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Un juego prohibido llamado pinball

Como era previsible, la vehemencia del calvinismo neerlandés y el puritanismo inglés del siglo XVI viajó entre los efectos personales de los colonos que se asentaron en Nueva Ámsterdam y Nueva Inglaterra en el siglo XVII. Al fin y al cabo, la fe no es algo que se deja atrás en una mudanza. Más adelante, los rescoldos de aquellas convicciones religiosas auspiciaron en Estados Unidos el nacimiento de movimientos sociales a favor de la templanza y en contra del vicio que condujeron a la prohibición de dos elementos perniciosos que intoxicaban la recta conducta de los estadounidenses: el alcohol y el pinball.

Sobre la prohibición del alcohol se ha escrito mucho. En 1919, la Ley Volstead desarrolló la Decimoctava Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, prohibiéndose así la fabricación, la importación y la venta de alcohol en todo el país. El discurso del senador Andrew Volstead fue premonitorio: "Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños". No dio ni una el pobre hombre. Al revés: la ley seca provocó el incremento del consumo de alcohol, la multiplicación de los bares clandestinos y el desarrollo del crimen organizado. Alguien podría pensar que Estados Unidos había aprendido una valiosa lección sobre las prohibiciones de brocha gorda, pero nada más lejos de la realidad.

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Pinball. Mx

En 1942, el alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, prohibió las máquinas de pinball. Pronto ocurrió lo mismo en otras grandes ciudades del país, como Chicago, Milwaukee, Nueva Orleans o Los Ángeles. Al igual que el billar, el pinball era la evolución de un juego francés del siglo XVIII llamado bagatelle, pensado para entretenerse en el interior de las casas durante los meses de invierno imitando juegos de bolas que se realizaban al aire libre en verano, como el jeu de mail. Originalmente, consistía en un tablero horizontal con obstáculos y agujeros a los que se atribuía distinta puntuación. Con una vara larga de madera —similar a un taco— se golpeaba la bola para intentar meterla en el agujero con mayor puntuación.

A lo largo del siglo XIX, en Estados Unidos se añadieron a este bagatelle distintas peculiaridades, como las chinchetas (en inglés, pins) en las que rebotaba la bola —de ahí el nombre de ‘pinball’—. Con el paso del tiempo, se incorporó al juego un mecanismo de muelle para lanzar la bola y, ya en el siglo XX, se añadieron imanes, la mampara de vidrio, biombos de plástico y otros resortes y obstáculos ocultos. Ahora, además, había que introducir una moneda para jugar y el objetivo era lograr que la bola rebotase por el tablero el mayor tiempo posible, ya que el juego devolvía premios en metálico al alcanzar cierta puntuación. Es decir, el pinball se convirtió, de pronto, en una máquina tragaperras. Y a su alrededor se generó toda una industria de apuestas.

Ese tipo de máquinas podían encontrarse en lugares para todos los públicos, como los colmados o las tiendas de dulces, y los colectivos religiosos y educativos no tardaron en mostrar su preocupación por los efectos del pinball sobre la infancia. Fue en ese momento cuando Fiorello La Guardia decidió intervenir. Afirmó que la industria del pinball se enriquecía con el dinero que recibían los escolares para comprar su almuerzo. Por otro lado, y ya que Estados Unidos se había implicado en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque aPearl Harbor, era imprescindible contar con el máximo posible de materiales como cobre, aluminio o níquel, presentes en las máquinas de pinball, para la fabricación de armamento y artefactos bélicos. La Guardia y sus partidarios ya tenían dos poderosas razones para imponer la prohibición.

Todos los juegos de pinball fueron requisados por las autoridades y, como era de esperar, el crimen organizado encontró un nuevo filón en los salones recreativos clandestinos. Para enviar un mensaje a la mafia, las máquinas requisadas comenzaron a ser destruidas frente a la prensa o lanzadas al río Hudson o al East River. Acciones similares se llevaron a cabo en las demás ciudades en las que se había establecido la prohibición. Fue una persecución que duró más de 30 años y en la que llegó a involucrarse el gobierno. El propio John Fitzgerald Kennedy destinó grandes esfuerzos a la lucha contra el pinball y el crimen organizado de la mano de su hermano Robert, fiscal general.

Hasta que, por fin, a mediados de los años 70, a la vez que Elton John popularizaba en Estados Unidos su versión de ‘Pinball Wizard’, las cosas volvieron a la normalidad. La invención de las paletas que permiten devolver la bola a la parte superior del tablero para prolongar la partida fue determinante. En el caso Cossack contra la ciudad de Los Ángeles, el 22 de junio de 1974, la Corte Suprema de California decidió que, debido a la importancia de las paletas en el pinball, este pasaba a ser considerado un juego de habilidad y no de azar, derogándose la prohibición. Otras ciudades se sumaron a la legalización al poco tiempo. La ciudad de Nueva York lo haría dos años después, en 1976

 En la actualidad, el museo del pinball moderno se encuentra en la Tercera Avenida, en el East Side de Manhattan. En Nueva York, por supuesto.

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