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Análisis y opinión

Marcha atrás medioambiental

Las nuevas derechas se cargan en Madrid la restricción de circulación para frenar la contaminación

La capital española estrenó este viernes una serie de medidas para restingir el tráfico rodado. AYUNTAMIENTO DE MADRID
La capital española estrenó este viernes una serie de medidas para restingir el tráfico rodado. AYUNTAMIENTO DE MADRID

SEÑOR DIRECTOR:

Madrid Central es el nombre con que se conoce un área de circulación restringida para reducir las emisiones contaminantes. Son algo menos de cinco kilómetros cuadrados en el centro de la capital de España. Nada diferente a lo que sucede ya en más de 280 ciudades de la Unión Europea. Todo el término municipal de Berlín, por ejemplo, está prácticamente afectado desde hace más de diez años por restricciones a los vehículos privados. Solo en Alemania hay más de cincuenta ciudades con limitaciones a la circulación de vehículos.

Este asunto de Madrid Central trasciende claramente el ámbito local. Hay dos razones, al menos, para que nos interese a todos. Una es la propiamente medioambiental y otra, la que representa políticamente, el mensaje que envía, la decisión del nuevo gobierno madrileño que forman o apoyan los tres partidos de la derecha española, PP, Ciudadanos y Vox. Gobernar Madrid interesaba como escaparate a la hora de los pactos, para visibilizar políticas concretas, además de como chaleco salvavidas para Pablo Casado dentro del PP.

Mensaje político

Una gran polémica rodeó el anuncio de la medida de circulación restringida y su puesta en marcha. Una forma de reacción ciudadana y política que conocemos ante otras decisiones, como puede ser la peatonalización de una calle o un barrio histórico de una ciudad. La oposición al entonces gobierno local de Manuela Carmena aprovechó aquí el descontento y alimentó el río revuelto hasta el límite. Dicen algunas críticas que faltó diálogo. Es una carencia que acompaña las decisiones de quien se cree en único poseedor de la verdad. Un pecado propio de las izquierdas y las derechas que llegan como redentoras.

Pero ese fallo, si lo hubo, no invalida la medida que se acaba de poner en marcha ni hace desaparecer la urgente necesidad de la misma. Sin embargo, el nuevo gobierno local madrileño, que preside el popular José Luis Martínez-Almeida, adopta como primera decisión de su mandato la supresión de las sanciones del plan anticontaminación, algo que en la práctica se traduce en la desaparición del área restringida de Madrid Central. La eficiencia de las medidas similares que hay en Europa se mide por el coste que suponen las multas. Habrá que ver este acuerdo del nuevo gobierno madrileño como producto modélico del escaparate que buscaban para el resto de España. Es y quiere ser todo un mensaje político.

A estas alturas del calendario creíamos que las políticas medioambientales y la adopción de medidas para frenar la acción negativa del hombre sobre la incuestionable realidad del cambio climático eran posiciones transversales, a derecha e izquierda, salvo para los populismos negacionistas al modo Trump y para países altamente dependientes del carbón. La bandera ecologista dejó de ser monopolio de movimientos alternativos y es ya un asunto de las instituciones y de los gobiernos. La Conferencia de París (2015) fue el primer acuerdo mundial vinculante sobre el clima, que firmaron 195 países. La cuestión medioambiental aparece en estos momentos como una de las prioridades entre las políticas que activen el avance y consolidación de la UE, aunque, como se vio esta semana en Bruselas, encuentre obstáculos en gobiernos como los de Polonia. Esa resistencia en las economías del carbón busca asegurar financiación en la UE. Para el próximo otoño Guterres, desde la ONU, pretende un acuerdo para incrementar el compromiso de recorte de emisiones.

El cambio climático y la responsabilidad personal, social y económica sobre el mismo es de interés general. Es asunto que incluso merece una encíclica del Papa, ‘Laudato si’, lo cual solo admite la lectura de que la preocupación ecológica se ha incorporado a lo políticamente correcto.. "No podemos decir que nuestra generación no sabía las consecuencias de la destrucción de la naturaleza, la biodiversidad y los ecosistemas" afirmó, en la Conferencia del Clima en Nairobi, Emmanuel Macron, líder de los liberales europeos, bajo cuyo paraguas ideológico dice acogerse Albert Rivera y su partido Ciudadanos.

Sería preocupante también que esta medida de las derechas en Madrid implicase que el programa y la acción de gobierno se defina por sistema en situarse en la posición contraria al oponente político, al predecesor en el poder: acceder al gobierno y deshacer lo que ejecutó el anterior. La motivación básica es borrar al contrario, a la competencia. No dejaría de ser una manifestación con tufillo de subconsciente totalitario: niega la pluralidad. La multiplicación de la legislación educativa en España se explica fundamentalmente por esta política de pasiones y no de razones. La ideología y la acción de gobierno se definen a la contra. Una práctica que refleja pobreza ideológica y una preocupante forma de entender la acción partidaria, que no es atribuible en exclusiva ni a derecha ni a izquierda. Será un milagro levantar un país con semejante carencia de creatividad para proponer y construir y de despilfarro en desmontar lo avanzado.

Aviso a navegantes

La medida bandera que adopta el nuevo gobierno local de Madrid es un aviso a navegantes: desaparecerá todo lo que no hayamos decidido nosotros. No deberían olvidar, quizás, lo que escribió el autor de ‘Camino de servidumbre’, Friedrich A. Hayek: "Si a la larga somos los hacedores de nuestro propio destino, a corto plazo somos cautivos de las ideas que hemos creado". Un liberal que, por cierto, advirtió que la libre competencia y la libre iniciativa no es equivalente al laissez-faire, y que se supondría de cabecera para los ideólogos de Ciudadanos y para los cursos de la Faes, tradición que acaban de recuperar Aznar y Casado.

No sorprendería una medida así, repito, en el populismo de Donald Trump pero nos resultaría impensable en cualquier político europeo del centroderecha a la izquierda, incluso en los países del Este de la Unión. No sabíamos que la nueva derecha española fuese negacionista en cuestión climática, aunque, y es un paréntesis, sobre otros negacionismos haya fundadas dudas en algunos sectores de esa nueva derecha.

Si ocupó espacio en los medios y tertulias mediáticas la primera decisión simbólica de Ada Colau en Barcelona, que colocó en el balcón del ayuntamiento el lazo amarillo de solidaridad con los políticos independentistas presos, no debería merecer mucha menos atención esta del nuevo ayuntamiento de Madrid. Hay que suponerle el alcance que pretenden darle. Si la de Ada Colau le sirvió al Ciudadanos de Albert Rivera para cargarse de razón en su divorcio con Manuel Vals, por el voto afirmativo de este a la investidura de la alcaldesa como mal menor frente al independentista Maragall, en coherencia ideológica con su homologación europea debería Ciudadanos distanciarse de la medida adoptada por Martínez-Almeida en Madrid en materia medioambiental. Las explicaciones de la portavoz municipal de Ciudadanos, Begoña Villacís, son justificativas de la medida.

Con decisiones así hay que preguntarse si esta nueva derecha que conducen los Casado y Rivera se supedita a la línea que marca Santiago Abascal y el nacionalismo derechista de Vox.

Atentamente.

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