchas ciudades y no es un recurso de sociología barata. 

Fue don Gonzalo Torrente Ballester quien me introdujo en el mundo, un todo, que es Pontevedra. Fueron varias sesiones en el transcurso de años, cuando había ocasión para largas charlas de café en Madrid y Santiago. Tuve conocimiento del Loro Ravachol y de don Perfecto Feijoo por el autor de La saga/fuga de J.B. La conversación de don Gonzalo era en realidad una proposición imperativa al oyente para que viajase al encuentro de ese mundo mágico y constatase que era real. Salvo que uno fuese imbécil, el deseo o la pasión le corroía por dentro para ir a saciarse de ese mundo pontevedrés. Con aquellas aproximaciones que recibí del sabio escritor pude constatar cuando descubrí a Rodrigo Cota que era auténticamente cierta y real la Pontevedra que narraba o añoraba Torrente Ballester en la literatura escrita y en la oral. Debió de ser feliz el autor del Don Juan en sus años pontevedreses. Transitaba por la ciudad mientras hablaba de ella a cientos de kilómetros. 

Esa ciudad y esa sociedad las imaginé luego, sin llegar a alcanzarlas, en las noches que tuve oportunidad de caminar por el casco histórico, para llegar al parador de turismo, en el silencio que impone la belleza, con una iluminación que la realza y que te recuerda a cada instante y en cada esquina que caminas por otros planos de realidad, tangibles, pero no para todos. 

Después de aquellas lecciones no me sorprende que Rodrigo Cota no encuentre la Praza da Estrela (Diario de Pontevedra,7.06.2019), donde nos presentó a San Pedro de Mezonzo, en sobremesa calurosa, a Miguel Ángel Rodríguez y a mí. Cota desconocía que el Santo me pertenecía. Entenderá que después de que se lo apropiase, como una pieza más para el museo, yo me llevase bajo el brazo, e indisimuladamente, la Praza da Estrela "muy querida por los pontevedreses". Es cierto que no sabía de qué me apropiaba. Cota me ha dejado casi exhibiendo mis vergüenzas: creía yo que estaba en la Ferrería y estaba en la Praza da Estrela. Creía yo que me llevaba la Ferrería y que podría ir con ella a una subasta a Londres y resulta que me llevé la Praza da Estrela. 

Hay tradición de robos de santos y hasta de plazas y ciudades que desaparecen, que levitan. Al final siempre regresan a su sitio cuando las nieblas o las bondades creativas del licor de hierbas desaparecen. Las brujas que había antes, ahora hay monstruos ridículos en las pantallas, sobrevivían en los países de aguardiente. 

"¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!", por volver sobre Torrente. Con esos antecedentes entenderá Cota que yo me llevase la Praza para recuperar el Santo. Y como me lo devolvió, le espero con Miguel Ángel en la Praza da Estrela.

Cota ya tiene Praza
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