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El incomprensible silencio lucense

La partida del Ave gallego está en su momento clave, pero mientras Vigo exige un tren de primera en Lugo nadie se mueve

EL QUE no llora no mama, reza el dicho. Y como Lugo no llora, ya sabe lo que le toca. Sin más. Porque ahora que en la partida del Ave están sobre el tablero plazos, proyectos y euros es el momento indicado para levantar la voz para conseguir una conexión de alta velocidad que no hipoteque el futuro ferroviario de la provincia. Porque cuando todo eso se traslade al terreno, será tarde. Vigo lo captó a la primera y allí ya se está moviendo algo.

La cuestión que está en juego se puede simplificar al máximo, despojándola de consideraciones técnicas. Así, parece claro que el Ave llegará a Galicia a finales de 2019 desde la Meseta y Ourense se convertirá en centro distribuidor del tráfico gallego. Dese allí, la línea que va a Santiago, la del fatídico accidente de Angrois, ya es de alta velocidad, de las de 300 por hora. Y faltan por construir dos ramales: el que partirá hacia Vigo y el que subirá hacia Lugo. ¿Serán esos de 300 por hora?

De momento, el poder político y económico de la ciudad olívica ya dejó claro que no aceptará tener que dar la vuelta por Santiago para ir a Madrid, de forma que Fomento tendrá que conectar Vigo y Ourense por la llamada variante de Cerdedo, que se da por hecho que será de alta velocidad auténtica -salvo los 37 kilómetros del eje atlántico entre Pontevedra y Vigo, que en su día incomprensiblemente se hicieron para líneas de 220 a 250 por hora-. Pero ahora, el ingeniero técnico de obras públicas Xosé Carlos Fernández Díaz va más allá e incluso presenta una alternativa para evitar ese desvío a Pontevedra y enlazar directamente Vigo y Ourense con una nueva línea de alta velocidad por Ribadavia y Mondariz, que reduzca 20 minutos el trayecto y que, de empezarse este año, estaría lista en 2027. Seguro que Abel Caballero y los suyos no perderán la ocasión de reclamar la opción que consideren mejor, acampando delante de Fomento o desclavando las traviesas si es necesario. Ya lo demostró con asuntos mucho menos relevantes que este.

Sin embargo, incomprensiblemente, Lugo calla, lo que quiere decir que acepta la propuesta que hoy parece favorita para el ramal lucense: la que tomaría como base el proyecto que el catedrático Miguel Rodríguez Bugarín realizó para el Eixo Atlántico, una solución de variantes que peca de falta de ambición, en la que se electrifica la vía, se suavizan algunas curvas y poco más; es decir, un trazado de 220 por hora para llegar antes a Ourense, que sería la verdadera estación del Ave lucense.

Ya ocurrió con el eje atlántico entre Vigo y A Coruña y no se aprendió. Estas líneas ya no tienen sentido hoy en día, porque quedarán obsoletas en muy poco tiempo y readaptarlas después a un auténtico Ave será costosísimo. Sin embargo, diseñar de arranque un trazado que ya valga para circular a 300 por hora no es mucho más caro e incluso es recomendable. Y no lo digo yo; lo dice el estudio informativo que Fomento encargó en su día para la línea Ourense-Monforte.

El hecho de que tenga que ser ahora el momento y no después es que la clave está en el trazado, ya que el Ave exige curvas con un radio de 7.500 para mantener la velocidad. El tipo de traviesa, de vía o de sistema de seguridad se puede ir modificando con el tiempo, pero es fundamental que el escenario quede preparado para la alta velocidad. Por eso a Lugo le toca demandar una línea como la de Santiago y Vigo; sea Lara Méndez o quien quiera el que lidere tal reivindicación, y tenga éxito o no, pero por lo menos que no sea por no patalear. Como hace Vigo.

Salvo que en realidad la provincia acepte el diseño de 220 bajo el argumento de que ya mejora lo que hay. Algo que no es difícil, teniendo en cuenta que los actuales diésel recuerdan a aquel primer ferrocarril gallego que en 1873 unió Conxo con Vilagarcía. Dicen que había un vecino que lo usaba siempre, menos los días que tenía prisa, que iba en caballo.

El Ave cumple 25 años en España... pero no en Galicia
El Ave cumplió el jueves 25 años y Mariano Rajoy conmemoró la efeméride realizando el trayecto Madrid-Sevilla, los primeros 471 kilómetros abiertos en 1992. En la capital andaluza él y el ministro De la Serna fueron recibidos por Susana Díaz y todos elogiaron la que hoy es la segunda mayor red de alta velocidad del mundo -con 3.000 kilómetros- solo por detrás de China. Ejemplo de buena gestión, de unidad de todos los partidos alrededor de un proyecto, de dinamizador económico, de vertebrador territorial... En definitiva, un éxito colectivo de España que Galicia por ahora se conforma con ver en la televisión.

"No hay nada que celebrar", dicen las víctimas del Alvia
Mientras El País aplaudía esta semana los 25 años del Ave, la plataforma de víctimas de Angrois advertía de que "no hay nada que celebrar". "Los dirigentes deberían tener un poquito de humanidad y de vergüenza antes de hacer celebración alguna. Sobre todo, porque el Ave español del que tanto alarde hacen los responsables hasta el momento de hacerlo y gestionarlo es el mismo que mató a 81 personas", lamentan. Por eso, lanzan una advertencia: "Señores del PSOE y del PP, ustedes querrán olvidar, pero nosotros, las víctimas, jamás olvidaremos". De momento, ya le están dando más de un dolor de cabeza a los políticos

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