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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

El encuentro

POR ACLAMACIÓN popular (de tres personas, siendo una de ellas el protagonista) vuelvo a escribir de Soltero con Gato. Como Javier Marías y sus artículos odiando a todo meter las procesiones de Semana Santa los de este personaje empiezan a ser clásicos en mi reducido repertorio. Yo tengo cinco temas, digamos: Periodismo, Nostalgia, China, Pequeñas Cosas de la Vida (odioso nombre, precioso concepto) y Soltero con Gato. Vamos con ese que hay algo que anunciar.

Ilustración de Maruxa para el blog de María PiñeiroSe ha producido el primer encuentro de Soltero con Gato y su amada, Joven Perimetrada. ¿No han notado que el pasado fin de semana las temperaturas fueron suaves y agradables, corría la brisa perfecta en momentos de calor, se ensombrecía el cielo cuando ya picaba el sol, el polen se quedaba agarrado en su sitio y no viajaba aleatoriamente de la planta a su nariz? ¿No estuvieron a gustísimo, tranquilísimos, felicísimos? Pues todo eso se puede atribuir a la energía cósmica que produjo esa reunión, un bálsamo para todos. Gracias a la vida, que nos ha dado tanto, y al Alvia desde Atocha que nos trajo este respiro.

Yo, desde luego, lo viví así. Como un tremendo alivio porque si tengo que seguir escuchando los dos mil preparativos de Soltero, ahora sí que sí, le arreo con el bolso. Soltero llevaba semanas, muchas, anunciando que iba a limpiar las ventanas. Después nunca cumplía porque heterogéneas circunstancias se lo impedían. Por ejemplo, "se puso a chispear"; por ejemplo, le "llamaron por teléfono" (atención al nivelón de las excusas); por ejemplo, se le "fue la tarde". Yo creo que hablamos demasiado de las ventanas de Soltero, francamente. Hubo muchos anuncios y cancelaciones de un evento que no me moviliza nada. Pues bien, los días previos a la llegada de Joven me llevó a ver sus ventanas desde la calle y tuve que decir que le habían quedado muy bien. La amistad era eso.

Los vi tan felices. El estado de alarma languidecía y ellos se enamoraban. Ayuso daba la puntilla a la campaña y ellos se enamoraban. Cientos de miles de vacunas se descongelaban y ellos se enamoraban. Pese a todo, Soltero tuvo que asegurarse. Nos invitó a comer a las dos y, antes de meterse entre pecho y espalda un arroz con rape, en una terraza a la sombra de un cálido día de primavera sin nada urgente que hacer tuvo, otra vez, la imperiosa necesidad de escuchar la confirmación verbal de las narices. "Bueno, ¿estáis contentas?" Cuatro pares de ojos se pusieron en blanco.

A un lector alerta no se le habrá escapado la circunstancia de que cumplir la ley, lo que se dice cumplir la ley, no hicieron. Joven Perimetrada viajó desde la capital de España, nombre que no pronunciaré por puro hartazgo, con un documento creado para la ocasión. Este ha sido un amor colaborativo como pocos, todos hemos aportado nuestro granito de arena para facilitar a Soltero y a Joven lo que Feijóo no ha sido capaz de darles. Soltero empezó a pedir ayuda con muchísima antelación y, por los nervios, a mandarme por WhatsApp el nombre completo que debía poner el documento como si Joven no fuera la niña que fue conmigo al colegio, con la que hice la Primera Comunión y con la que odié reconcentradamente a las monjas toda nuestra infancia. Soltero te tiene que crispar por todas las vías posibles. A veces me llama por teléfono y lo primero que me pregunta es qué hora es. Agarra el móvil, que tiene la hora en la pantalla, me llama y, con urgencia, se interesa por ese detalle. Yo, de verdad, todavía no me puedo creer que lo haya colocado. Y a esa maravilla que es Joven, que tendrá que descolgar y dar la hora con paciencia porque, hijos míos, el amor exige tremendos sacrificios.

Ayer, Soltero me volvió a hablar de lo expectante que estaba la humanidad por saber de su encuentro, me exigió que no racanease esa información, que lo escribiese ya. Yo le respondí que quizás era bueno esperar un poco, una semana al menos, cuando ya no hubiese cierres perimetrales y su encuentro se presentase como legal.

"María, por favor, si lo emocionante es delinquir", replicó. "Sí, sí, pero cuando delinquen los demás, que la que se cruzó la meseta fue ella", dije yo a la que salta. "Mujer, detalles", apostilló. Y aquí estamos.

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