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Licenciada en Filología, 'freak' del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuarentañera de una adolescente del S. XXI.

El padre adolescente

Una adolescente y su padre. AEP
Una adolescente y su padre. AEP

Generalmente esto de gestionar la adolescencia está en manos de la progenitora, es un de los múltiples micromachismos que nos rodean. Y que nos toque a las madres, es una de esas inexplicables injusticias de la naturaleza, que por más vueltas que le demos nunca podremos aclarar, aunque como en todo hay excepciones, pero ya sabéis eso de que la excepción confirma la regla. Así que cuando tu hijo sufre su particular metamorfosis de niño a adolescente, tu marido sufre la suya propia, de padre a adolescente (de nuevo) y de repente te encuentras en casa con una lucha de hormonas: la testosterona de tu marido contra la revolución hormonal de tu [email protected], y tú en medio recibiendo eso que llaman daños colaterales.

Si los cambios de esta época desorientan y confunden a los adolescentes, por lo que necesitan un apoyo firme y seguro, sus padres suelen estar más desorientados que ellos y sobre todo si son hijas adolescentes. Y entonces eso de la comunicación padre – hija se convierte en un imposible. Y es que como suelo decir, comunicarte con tu adolescente es más difícil que luchar contra los elementos de la naturaleza.
Durante la adolescencia es cuando más y mejor debemos influir como padres en nuestros hijos, además de ejercer una buena autoridad. Y a veces para los padres es complicado eso de la buena autoridad, o de la disciplina positiva, o lo que con lenguaje de andar por casa llamaríamos “tener mano izquierda”, si enfrente de ellos tienen un adolescente hormonado y con un exceso de materia gris.

Es en estas situaciones de adolescencia complicada, según todos los gurús de la educación, cuando más se requieren una serie actitudes positivas en los padres, que son muy difíciles de desarrollar. En mi caso personal, tardé un par de años, un inicio de alopecia nerviosa, algún que otro prozac y varios cursos de coach y disciplina positiva para poder comunicarme con la adolescente con cierta “calma”. Y poder manejar una serie de pautas, que son imprescindibles a la hora de intentar comunicarse con un adolescente, y que a los hombres en muchas ocasiones les resulta más difícil dominar, que a las mujeres. Aunque he de decir que conozco casos de madres que han lanzado los móviles de sus hijos por la ventana y de padres que preparan pizzas para hablar con sus hijas, digamos pues que no hay una generalización pero que el espíritu maternal ayuda a la disciplina positiva.

Hacerle preguntas que les interesen y le hagan pensar; escucharle e intentar comprender sus puntos de vista, evitando la tentación del golpe en la mesa y el ” porque lo digo yo”; dar explicaciones de las normas y prohibiciones; alabar las buenas conductas…

Todo lo podemos resumir en dos palabras calma y paciencia. Y por lo general es eso de
paciencia y calma lo que le falta a los padres. La calma ante labios muy rojos, piercings en el ombligo, y reguetoneo del moderno a toda pastilla. Calmaante caras de déjame, o desaires y miradas que matan…Ante todo mucho calma.

El padre adolescente
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