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Parcelaria política

Con la decisión que adopte el sábado Anova arranca el proceso de concentración de la izquierda de cara a las autonómicas
Xosé Manuel Beiras durante la reunión de la coordinadora nacional de Anova. LAVANDEIRA JR (EFE)
Xosé Manuel Beiras durante la reunión de la coordinadora nacional de Anova. LAVANDEIRA JR (EFE)

LA IV ASEMBLEA NACIONAL que celebrará Anova el próximo sábado para trazar su nuevo rumbo político supondrá en realidad el pistoletazo de salida del proceso de concentración parcelaria al que pretende —y debe— someterse el espacio rupturista y nacionalista de la izquierda autonómica de cara a las elecciones de 2020. El partido fundado por Xosé Manuel Beiras tras la ruptura del BNG en Amio hace ya casi ocho años es el primero que tendrá que decidir en qué bando jugará, adoptando una decisión que lleva tiempo posponiendo porque es consciente de que, según la orientación que tome, puede enfrentarse a su particular Amio: una ruptura interna.

Anova ya sabe lo que es eso, pues la Cerna de Mario López Rico abandonó el barco en 2014. Pero ahora la situación llega todavía más al límite. Tradicionalmente, este partido nacionalista estuvo partido en dos: el sector oficialista del propio Beiras, el actual líder Antón Sánchez o Martiño Noriega; y el de los llamados críticos, con el diputado del grupo mixto y En Marea Davide Rodríguez como máximo exponente.

Pero el nuevo escenario introduce un matiz a esa tensión interna en Anova: dentro del sector oficialista también se está abriendo una brecha. Por un lado, están aquellos partidarios de mantener la actual alianza parlamentaria con Podemos y Esquerda Unida —llámese Galicia en Común en el Congreso o Grupo Común da Esquerda en el Parlamento—; y por el otro, los que están hartos de la colección de desprecios y humillaciones a los que Unidas Podemos sometió al nacionalismo de Anova en los últimos años, prácticamente ya desde los tiempos de Age.

→ Las tres opciones de Anova

Beiras representa a la perfección a ese grupo de cabreados con Podemos y sus aliados, igual que Antón Sánchez o el propio Martiño Noriega, aunque este en menor medida. La falta de sensibilidad con el nacionalismo mostrada en los últimos tiempos por gente como Tone, Yolanda Díaz o la propia cúpula estatal de Podemos convierte ese espacio en hostil para Anova. Y el mejor ejemplo de ello es que la propia dirección del partido de Beiras califica En Común como un instrumento con "pouco percorrido" para unas autonómicas, que es una forma muy elegante de declinar la invitación a sumarse a ese espacio rupturista.

La alternativa sería volver a juntarse a proyectos de corte nacionalista como En Marea o, llegado el caso, alcanzar algún tipo de pacto de no agresión con el BNG con la excusa de derrotar a Alberto Núñez Feijóo. Eso sí, nunca BNG y Anova juntos ellos solos, sino camuflados en una suerte de frente común nacionalista junto a En Marea, Cerna o Compromiso. Precisamente esta semana puede aparecer una primera oferta en esa dirección, posiblemente con el sello de Luís Villares. No es la primera vez que lo hace.

Pero existe otra parte del sector oficialista de Anova, con pesos pesados de la FPG o la formación juvenil Xeira, que sí es partidaria de reeditar esa alianza con Podemos y Esquerda Unida de cara a 2020. Sería una especie de matrimonio de conveniencia donde una parte de Anova no estaría muy cómoda, pero podría sacar cierta tajada política.

La tercera opción que le queda a Anova sería la de iniciar una aventura política en solitario. Parece poco probable porque aunque cuenta con Beiras —cumplirá 84 años en abril—, apenas tiene músculo electoral. Y sería, además, caminar en el sentido contrario al de la concentración parcelaria de la izquierda. Sería regresar al minifundismo, las leiras y los marcos.

→ El factor Martiño Noriega

Con estas cartas sobre la mesa, Anova se enfrenta el sábado a la que quizás sea la decisión más trascendental de su corta historia. La fue demorando para no abrir el melón, lo que explica su total incomparecencia en las generales del 28-A y el 10-N. Pero no puede moverse eternamente entre dos aguas.

Con una tensión interna latente y un riesgo de ruptura real, todo apunta a que podría optar por la vía de la comodidad y de evitar los líos, lo que implicaría mantener su actual alianza con Podemos y Esquerda Unida, por mucho que para algunos sea un dolor de muelas. Eso sí, los votos de Anova en 2020 son codiciados por todos, por lo que el gesto de Anova podría no ser gratis: quizás ponga sobre el tapete la posible candidatura de Martiño Noriega a la Xunta.

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