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Mensaje desde la sierra

El verdadero peligro para Quinteiro no es la consulta sino que Pablo Iglesias la fulmine si Rajoy vuleve a atacarle con ella

Paula Quinteiro, en el pleno. PEPE FERRÍN
Paula Quinteiro, en el pleno. PEPE FERRÍN

A LAS puertas de la celebración de la consulta a las bases de En Marea sobre el futuro de Paula Quinteiro casi nadie pone en duda que el proceso activado por la dirección no servirá para nada. O, en todo caso, para alargar más un conflicto que cumplió dos meses el viernes, un tiempo durante el cual el espacio rupturista fue prácticamente incapaz de colocar su mensaje político. El caso Quinteiro devoró por completo la actualidad y la actividad pública del partido instrumental.

Así que llegados a estas alturas y con los dos bandos surgidos a raíz de este conflicto exhaustos, da la sensación de que lo único que quieren ahora unos y otros es zanjar el asunto por la vía rápida. Con el resultado que sea e incluso asumiendo que la crisis se cierre en falso, pero ponerle fin de una vez por todas, aprovechando sobre todo la tregua que dará el verano.

Sin actividad parlamentaria a partir de la segunda semana de julio, la exposición pública de Paula Quinteiro es nula, lo que sin duda contribuirá a que las aguas vuelvan a su cauce. Ella y En Marea se irán de vacaciones, no obstante, con el resultado de la votación telemática de la militancia bajo el brazo. El jueves se sabrá si los inscritos creen que la conducta de la viguesa en la noche del 18 de marzo con la Policía Local de Santiago la inhabilita por cuestiones éticas para seguir como diputada o si, por contra, se trata de un "incidente menor", como lo definió en su día Martiño Noriega.

Aquí conviene hacer dos consideraciones. Por un lado, comparto con Luís Villares y la coordinadora de En Marea que aunque el resultado no es vinculante y Quinteiro ya avanzó que no lo respetaría, puede tener igualmente consecuencias para la parlamentaria. ¿Con qué actitud recorrería después las agrupaciones locales de toda Galicia para desarrollar su labor en el Parlamento si sabe que en muchas de ellas no la consideran como su representante legítima tras lo ocurrido en Santaigo?

Por otra parte, cojea el argumento usado por ella misma y por la líder de Podemos Galicia, Carmen Santos, de que solo votará una parte muy pequeña de las bases —unos 2.400— frente a los más de 10.000 que la apoyaron en 2016 para ir en las listas electorales de En Marea. El debate de las cifras no es significativo en esta ocasión, ya que desde el año 2016 que terminaron las convocatorias electorales la participación de los inscritos en el espacio rupturista cayó en picado de forma generalizada; en todas las siglas y en todas las consultas. No tiene sentido tomar como referente más de 10.000 votos en 2016 cuando hace poco más de un mes apenas participaron 4.500 en la votación interna de Podemos Galicia sobre la fórmula para concurrir a las municipales, de un censo de más de 14.000.

El dedo de Pablo Iglesias

Aunque todas estas reflexiones no tendrán ningún sentido si, de aquí a las vacaciones, a Mariano Rajoy se le ocurre volver a mentar el escándalo de Paula Quinteiro en el Congreso como arma arrojadiza contra Pablo Iglesias. Ya utilizó una vez ese argumento para defenderse de las acuaciones de Podemos sobre la corrupción y lo hizo además con mucho estilo, pero con poco rigor, al acusar directamente a la viguesa de romper ella retrovisores de coches en lugar de ir acompañando a gente que lo hacía, como relata el atestado policial. Pero de todas formas a Iglesias le sentó como un tiro y todos saben como se las gasta el líder de la formación morada con estas cuestiones.

En el año 2016 y en medio de un pulso con la sucursal gallega de Podemos, su dedo dio el click que publicó un tuit en el que ordenaba renunciar a las siglas y concurrir a las autonómicas como partido instrumental y no como coalición, tras un acuerdo sobre la bocina con Beiras. Y el mes pasado ese mismo dedo le enseñó la puerta de salida al parlamentario autonómico Juan Merlo —que unas horas antes había dicho que no dimitía— por haber mentido en su currículum, ya que esta anécdota gallega podía complicar su operación para tumbar a Cristina Cifuentes en Madrid.

Así que ahora el verdadero riesgo al que se enfrenta Paula Quinteiro no es la consulta ni un improbable proceso revocatorio, sino que Rajoy la use de nuevo para atacar a Iglesias —pese a ser el líder de la oposición con el que mejor se lleva—, que este se cabree y que desde su nuevo y flamante chalé de la sierra madrileña su todopoderoso dedo la fulmine por la vía rápida.

Detrás de la efervescencia feminista

EN PLENA efervescencia del movimiento feminista tras la histórica jornada del pasado 8-M, que ya ha tenido numerosas réplicas a menor escala en todo el planeta, empiezan a surgir voces que no cuestionan las reivindicaciones del contrapoder femenino, pero que sí creen que se está sobredimensionando artificialmente hasta límites peligrosos. O dicho de otra forma, que hay un apoyo interesado de determinados sectores económicos detrás de este movimiento mundial. El objetivo, según apuntan algunas teorías, sería el de canalizar la indignación social nacida en el 15-M hacia el feminismo de forma que otras reivindicaciones de corte económico como la recuperación salarial tras la crisis, el mejor reparto de la riqueza y cuestiones espinosas vinculadas a los lobbys de la vivienda o la banca queden un tanto silenciadas. Aunque todos ellos son problemas que golpean mucho más a las mujeres que a los hombres, corren el riesgo de quedar ocultos bajo el epígrafe del feminismo. Y eso empieza a preocupar.

La madurada venganza de Javier Guerra

AL EMPRESARIO vigués Javier Guerra nunca le sentó bien ser el primer conselleiro cesado por Feijóo. Lo fichó en 2009, y en 2012, cuando el PPdeG renovó su mayoría absoluta, lo apartó para darle entrada a Francisco Conde, amigo y hombre de la máxima confianza del presidente. Con Guerra, sin embargo, nunca acabó de engranar muy bien, sobre todo porque el vigués jamás consiguió sacudirse esa imagen de estar más implicado en sus negocios personales que en la consellería. De hecho, si por algo es conocido en sus cuatro años de gestión al frente de la política industrial de la Xunta es porque en la declaración de bienes que hacía por cuestiones de transparencia figuraba con un patrimonio de 16.500.000 euros, lo que pulverizaba cualquier récord al respecto. Entre 2012 y 2016 fue premiado con un escaño en el Parlamento en el que tampoco se implicó mucho, ya que fue una época delicada para sus empresas que lo obligó a reinvertarse. Ahora, está dispuesto a consumar su venganza del PPdeG fichando por Ciudadanos.

Carmela Silva ejerce ya como nueva señora del castillo de Soutomaior
El castillo de Soutomaior fue durante años el bastión elegido por el Partido Popular para abrir el curso político cada septiembre, con Rajoy como amo y señor de la fortaleza. Fue así hasta que en 2015 el PP perdió la Diputación de Pontevedra y la nueva presidenta, la socialista Carmela Silva, cerró las puertas del recinto a los populares, que en 2016 y 2017 se vieron obligados a cambiar el escenario de su tradicional encuentro. Eligieron la carballeira de San Xurxo de Sacos, en el vecino Cotobade, aunque a regañadientes. Mientras, Silva fue poco a poco consumando su venganza hasta convertirse esta semana, con el estreno de la musealización del castillo, en la nueva señora de Soutomaior.

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