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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

El pedo

Cómo captar los cambios de clima y que los tiempos ya son otros

Maruxa
Maruxa

ÚLTIMAMENTE ando acabándole las frases a muchos y convenciéndome de que un poco de razón sí que tengo. Quien dice acabarles las frases dice corregirles el curso del pensamiento, enmendarles las declaraciones para que reflejen mejor su realidad. Lo hago por ellos. Le digo a Díaz Ayuso, por ejemplo: "No, a ti no te gustan las mujeres que emprenden a los diez días de dar a luz, a ti lo que te gusta es la explotación laboral, pillina". Le digo a Pablo Casado: "No, a ti no te parece que la campaña del PP fue buena, a ti lo que te gusta es el marketing e infravalorar al electorado".

Woody Allen no tiene quien le publique. Dice The New York Times que ha ofrecido sus memorias y que no hay editorial que las quiera, que algunas incluso se las rechazan dejando bien claro que ni las han leído, como si hubiera un honor especial en ello.

Acto seguido, pasa lo que se espera, la previsible pugna entre los que se preguntan qué se creía, después de la acusación de acoso por parte de su hija, de hablar del ambiente de ‘caza de brujas’ del MeToo, de haber defendido inicialmente a Weinstein para tener que acabar reconociendo que es "un monstruo" y los que lamentan que la censura colectiva vaya a dejar a los lectores sin este libro, que ganen los ‘ofendiditos’ (odiosa palabra), los que juzgan la obra por la vida del artista, los blandos de piel fina.

Yo, en mi papel, digo: "No es la censura, o no solo la censura, es el capitalismo, amigos". El de todos, el nuestro y el de Woody Allen. Las editoriales no quieren publicar las memorias porque no se van a vender, no lo suficiente. Es cierto que seguramente se le haría un boicot a esa obra. Hay un clima de opinión en contra del director, es Maruxaevidente, con actores muy influyentes declarándose arrepentidos de haber trabajado con él, con la distribuidora de su última película negándose a que vea la luz. Pero también hay desinterés. Hace años que sus películas, ninguna, son lo que eran. No creo que haya suficientes lectores para ese libro, no como para que a las editoriales les compense sacarlo, pagar al autor, promocionarlo, aguantar el tirón de mala prensa, intentar venderlo en otros mercados. No es que haya censura, lo que no hay es suficiente demanda.

Nada impediría a Woody Allen autoeditarse, por ejemplo. Tiene medios. Lo que pasa es no quiere. Lo que quiere es que se quiera su libro y, además, se quiera por mucho dinero. El mismo artículo menciona que en 2003 le ofrecieron tres millones de dólares por las memorias, pero le pareció poco. El autor también es capitalista, no solo el mercado.

Supongo que es difícil ver cuándo no es el tiempo de uno, especialmente si se tienen cosas que decir y se está acostumbrado a ser escuchado.

Incluye Marcos Ordoñez en ‘Una cierta edad’, sus prodigiosos diarios, una anécdota que le cuenta Julia Gutiérrez Caba que, a mediados de los 50, estrena una obra de Agatha Christie en Madrid que comenzaba con un brindis y un hombre cayendo muerto al suelo después de beber su copa, seguido de un gran silencio. Fue en ese momento cuando se escuchó un sonoro pedo.

A partir de entonces, todo fue mal porque la obra entera pasó a ser otra. El actor que interpretaba al médico tenía que inclinarse sobre el cadáver para reconocerlo y Gutiérrez Caba, preguntar: "¿Muerto?". Él debía contestar: "Asfixiado", lo que hizo llorando de risa.

Cuenta la actriz que no quería salir en el segundo acto a decir su frase, pero, claro, la profesionalidad, el ‘show must go on’, la raza... salió y la dijo. "¿Se sabe quién ha sido?". El público se tronchaba sin remedio y no dejó de hacerlo en toda la representación.

El pedo lo cambió todo. Sacó al público del esquema mental de una obra policíaca y lo colocó en una cómica. Lo mismo ocurrió con el reparto, y no ese día, sino durante toda la temporada. Perdón por lo que voy a decir, pero la historia me lo pone a tiro: las consecuencias del pedo no llegaron a ‘disiparse’ nunca. Perdón de nuevo, pero el pedo modificó el ‘clima’ en el que transcurría la obra definitivamente. "Los efectos del pedo fatal no nos abandonaron: era muy difícil volver a hacer aquel cuadro sin que a alguien le diera un ataque de risa y tuviera que salir corriendo de escena fingiendo una gran emoción", le confiesa la actriz a Ordóñez.

Qué importante es en la vida detectar el pedo que cambia el clima entero y después del cual ya no puedes seguir adelante como hacías. Y qué difícil. En esta voz de intérprete omnisciente que últimamente me ocupa también les digo que nunca suele estar tan claro como un pedo. Tiene sus sutilezas

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