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Análisis y opinión

Tres encuentros y proyecciones a recuperar

La camelia o la patata, que llegaron de Oriente y América, son identidad de país

SEÑOR DIRECTOR:

Una forma cómoda de aproximarnos sin tópicos a lo que fue —digamos es— este país, la ofrecen tres exposiciones del centro Gaiás. Va, por cierto, camino de convertirse en atractivo el espacio de la Cidade da Cultura. No he visto el jardín literario, el nombre es buen reclamo, que en la información digital aparece. Habrá que volver. Resuelta la comunicación desde la AP-9 deberían darle respuesta digna al acceso desde el centro de la ciudad de Santiago. Continúa un desastre laberíntico de carreteritas o calles de arrabal.

LoisdentroVuelvo a las exposiciones. Me refiero a Galicia, de Nós a nós y As miradas de Isaac, que se pueden ver en O Gaiás, y Galicia, un relato no mundo, anterior en el tiempo, que entiendo como fundamental para entendernos y que ofrece la oportunidad de una entretenida visita virtual (cidadedacultura.gal/eventos/un-relato-no-mundo). Es, tal como se anuncia, la interacción entre el territorio histórico gallego y el resto del mundo: una ruptura con el discurso del aislamiento. La versión digital, que ahí sigue, ofrece, entre otras oportunidades, descubrir desde la prehistoria el diálogo de Galicia con otros territorios. Ahí está el mítico Breogán o el faro de la torre de Hércules. El mapa de Sawley, que se conserva en Cambridge, que en el siglo XII recoge el Reino de Galicia en Europa y la catedral de Santiago como monumento principal europeo. El encuentro visual con la Biblia Kennicott, que se conserva en Oxford, una obra, una joya, sefardí que se realiza en A Coruña en 1476 y sale con la expulsión de los judíos. O la vivencia de la "marcha a América de la emigración gallega.

Galicia, un relato no mundo fue un hecho extraordinario que habría merecido mayor atención por este país, creo. Permanece accesible en la red para saberse con raíces desde la noche de los tiempos y abiertos siempre al mundo. Toda una oportunidad didáctica.

Sin traicionar fidelidades

Los gallegos no nos sentimos extranjeros en La Habana o Buenos Aires. Lo habrá experimentado usted: nos sentimos en casa. Ahora, además, por la rapidez de las comunicaciones y la información simultánea no hay sensación de lejanía. Ante el Centro Gallego de la capital cubana, por ejemplo, se nos manifiesta el orgullo de ser quienes somos, con raíces propias, y nos sentimos, al tiempo, integrados en el cosmos de aquella ciudad caribeña. No hay contradicción: lo local y lo global conviven armoniosamente sin traicionar ninguna fidelidad.

Usted conoce a algún gallego de larga trayectoria en Barcelona que se mueve con sinceridad tanto en el nosaltres como en el nós/nosoutros. Habla y se siente como catalán cuando toca Cataluña y, desde la pertenencia, nunca renunciada a sus orígenes, habla y es gallego cuando toca Galicia. En las dos situaciones, yo lo he visto y oído en la capital catalana, dice nosotros. Es como en la canción de Machín con los amores. Puede sucederle lo mismo o casi, si usted lo considera más exacto, en una cena con gallegos asentados en Baltimore, con el mar en la mesa y los vinos de Galicia. Estábamos en casa.

Nubes del otro lado

Esta casa está construida con aires y aportaciones que llegaron del ancho mundo. Two Shores/Nubes del Otro lado, una pieza del primer disco de Carlos Núñez , expresa en música esta realidad de lo que somos. Así la entendí la primera vez que la escuché. Claro que sucede lo mismo en ese mismo disco con la rasgadora voz de Luz Casal con Negra sombra. ¿Contradictorio? No, no somos unidimensionales. Tan mía es la "tristura aceda que me abrangue", para decirlo con verso de Entre o si e o non, de Franco Grande, como lo es la explosión festiva de la romería permanente.

Las camelias como las patatas nos llegaron de Oriente y América y son paisaje y alimento nuestro. Quién lo cuestionaría. Comedores de patacas, que tituló Manuel Rivas.

La marcha a América espera un gran relato en las pantallas que incorpore al Nós a los descendientes y muestre su epopeya al mundo

En otra línea, que mira hacia dentro, alguien ha calificado con acierto como constructores de la parroquia global a los gallegos por el mundo. Es el Nós que permanece y se cuida donde quiera que se esté. El ejemplo lo tenemos en La Habana o Buenos Aires que le citaba. El drama de la "marcha", aquella masiva emigración a América, huida del hambre y la miseria, en la segunda mitad del XIX y en las tres primeras décadas del XX construyó esa parroquia global. O, de otra forma, la emigración que siguió a Europa y el mal uso que se hizo para Galicia del ahorro que aportaron estos emigrantes. Contrasta con el mecenazgo hacia sus parroquias de origen que practicaron, sin intermediarios bancarios o estatales, los gallegos de América.

Un gran relato

Necesitaríamos un gran relato cinematográfico, o quizás hoy una serie, que asiente en nuestro imaginario la memoria de aquella marcha como una epopeya colectiva. Una obra para presentar al mundo y, sobre todo, para generar sentido de pertenencia y orgullo a quienes partieron del puerto de Vigo o A Coruña hacia América. Que sepan que aquella aldea originaria les pertenece y que sepan que son feligreses de la parroquia global que los gallegos extendieron por el mundo. Ese mensaje habría que entenderlo como una prioridad para Galicia. Es de interés sumar e incorporar desde dentro o desde fuera a las generaciones que sucedieron a aquellos que marcharon.

El imaginario colectivo audiovisual de este país no puede saltar de Xan das Bolas a la nada en formato de aculturación choni o a la mezcolanza de la herencia de los discos dedicados y lo suburbano de centro comercial. Radio Galega Música, por ejemplo, es paradigmático de la ausencia de un imaginario que responda a la Galicia que estas tres muestras del Gaiás representan y harían esperar como proyección desde un medio oficial autonómico.

La autoridad competente que ponga a remar en una dirección digna y útil a los múltiples organismos y chiringuitos que permanecen, se alimentan y crecen. Superados ya los tiempos del folclorismo como gran mensaje convendría establecer un discurso y una acción más pragmática para construir un país que merezca figurar en el mapamundi, que en su creatividad fusione o haga suyas las músicas de aquí y del ancho mundo, como hizo la emigración o ejemplariza Carlos Núñez, o que se adelante a descubrir en el mundo y a llevar lo que somos, como hicieron las élites de Nós, o Isaac Díaz Pardo con la creatividad desde la empresa.

De usted, s.s.s.

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