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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Los ex

Todas las ciudades, también Madrid, te reúnen con ellos en el momento que menos te conviene

Nos hemos pasado todos media semana pensando en los ex por culpa de Ayuso, que dijo en una entrevista de campaña que en Madrid rompías con alguien y no lo volvías a ver. Me da pena su ex porque se les acabó el amor y ahora está condenado a verla en cada marquesina, cada telediario y cada buzoneo y, encima, escucharle la majadería esa.

Las reacciones se precipitaron. La mayoría para señalar lo evidente, que esa afirmación es una mentira monumental porque todas las ciudades del mundo, sea cual sea su densidad de población, cuentan con esa fuerza centrípeta que junta a los exes en el preciso momento en el que a uno de ellos menos le conviene. Por ejemplo, si baja el domingo de resaca y con un chicle pegado en el pelo a comprar el pan. Por ejemplo, en el momento de ocio nocturno (prehistórica actividad) en el que se desliza por la pendiente de la desazón, quizás a punto del llanto en el baño de un garito, y ya no se encuentra divina y chiripitifláutica sino rendida, querría teletransportarse a su pijama y su cama con la mente pero en realidad tiene que caminar temblequeante sobre los zapatos equivocados un kilómetro, tres si está en Madrid. O sea la noche antes de lo del chicle en el pelo. Por ejemplo, si se peleó a gritos con su jefe, consciente desde el momento de inicio de esa discusión de que no había victoria posible; de que, lo que fuera a perder, dependería del tiempo que se dedicara a vociferar y pese a todo, berreó sus buenos quince minutos y bajó a la calle encendidísima, con el pelo eléctrico de la mala onda, apretando los puños de la rabia. O sea la tarde previa al ocio nocturno de la desazón.

Esos son los momentos en los que te encuentras a tu ex porque el azar nos regala sin parar jugarretas retorcidísimas. Podría haber sido ayer o anteayer en esos brevísimos cinco segundos empoderados que tuviste, caminando por una calle ventosa pelo al viento en modo Beyoncé. O cuando se te pasó por la cabeza, como una ráfaga, la certeza de que todo saldría bien, una creencia que se te escurre dentro como harina por un colador. Pero no.

También hubo quien reaccionó de forma adulta y reflexiva a las palabras de la candidata, que recriminó esa percepción tan corta de miras de que hay que evitar a los ex a toda costa, tan reducida, tan infantil. Hay que saber llevarse bien con los ex, hay que ser cortés, hay que ser generoso, hay que desear la felicidad a quien has querido o por lo menos convivir con educación y delicadeza. Todo eso es cierto, cierto total, pero a veces tan difícil. Con frecuencia somos débiles e inmaduros, un puntito incapaces para la vida adulta, qué queréis, y Ayuso lo sabe y lo explota, la muy ladina.

Si eres de estas personas flojas puedes seguir el método Rita, el de una conocida que ejercía el más asombroso sistema de no cruzarse con los ex que yo haya presenciado durante todo el tiempo que llevo en este valle de lágrimas. Consistía en autoconvencerse de que no pasaba aquello que no quería que pasara, llegando a alcanzar un estado de negación tal que si aquello no era el nirvana del mindfulness no sé qué era. Un día, tomando algo, llegó su ex y se sentó en la mesa del grupo justo enfrente de Rita, que siguió impertérrita contando la historia con la que llevaba atizándonos 20 minutos. Con su mirada barría nuestras caras, fijándose si todos estábamos a lo que teníamos que estar, a escucharla, y cuando llegaba a la cara de llamémosle Juan no es que se la saltara, no, es que apagaba la visión, se le morían los ojos, que le revivían en la siguiente. Juan tuvo la osadía de hacerle una pregunta y Rita miró al vacío con muchísima trascendencia y la dejó morir en el aire sin respuesta. Juan era para ella la transparencia, el vacío, el no existir. Todos pasamos un bochorno terrible menos ella, que un rato después dijo que se iba, que estaba muy liada, abandonando aquel bar sin reconocer la presencia de Juan ni una sola vez.

Si todo eso te parece un trabajo interpretativo un poco Stanislasvki de más, quizás prefieras seguir mi método, más complejo en la coordinación pero más sencillo a largo plazo. Consiste en no vivir en la misma ciudad que ninguno de tus ex. Solucionado. De nada. No, no, de verdad, si no es nada. Para eso estamos.

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