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La soledad de Leiceaga

EL PSDEG TIENE una facilidad pasmosa, acreditada a lo largo de su historia, de gastar sangre, sudor y lágrimas, que diría Churchill, en cuestiones nimias mientras es incapaz de mover un dedo por lo que verdaderamente le merecería la pena. Ocurre ahora, en pleno compás de espera a que Ferraz resuelva asuntos más importantes que tiene entre manos antes de centrar su mirada en solucionar la situación de interinidad de la gestora gallega que preside Pilar Cancela. Un periodo de calma tensa antes de la tempestad en el que unos y otros, besteiristas y críticos, tienen sobre la mesa pocas cosas más importantes que hacer que montar el grupo parlamentario, sobre todo teniendo en cuenta que el próximo viernes se constituye la Cámara. Pero ni así.

El socialismo gallego parece sentirse a gusto metido en esa espiral autodestructiva en la que se está convirtiendo la batalla entre los dos bandos y que no permite a Xoaquín Fernández Leiceaga, candidato el 25-S, realizar el trabajo que se supone que tiene que realizar como portavoz y coordinador de los 14 diputados. Lo cierto es que a Xocas no le ayudaron primero los apresurados plazos de su designación como candidato y después las urnas, que son las que al final dictan sentencia, pero tampoco ahora parece encontrar muchas manos a las que agarrarse para tratar de componer un equipo de trabajo competente. Con su silencio desde la noche del 25-S, tratando de alejarse del ruido de sables de los suyos, así como su buena disposición con los críticos, pese a estar alineado con la línea oficialista de Cancela, el economista de Noia parecía querer situarse en una especie de posición neutral como la que ocupan muchos socialistas gallegos hartos de los líos internos con el fin de ganar ese espacio necesario para desarrollar su trabajo parlamentario, que es el que mejor se le da.

Lo que ocurre es que en la guerra civil socialista le disparan hasta al que enarbola la bandera blanca. Y uno de los que tiene el gatillo más flojo es Santos Héctor, que está haciendo oposiciones a tirador del año. Ayer volvió a criticar el nombramiento de Leiceaga como portavoz parlamentario, un movimiento que calificó de «autoproclamación». «La comisión gestora y el candidato se han apoyado mutuamente para permanecer en sus puestos», aseguró el líder provincial del PSOE de Pontevedra y concejal en Vigo, que afirma hablar en nombre de «la mayoría» de los socialistas de su territorio.

Aunque lo cierto es que no todos los críticos rechazan a Fernández Leiceaga para el cargo, conscientes de que el candidato del 25-S ya ocupó ese puesto con el bipartito, conoce la institución y que, más allá de Abel Losada, Patricia Vilán o Noela Blanco, no hay en el grupo un perfil claro que pueda sustituirle, ya que existen muchos debutantes cuya respuesta política constituye una auténtica incógnita. También la alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, una de las pocas que sigue fiel al besteirismo y que además no se molestar en ocultarlo, salió en defensa de Leiceaga, al que considera «a priori» la persona «idónea» dado que cuenta con el «consenso de los militantes » y fue nombrado por la gestora, que es la que tiene potestad para ello, afirmó. Sin embargo, aunque las palabras de la regidora natural de A Mariña consuelen, no resuelven el papelón que tiene por delante el futuro portavoz socialista en O Hórreo.

Y es que mientras En Marea y el BNG ya tienen repartidas sus áreas de trabajo y el PPdeG más que repensadas, en el PSdeG están los deberes por hacer. Y como en el momento de elaborar las listas electorales, que es una parte importante en toda campaña, los socialistas gallegos andaban gastando energía en esas cuestiones nimias que tanto les gustan, Leiceaga se encuentra hoy con un equipo de 14 personas, incluyéndole a él, en las que no hay ni un solo perfil de la rama sanitaria —como era Carmen Acuña— o con cierta vinculación al mundo de la pesca —como José Ramón Val—, dos ámbitos de trabajo de los que que consumen más horas y recursos en los debates de O Hórreo. Así que a alguno le tocará reciclarse y a Leiceaga, hacer encaje de bolillos con lo que tiene. Justo en una legislatura que puede ser más importante para los socialistas de lo que pueda parecer, porque aunque empiezan como tercera fuerza por detrás del PP y de En Marea, vistos los antecedentes de Age, cualquier fuga de escaños del partido instrumental convertiría automáticamente a Fernández Leiceaga en líder de la oposición. Eso sí: en el hipotético caso de que por aquel entonces continúe como portavoz.

El reparto de la Mesa

Precisamente En Marea y el PSOE tendrán que ponerse de acuerdo para ver como reparten los dos puestos que el PP dejará libres en la Mesa del Parlamento, la segunda vicepresidencia y la vicesecretaría. Al existir empate a 14 escaños, no les queda otra que dialogar y llegar a un acuerdo, que con toda lógica pasaría por que cada uno de ellos ocupase uno de esos puestos con el apoyo del otro. El único problema es que esta maniobra dejaría fuera al BNG, y Luís Villares ya mostró más de una vez su idea de que todos los grupos representados en la Cámara puedan estarlo también en el órgano rector del Parlamento. Es un deseo con difícil encaje, porque el PP no va a ceder ninguno de sus tres asientos para garantizarse la mayoría y son tres siglas para dos sillas, lo que obligaría a buscar una fórmula rotatoria o algo similar. Viendo los precedentes, en el Bloque no serán muy optimistas, ya que en la IX Lexislatura los socialistas no le cedieron nada ni a ellos ni a Age.

Viceportavocías de En Marea 

Otro de los asuntos candentes de la vida preparlamentaria es la designación de los viceportavoces de En Marea, los que serán número dos y número tres de Villares en la Cámara. Hay más debate del que parece porque todos reivindican su cuota, aunque a día de hoy el que más claro parece tenerlo es Antón Sánchez. El de Anova tiene experiencia, la simpatía de los suyos y de buena parte de los críticos de Podemos que no quieren ver en ese puesto a su líder, Carmen Santos, que sin embargo sí quiere imponer los siete escaños que su formación aporta al grupo de 14 para ser viceportavoz. La teoría dice que se lo tendría que disputar con Eva Solla, de Esquerda Unida. A esta última la avala su experiencia. Lo que parece que todos tienen claro es que un viceportavoz representará a la rama nacionalista, en este caso Sánchez; y el otro u otra en este caso a la rama federalista-estatal, bien a Podemos o bien a Esquerda Unida, que al fin y al cabo cada vez son más parecidos.

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