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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Cierre de círculo

Mari Kondo quería que tiraras tus cosas para que compraras las suyas

Mari Kondo. MARUXAMARI KONDO es una mujer que se ha hecho famosa por decirle a la gente que tirara parte de sus cosas. Intuyo que hay ahora mismo muchos pensando en Mari Kondo y en sus ideas de bomberita mientras buscan, pongamos, la chaqueta verde, que duerme la noche de los justos en una percha ya lejana, una percha que ya no es la tuya, percha que es leña de otro hogar.

Mari Kondo se está haciendo de oro a fuerza de vaciar casas con la premisa de que debes conservar lo que te hace feliz y deshacerte de lo demás. Esto es algo, a menudo, difícil de saber. Tengo yo, por ejemplo, una sartén de hierro con la que me hago unos huevos fritos que me hacen felicísima. Por tanto, conservar. Una vez, secándola con delicadeza porque la muy exigente precisa que no le quede ni una gota de agua bajo amenaza de óxido, se me escurrió de las manos cayendo sobre el dedo pequeñito del pie izquierdo. Las cosas que dije en ese momento y en los días posteriores en los que temí habérmelo roto muestran una evidente animadversión sartenística. Por tanto, tirar. Mari Kondo, Mari Kondo, no me aclaras nada.

Una de mis amigas vio cada episodio de su programa porque le resultaba fascinante y relajante. Lo primero, era por la atracción ante la acumulación desenfrena da, la vida cotidiana entre pilares de objetos de tu propia altura o más, cosas que se convierten en muros extras en tu casa, paredes de nada, sendimentos entre los que te vas haciendo hueco para poder salir y entrar, hacer la comida, dormir. En fin, la vida entre el mogollón. Lo segundo porque despejar esos lugares abarrotados, que de repente haya donde posar la vista y que, al fin, puedas reconocer el espacio por lo que es —una habitación, un salón, la mesa de la cocina, el metro cuadrado entre la puerta y la cama— produce cierto alivio. Hay paz al identificar.

Mari Kondo ha escrito varios libros, concedido unos dos millones de entrevistas, grabado y promocionado su programa, ha sido reseñada incontables veces y casi siempre presentada como una gurú del minimalismo, de la vida consciente, del existir sabiendo elegir y, sobre todo, diosa de esa cosa tan complicada que es dejar atrás, despedirse, desprenderse. Y ahora, en un sorprendente giro de los acontecimientos, abre una tienda en internet. Ja, Mari Kondo. Ja, ja y ja.

O sea, lo de siempre. Mari Kondo no es que quiera que conserves solo lo que te hace feliz. Lo que quiere es que compres lo que le hace feliz a ella, y, haciéndolo, contribuyas aún más a su felicidad. Es, como dirían los horteras del MBA, un win-win. Mari Kondo quería que vaciaras tu casa para que la llenaras de sus cosas, que suponen, por otra parte, una selección fascinante. Hay pedruscos y afinadores (chocas el afinador contra el pedrusco y se arranca con unas vibraciones que quizás te cambien la vida), hay palos de shiatsu (que sirven para presionar unos puntos de tu cuerpo con alguno de sus extremos, el más redondeado o puntiagudo, depende, y provocar misteriosos y presuntos beneficios) y hay batas de lino de más de cien dólares. Imprescindibles.

Mari Kondo es el paradigma del capitalismo moderno, impulsor de un ciclo que funciona así: hay algo en tu vida que frena tu felicidad (y que no es el propio capitalismo, ojo, es otra cosa), te lo señalan, te sientes un poco culpable por no participar en tu propia mejora, compras la fórmula, te percatas de que a la larga no te cambia la vida y sigue habiendo algo que frena tu felicidad, te venden objetos para llenar ese vacío.

Siendo justos, Mari Kondo un poco sí que ha contribuido a mi felicidad ahora que cierra el círculo sustituyendo tus productos por los suyos porque sustenta mi teoría y, a mí, que soy una repelentita, tener razón me hace bastante feliz.

Cierre de círculo
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