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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

La audiencia

Soltero con Gato se cree ornitólogo y fotógrafo del National Geographic
Sin nombre

adsdasdasNo quería yo volver a escribir de Soltero con Gato porque lo noto ya muy crecidito. La prueba irrefutable es que, de vez en cuando, habla de sí mismo en tercera persona, como si fuera una tonadillera o un político en campaña. "Soltero con Gato debería hacer tal cosa", dice. "Tendría que salir otra vez Soltero con Gato contando tal otra", añade poco después. Se trata a sí mismo como un personaje que, al mismo tiempo, le trasciende y le pertenece. En fin, lo de siempre, que he creado un monstruo.

Por eso yo quería ignorarlo articulísticamente, pero me veo impelida a escribir sobre él porque se le está consolidando una percepción de sí mismo que me tiene asombrada y necesito compartir. Soltero con Gato se cree ornitólogo.

Lleva meses grabando con el móvil vídeos de estorninos y vencejos, hablando de petirrojos y gorriones y maravillándose con los halcones de la catedral. En este punto quiero recordar que están ahí para disuadir al resto de pájaros de manchar de excrementos un patrimonio de la humanidad, con lo que cuesta limpiar eso. Son, en fin, trabajadores de Urbaser. Él hace por ignorar ese punto. "Mira, qué vuelo majestuoso", dice mientras los apunta con el iPhone 12. En resumen, que Soltero con Gato distingue los pájaros de ciudad. Démosle un título de máster.

Por supuesto, el problema no es suyo, es nuestro. A su alrededor hay un contubernio de amigos y familiares que le alentamos, le regalamos binoculares y guías de aves de Galicia, le enseñamos nuevas aplicaciones que reconocen gorjeos, le informamos de puntos de observación. Él se esponja como un gallo y cuelga trece vídeos seguidos en el Instagram de bandadas de estorninos haciendo sus figuras en el aire. "Se llaman murmuraciones", dice Soltero con aires de entendido, mientras tú piensas en tirarle el móvil a un charco. Cuando te cruzas con una de esas murmuraciones en su cuenta, qué le vas a hacer, te pasa como cuando los ves es directo, que te atrapa, te olvidas de todo, incluidos los pobres vecinos damnificados del parque de A Milagrosa. Es un vuelo que te embauca, te abre la boca, te levanta el índice. Si los ves en persona lo usas para señalarlos y si lo ves en el vídeo para darle un like. Así se alimenta un ego, señores. Pulsando corazoncitos en una red social y pasando por alto que el muy cantamañanas pone de etiquetas murmuraciones, sí, pero también starling, que es como se llama a esos pájaros en inglés. "Me debo a mi audiencia", dice, sobre uno de Australia que una vez le dio un like. Hashtag starling, escribe con su índice, muy convencido. Miren, hashtag torta con la mano abierta. Francamente.

El otro día tomamos un café en el Parque cuatro no convivientes. Estaban los pájaros muy cantarines porque es primavera. Ellos lo saben porque sienten fuertes ganas de relacionarse y procrear y yo lo sé porque siento fuertes obstrucciones de las vías altas gracias al polen. El caso es que todos los sabíamos.

Soltero, que además de ornitólogo se cree fotógrafo del National Geographic, hizo algo que hace a menudo: sacar del bolsillo un trípode minúsculo, colocar el móvil, plantarlo en algún punto del suelo y alejarse. Para que los pájaros se muevan sin cortapisas, dice. Para que quede natural, dice. Hace mucho que no subo nada, dice.

Ese día hizo lo propio. Pasó el rato y, al poco, vimos cómo un chaval con capucha se colocó cerca del trozo de césped donde estaba el móvil y empezó a echarle miraditas furtivas, estupefacto de que un iPhone creciera en ese punto. Miraba el teléfono, miraba al horizonte, miraba el teléfono, miraba al horizonte. Casi se escuchaban las tuerquecitas de su cabeza girar de tanto estrujar el mismo pensamiento: ¿vendrá alguien a coger este teléfono? ¿está solo? ¿será cierto que me he encontrado tirado en el suelo un iPhone 12 nuevecito del trinque?

En ese punto, hay que decirlo, Soltero perdió el título de ornitólogo. Dio cuatro zancadas y con un golpe de brazo levantó el móvil, el trípode y se metió todo en el bolsillo. "Creo que ya tengo suficiente", dijo al aire.

Ornitólogo sí, pero fan de Steve Jobs, también. Se debe a su audiencia, pero lo justo.

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