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Análisis y opinión

El rincón de Mendel y el cajón de la abuela

El obsequio del librito de Zweig con el periódico y el café nos haría mejores personas

SEÑOR DIRECTOR:

Mendel el de los libros es un relato delicioso, entrañable, de Stefan Zweig. Al leerlo entran ganas de marcharse a Viena y buscar el café Gluck. Algún descendiente de la señora Sporschil nos podría transmitir un testimonio directo de cómo después de 36 años el nuevo jefe de los camareros pudo poner en la calle a Mendel con el pretexto de que el viejo librero se había comido dos panecillos que cogió a hurtadillas. Mendel ya no era Mendel, como el mundo de aquella Viena ya no era el mundo. El nuevo dueño del Gluck no valoraba a alguien que "fuera de sus libros nada le alegraba ni le preocupaba". Cuando regresó del campo de concentración el viejo judío no sabía siquiera quién era.

Con la libertad de movimiento recuperada, Mendel pudiera ser un pretexto para viajar a la capital austríaca, buscar el café y ver si en el pasillo que conduce a los lavabos queda la mesa de Mendel, que tenía en su memoria un fichero de ediciones, en la que atendía a su clientela. No sabía que había una guerra y escribía postales a un país enemigo para reclamar un boletín que había pagado. Muy sospechoso.

Mendel el de los libros es un librito -no llega a las 60 páginas- que afortunadamente suma muchas ediciones en español. Lo tradujo del alemán Berta Vías Mahou. Lo publica Acantilado. Se puede leer mientras se saborea un café con un buen pastel; de manzana, por favor. Así se introduce uno, por si aún no lo descubrió, en El mundo de ayer, que conviene leer por disfrute, por auténtico placer, y para no olvidar lo que no debería repetirse nunca: la guerra o la fabricación de enemigos.

Me acordé de Mendel ante el Día del Libro que celebramos el viernes y que en esta ocasión en Barcelona, creo que con buen criterio, lo han extendido a varias jornadas por aquello de los aforos limitados. Con esta carta me sumo a la prolongación de la fiesta.

Tallón, en pleno éxito de 'Rewind', trabaja en una nueva novela. Alfredo Conde publicar en mayo memoria con Fraga

Le contaré algo de lo que había en un cajón que despertó mi apetito por los libros en la temprana adolescencia, le hago llegar una sugerencia práctica a propósito de Mendel e incluya usted en la celebración del libro un almuerzo que me llevó hasta Santiago para compartir mesa, con humor y alguna maldad, con dos buenos escritores y amigos. Uno, Alfredo Conde, anuncia libro para el próximo mes -A propósito de Fraga- con testimonio de memorias. No pasará desapercibido. A ver si se anima este ganador del Nadal con unas memorias literarias y editoriales: su experiencia de escritor consagrado y premiado. Le pediremos una escala en el mundo de las letras y los libros en Galicia. Y el otro comensal, Juan Tallón, avanza en una nueva novela de la que algo nos apuntó. Mientras, asiste al éxito prolongado en los meses de Rewind (Anagrama). Ahí se reveló un gran novelista. Que Tallón era un extraordinario narrador ya lo sabíamos los lectores de su colaboración semanal en este periódico o quienes nos reímos y disfrutamos con "El váter de Onetti", su primera novela en castellano. Algún genio editorial de este país la rechazó en su versión original en gallego. A Tallón y a Conde les pregunté por el mundo editorial en la lengua propia del país. De mis curiosidades en las redes sociales les confesé que me siento confundido con lo que fueron y son los referentes editoriales en Galicia. Lo dejamos para otro día o para la crónica de Jaureguizar, que es experto.

Tanto como hacer lecturas de un párrafo del Quijote por políticos para el telediario del Día del Libro, permítame que le sugiera a los departamentos de cultura de las administraciones públicas -a ver si se apunta alguna local, provincial, autonómica o estatal- que en tal ocasión del próximo año se entregue en los cafés a los clientes el periódico del día -un buen café mañanero pide el acompañamiento de un periódico- y un ejemplar de Mendel el de los libros y se puede hacer una buena traducción al gallego del original Buchmendel. Seguro que además contribuiría a hacernos mejores personas y nos ahorrarían el bochorno ante la lectura del Quijote por los políticos. Ya que andamos por los cafés y los libros, me tolerará una referencia a una conferencia de George Steiner La idea de Europa, que editó Siruela con prólogo de Vargas Llosa. Son muy pocas páginas, en una colección de formato menor. Ofrece una original y entretenida visión de lo que es sociedad y cultura europea, precisamente con los cafés como línea de definición. En Viena, París, Lugo o Pontevedra había, hay, cafés para sentarse, leer un periódico, comentar y hasta discutir. En mi aldea estaba el café de María y el señor Ramón. Del otro lado del Canal de la Mancha hay pubs.

El cajón de la abuela


En las noches de verano de mi adolescencia me nutrí de lecturas en el gran cajón que dejó la abuela lleno de libros. Estaban los rusos. Me acuerdo de El jugador y de la habitación en la que lo leí en un verano de noches calurosas. Años después lo recordaría por Wiesbaden o Baden-Baden. A esos casinos solo entré por curiosidad. Tampoco había para más. En aquel gran cajón que dejó la abuela estaba la colección de Los grandes autores contemporáneos (Compañía Ibero-Americana de Publicaciones), con Valle Inclán, Azorín, Baroja, Fernández Flórez, Deduzco que El libro para todos era una publicación periódica. En las primeras páginas anunciaba autores y contratos de próximas publicaciones. La edición de La corte de los milagros que conservo y que salió de aquel cajón es de Nuestro Pueblo (Barcelona. 1938). La imprenta de R. Sopena estaba colectivizada, según figura en la data de final de impresión. Por el formato y la tipografía diría que es la misma editorial anterior a la guerra civil y a la República pero transformada a la circunstancia bélica y política.

Había una colección sobre Rusia, no precisamente porque la abuela fuese partidaria de la Revolución. En el comedor de su casa mantuvo un retrato del Rey durante la República y hasta que murió a mediados de los cincuenta. Estaba Trostky o N. Lenin. Anunciaba a Chaves Nogales con La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja. El precio era de 5 pesetas. Algunos de aquellos libros me los apropié como herencia y los fui encuadernando hasta que descubrí que la encuadernadora cada vez me cobraba más y lo hacía con peor calidad y peores materiales.

Con el testimonio de una rosa que le ruego dé por recibida, s.s.s.

El rincón de Mendel y el cajón de la abuela
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