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Entre los votos y los ferrados

▶ El eucalipto es responsable de muchos de los males del país, pero que crezca pegado a carreteras y casas es culpa de otros

POCAS PERSONAS encontrarán tan críticas con las especies invasoras de nuestro medio natural en general y con el eucalipto en particular como yo. Sin embargo, me parece injusto que se responsabilice a este árbol de forma casi exclusiva de los incendios forestales en Galicia y en la vecina Portugal. Es un discurso fácil, especialmente para los políticos, pero simplificar un problema de tales dimensiones de esta forma resulta arriesgado y puede llevarnos a muchas confusiones. Además, en la cuestión de las plantaciones de eucalipto casi nadie está exento de responsabilidad.

Es cierto que es una especie pirófita o pirófila, es decir, que propaga el fuego y que tiene una combustión explosiva, como el pino o la acacia. Y también lo es el hecho de que su creciente expansión y su monocultivo en algunas zonas de Galicia ha supuesto un auténtico atentado contra la biodiversidad: a pocos animales les gusta cobijarse en un bosque de eucaliptos, o hacer nidos; secan los acuíferos y bajo ellos no crecen las setas, por poner solo algunos ejemplos de su nula contribución al medio natural.

Sin embargo, si de algo no es responsable un eucalipto es de crecer pegado a una carretera, a una vivienda, a un colegio o a un parque infantil. Y a esta cuestión de las distancias mínimas y las franjas de seguridad es adonde quiero llegar con todo este rodeo, porque de todos los aspectos negativos que encierran los incendios forestales, la pérdida de vidas humanas es sin duda el más dramático y preocupante.

→ La Xunta acortó las distancias

En Portugal acabamos de comprobar como una carretera como la N-236 se puede convertir en un auténtico infierno, una ratonera, una trampa mortal para más de una treintena de personas que perecieron seguramente por la ausencia de unos márgenes de seguridad amplios a ambos lados de la calzada. Ignoro si en el país vecino disponen de alguna ley o normativa al respecto, pero lo que sí sé con total seguridad es que en Galicia sí existe. Y con idéntica seguridad también aseguro que en el 99,9 por ciento de los casos, no se cumple. ¿Y de quién es la responsabilidad? De todos. Empezando por los propietarios, siguiendo por los concellos y las diputaciones, continuando por la Xunta y el Gobierno central y acabando en algunos casos por empresas.

Sin ir más lejos, el Gobierno gallego rebajó en la Ley de Montes de 2012 esas distancias de seguridad. Cuando se diseñó el nuevo texto ocupaba la Consellería de Medio Rural Samuel Juárez, que llegó a afirmar que las franjas anteriores a la modificación legal eran "demasiado grandes" y admitía que su cumplimiento "distaba mucho de ser óptimo". Así, hoy puede haber eucaliptos a 30 metros de las casas y a 10 de las carreteras. Pero visto lo ocurrido en el incendio de Portugal... ¿todavía se piensa que estas distancias son demasiado grandes? En el actual Ejecutivo gallego surgen las dudas y por primera vez en mucho tiempo parece dispuesto a perseguir la vulneración de la ley al respecto. En lo que va de año se triplicaron los expedientes por incumplimiento de distancias y el propio Alberto Núñez Feijóo reiteró por activa y por pasiva que hay que cumplir o hacer cumplir. Un mensaje que tenía además un claro destinatario: los ayuntamientos.

→ Concellos: un problema repetido

La administración local gallega lleva años quejándose, y con razón, de que fue demonizada por el resto de estamentos durante la crisis como ejemplo de despilfarro y mala gestión. También critica a menudo injerencias de otros en sus competencias y leyes lesivas con sus intereses. Sin embargo, y pese a presumir de que es un escalafón básico en la gestión del dinero público porque es el que está más cerca del ciudadano, nunca reconoce, en su capítulo de deberes, que es totalmente incapaz de hacer cumplir a sus vecinos leyes tan básicas y tan fundamentales como esta de las franjas de seguridad. 

El presidente de la Fegamp, Alfredo García, captó el mensaje de la Xunta, pero al momento argumentó que los concellos no tienen medios para controlar todas las plantaciones y distancias ni para acometer ellos los trabajos aunque después se pase la factura al propietario de turno. Sin embargo, suena a excusa, porque no es una cuestión de medios sino de voluntad. Pura y dura. Pero el problema no es nuevo. Buena parte del feísmo urbanístico que salpica nuestro país tiene como causa de fondo la negativa de los alcaldes a obligar a recebar o pintar las viviendas a ladrillo vista. O, más recientemente, tampoco conozco ningún concello que ordenase a sus vecinos arrancar las plantaciones de patatas pese a la prohibición existente y al conocimiento de que había fincas que vulneraban la ley. 

Sencillamente, el alcalde no quiere problemas con los vecinos o, mejor dicho, con los votos. Solo así se explica que los ayuntamientos, de todos los colores políticos, permitan que hoy en día en la mayoría de las carreteras y pistas de su competencia se planten eucaliptos hasta en las cunetas. Porque aquí no se habla de sembrar patatas o de recebar casas, sino de vidas. Por eso, cualquiera de los mensajes lanzados en los últimos días por políticos del PPdeG, PSdeG, BNG o En Marea respecto a planes forestales, ordenación del territorio y lucha contra el fuego carecen de la más absoluta autoridad cuando ellos mismos son incapaces de aplicarse el cuento en su propia parcela. Tras las imágenes de Portugal, hoy da miedo viajar en coche por algunas de nuestras carreteras. Y no solo en verano por el fuego; también en los vendavales del invierno.

Este no es un análisis sesudo para determinar qué porcentaje de incendios tiene detrás un pirómano, un ganadero que quiere hacer pasto, una tormenta, un brigadista, una quema incontrolada o un cristal que hace efecto lupa. Ni tampoco pretende diseñar un mapa de reordenación forestal con eucaliptos en la zona costera, frondosas en el interior y frutales en el sur. Eso queda para otro día. Se trata simplemente de hacer ver la importancia de minimizar el riesgo del fuego una vez ha prendido con acciones tan sencillas como talar todos los eucaliptos plantados a 10 metros a ambos lados de la carretera. Mejor si fueran 20 o 30, pero esa ya es otra guerra.

Lo que ocurre es que por ahora no lo veremos, porque no abundan los alcaldes que se atreven a decirle a un vecino que de los tres ferrados que tiene plantados a eucalipto va a perder prácticamente uno porque hay que hacer franjas de seguridad con la carretera, la casa, la gasolinera o el colegio. Los concellos perderían votos y los propietarios, ferrados. Y así, entre los votos y los ferrados, van creciendo los eucaliptos. Y el fuego.

Díaz Villoslada no deja pasar el tren

SOCIALISTAS DE PESO como Valentín González Formoso empezaron a colar en los últimos días el nombre de Juan Díaz Villoslada en las quinielas de posibles líderes del PSdeG. El diputado autonómico, natural de Ourense pero políticamente coruñés, tiene peso en el Parlamento dentro del grupo, cuenta con más de dos décadas de experiencia en el mundo de la Adminstración por su condición de funcionario, se defiende dialécticamente como casi todos los abogados y ofrece una imagen de renovación. Pertenece a esa hornada de nuevos valores socialistas cuyo futuro y proyección dependen en buena medida de que otras 'viejas glorias' decidan dar un paso a un lado de una vez por todas y no ejerzan como tapón para la renovación del partido. Villoslada, que fue durante años gerente de la Universidade da Coruña, reconocía en 2016, cuando abandonó la UDC para concurrir en las listas del PSdeG, que su salto a la política tenía una explicación muy simple: "Pasaba el tren y lo cogí". No es de los que se quedan mirando en la estación.

En Marea toma relevo en PSdeG

EN ESTE 2017 atípico en el que no hay elecciones ni siquiera en el horizonte los partidos siguen con sus procesos internos para rearmarse de cara a 2019. Tras los maratones asamblearios del primer trimestre, a día de hoy solo quedan ya las primarias y el congreso del PSdeG. Sin embargo, En Marea también afronta una cita clave este mes: el plenario del fin de semana del 15 y el 16. Como suele ocurrir cada vez que el partido instrumental activa uno de estos procesos, se produce un efecto dominó que obliga a todas las siglas que lo integran a reunirse para adoptar una postura al respecto, como ya anunció que lo hará hoy mismo Anova. Y aunque el alcalde de Santiago, Martiño Noriega, de Compostela Aberta, aseguró ayer que el objetivo del plenario no es echarle un pulso a Luís Villares y su coordinadora, lo cierto es que extraoficialmente el cónclave se plantea como choque de bandos. Así, En Marea se parece cada vez más al PSdeG por sus líos internos y Villares, a Pedro Sánchez por su resistencia contra los barones.

Entre los votos y los ferrados
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