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Viento del sur

De Andalucía se pueden sacar muchas lecturas, comno el regreso del debate izquierda-derecha o la utilidad de las campañas

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en rueda de prensa . PEPO HERRERA (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, en rueda de prensa . PEPO HERRERA (EFE)

DICEN EN LA COSTA norte de Galicia: "Vento de terra, mariñeiros á merda". Se refieren así a que las ráfagas del sur-suroeste son nefastas para pescar, al contrario de lo que ocurre por ejemplo en las Rías Baixas, donde las "suradas", como ellos las denominan, son beneficiosas para esa actividad debido a la particular orientación de su litoral. Es el mismo viento, pero su efecto es diametralmente opuesto según a quien le sople.

En política también llegan estos días vientos del sur, cargados de informaciones y datos. Son los mismos para todos, pero unos los ven apocalípticos y otros, esperanzadores. Si las elecciones andaluzas marcaron en sus últimas convocatorias, por ejemplo la de 2015, el rumbo que después tomaría la política nacional en municipales y generales, se pueden extraer determinadas conclusiones del 2-D.

→ Fragmentación VS Bipartidismo
Independientemente de que haya irrumpido Vox, cualquier análisis objetivo de Andalucía certifica que el escenario político mantiene la fragmentación que se empezó a fraguar en 2014 —en Galicia dos años antes con la irrupción de Age—. Quienes pregonaban cierto rearme del bipartidismo clásico PP-PSOE se equivocaron, porque ambas fuerzas pierden apoyos, un escenario perfectamente trasladable a España. Curiosamente, en Galicia el potencial del PPdeG mantuvo hasta ahora a raya la división de la derecha, mientras que En Marea agrupó siglas por la izquierda, un escenario que ahora se ve amenazado por la implantación cada vez mayor de Ciudadanos y el riesgo de ruptura del partido instrumental. Si Andalucía votó fragmentación, la tendencia general seguramente vaya por ese camino.

→ El debate vuelve a su origen
El debate político clásico entre la izquierda y la derecha resucita. En los últimos años esa realidad se había difuminado en España, donde la lucha política se polarizó entre la casta y los de abajo, nuevos y viejos partidos o independentistas y constitucionalistas, por ejemplo. Pero la irrupción de Vox agitó los fantasmas del pasado; vuelve la ultraderecha y la única forma de pararla es desde la izquierda. Es cierto que el debate no se produce en las mismas condiciones que antes, pero sí recupera el viejo enunciado y parte de la esencia de antaño: a las próximas citas electorales concurren un bloque de derechas y uno de izquierdas. El que sume, gana.

→ Las ganas de cambio de mantienen
Todos los partidos deben tomar nota de que la sociedad andaluza demostró en las urnas tener unas ganas enormes de cambio. Aunque en este caso particular puede estar condicionado por 36 años de Gobierno monocolor, sería un error pensar en que tanto en la abstención como en el sentido de los votos no hay un castigo generalizado a la clase política para que cambie las cosas. El municipio malagueño de Sedeña, de menos de 700 habitantes y donde arrasa Izquierda Unida —la derecha solo tuvo dos votos en la últimas municipales—, dio la mitad de sus apoyos al bloque de derechas. Este es el factor que explica el ascenso de Vox, cuyos seguidores no salieron de la tierra de 
la noche a la mañana como las setas, sino que muchos de ellos son aquellos cabreados que en el año 2015 y 2016 apostaron por los nuevos partidos —Cs y Podemos— y hoy, decepcioandos, prueban suerte en otro sitio. 

→ El riesgo de las amistades peligrosas
Precisamente otra lección que dejó Andalucía es que las amistades peligrosas no suelen salirle gratis a nadie. El compadreo del PSOE de Pedro Sánchez con el independentismo catalán y los herederos vascos de HB fue castigado duramente en las urnas en Andalucía. Pero por la teoría de los vasos comunicantes, esa que conecta directamente lo que ocurre en la comunidad del sur con la capital del España, el PP tiene que tomar nota de que andar de compadreo con Vox también tendrá un peaje electoral.

→ Las campañas vuelven a funcionar
Si bien la caída del PSOE llevaba tiempo fraguándose, buena parte del ascenso de Vox se materializó en las dos semanas de campaña. No es la primera vez que pasa: ante tanta indecisión, los 15 días previos a las urnas vuelven a influir.

Los diputados también buscan la suerte en el sorteo de lotería del 22
Aunque buena  parte de la sociedad considera que a los 75 diputados del Parlamento gallego ya les ha tocado la lotería por el mero hecho de serlo, por todos los privilegios que lleva aparejado el puesto, lo cierto es que eso no impide que sus señorías prueben suerte en el sorteo de Navidad de la Lotería Nacional. Es más, el pleno de esta semana sirvió a los distintos grupos para ponerse al día en la compraventa de participaciones. Xosé Luís Rivas ‘Mini’ ofreció billetes del Bloque a la bancada de En Marea. Y también andaban los talonarios del PPdeG por el hemiciclo. Lástima que no exista tanto buen rollo y diálogo a la hora de tratar algunos asuntos más serios. 

Un nuevo escenario interno en En Marea
Aunque la situación de En Marea se vaya despejando y aparezca de nuevo un horizonte electoral para elegir nueva dirección, el daño interno tras la crisis de los últimos diez días es irreparable, sobre todo en un grupo parlamentario que está totalmente roto. La situación es especialmente grave porque, guste más o menos, la Cámara constituye todavía hoy el mayor escaparate para la fuerza que, por números, lidera la oposición en Galicia. Si en el Congreso la fractura interna de la coalición ya se certificó con las palabras de Alexandra Fernández en el último plenario, en el Parlamento las cosas no van mejor, porque el último espectáculo enrareció todavía más un ambiente que ya venía muy viciado desde el incidente de Paula Quinteiro. Solo que al escenario de división se añade un nuevo ingrediente: empieza la desconfianza dentro del sector crítico, tanto de la Anova de Antón Sánchez con Podemos como dentro de la formación morada, donde hay quien considera que Tone está desaparecido y debilita a Podemos. 

A Fernández Couto le quitan ‘ferrados’
El responsable  de la política forestal de la Xunta en las dos últimas décadas, el ferrolano Tomás Fernández Couto, es uno de los altos cargos más veteranos de la Administración gallega, sobreviviendo incluso a parte del periodo bipartito (2005-2009). Después de tantos años es comprensible que su expediente tenga luces y sombras, pero su imagen de experto y buen conocedor del monte gallego —que lo es— sufrió un duro revés a raíz de la ola de incendios de octubre de 2017. Ese episodio, sumado a la recurrente polémica de la eucaliptización de Galicia o al complejo plan forestal que tiene la consellería entre manos, hizo que la oposición pidiese su cabeza en demasiadas ocasiones. La Xunta lo mantiene, pero lo cierto es que su departamento pierde cada vez más ‘ferrados’ o, en términos técnicos, competencias. En verano de 2017 se separó la parte industrial del monte y ahora, la de planificación forestal. A la dirección xeral de Couto le queda como único cometido la Defensa do Monte; es decir, luchar contra el fuego. 

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