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Pintar la mona

En el Parlamento, el debate serio sobre los problemas reales de los gallegos es para viejos; el futuro está en dar la nota

DEFINE LA LENGUA española la expresión pintar la mona como "pasar el tiempo aburrido y de forma inútil" y sitúa el origen de esta conocida frase en un antiguo juego de cartas donde perdía aquel que se quedaba con una desparejada, un naipe que al no casar con ningún otro sobre la mesa se consideraba precisamente eso, una mona, inútil.

La misma sensación, por cierto, que tiene uno después de ver el pleno de esta semana en el Parlamento de Galicia. Lo tiempos convulsos de la legislatura 2012-2016, la de la irrupción de AGE y el regreso al hemiciclo de un hiperrevolucionado Xosé Manuel Beiras, parecían superados en este nuevo curso, mucho menos escénico y actoral que el anterior. Sin embargo, se trataba de un espejismo, quizás fruto del anómalo periodo vivido desde otoño de 2016, sin elecciones de ningún tipo a la vista.

Pero con las urnas de 2019 en el horizonte toca volver a lo peor del pasado, al y tú más, al todo vale en busca del titular. El Pazo do Hórreo encendió esta semana los focos para convertirse en plató, algo irrelevante si fue solo un pleno desafortunado, pero preocupante si se convierte en tendencia. Ninguno de los dos textos legislativos presentados salió adelante, la misma suerte que corrieron las tres mociones y cinco de las nueve proposiciones no de ley, que acabaron en el cajón. Pobre balance para el ciudadano de a pie. Como dirían en Fariña: el debate reflexivo sobre los problemas que verdaderamente afectan y preocupan a los gallegos es cosa de viejos; el futuro está en dar la nota.

→ La representación de Bará

Capacidad de acuerdo no hubo mucha en la sesión, pero sobró ingenio. El BNG, que en la calle venía de lograr importantes golpes de efecto mediáticos —la campaña de la "cona", la videomovie de Rodil y Presas o el debut audiovisual de Ana Pontón—, andaba últimamente algo falto de ideas en el Parlamento, donde los culebrones de En Marea llevan tiempo robándole luz. Sin embargo, esta semana encontró la fórmula perfecta: Luís Bará rompiendo una foto del Rey. Hay que reconocer que fue una apuesta arriesgada; medida, guionizada y amparada bajo el paraguas del derecho de la UE y su inviolabilidad como diputado, pero arriesgada al fin y al cabo por ser este de un país con una Justicia impredecible. Código Penal aparte, para mí lo que hizo es criticable, pero no tanto por el contenido de su protesta en sí como por el hecho de parecerme algo absolutamente inútil para la gente.

Por cierto, que al mismo tiempo que Bará hacía añicos a Felipe VI, el vicepresidente de la Mesa, Diego Calvo, a veces más atento al móvil que al pleno, se cubría de gloria con su pasividad al respecto, actitud que no gustó nada en su propio grupo, donde están convencidos de que con Santalices en escena la historia hubiese tenido otro desenlace.

→ El error de Luís Villares

Otros minutos del pleno que se pueden borrar del diario de sesiones ya que nunca pasarán a la historia por su contribución al bienestar de los gallegos fueron los protagonizados por Alberto Núñez Feijóo y Luís Villares. Aquí la motivación, más que los titulares, pudo ser otra. Tras un primer turno de debate ejemplar —una anomalía— entre ambos, Villares usó la réplica para atacar con todo: Dorado, Cifuentes, Albor, Fariña, corrupción... Hay quien cree que con esa inesperada maniobra el portavoz de En Marea trató de irritar a Feijóo para que este aprovechara el turno de cierre para contraatacarle con el escándalo de Paula Quinteiro, que era justo lo que quería Villares con el objetivo de desgastar a su diputada crítica. Pero no fue así. El del PP ni citó ese caso y, para colmo, llevó el debate a su terreno: evidenció la feroz crítica de En Marea a un señor de 100 años y tan querido socialmente como Albor. A Villares le hubiese rentado más seguir con el debate de la A-57, más constructivo, interesante y útil para los gallegos.

→ La invisibilidad del PSdeG

Y en medio de unos y otros, al PSdeG se le quedó cara de tonto. Leiceaga es un diputado más que notable, pero si algo no va con él es pintar la mona. Y por eso el socialismo puede pasar apuros para colocar su mensaje en la Cámara, como ocurrió esta semana con sus propuestas de sanidad. Porque donde se pongan los problemas del Rey y Fariña, que se quiten las listas de espera.

El caso merlo no altera la paz interna ni la hoja de ruta de podemosImagen para el blog de Martin G Piñeiro (15/04/18)

ESTA SONRISA de Paula Quinteiro a su jefa de filas en Podemos Galicia, Carmen Santos, es la mejor muestra de la tregua interna en la formación morada, solo alterada por la baja de Juan Merlo víctima de la ‘titulitis’, pero que ni siquiera alterará la aritmética interna al ser su teórica sustituta de la misma corriente que él. Aunque esa tregua es frágil, Santos se agarra a ella para exhibir músculo dentro de la marea, sobre todo a medida que se acerca 2019. En Podemos Galicia, donde tienden a sobrevalorarse, están convencidos que son el motor del espacio rupturista. Ya están haciendo valer su mayoría en el grupo parlamentario y lo siguiente será apartar a Villares para coger el mando.

El PPdeG se toma con calma las ciudades

EL HECHO de que la selección de candidatos del PPdeG para las ciudades de cara a 2019 no dependa solo de la dirección orgánica, sino que tiene que tener también en cuenta los tiempos de la Xunta, de donde saldrá como mínimo Beatriz Mato con rumbo a A Coruña y posiblemente José Manuel Rey Varela con destino a Ferrol, puede demorar las decisiones hasta bien entrado el verano, finales de junio o julio, según manejan algunos. Por un lado, eso permitiría a Feijóo terminar el curso político con su actual equipo, pero por el otro limita el tiempo para fabricar un candidato, ya que faltará menos de un año para las elecciones municipales de mayo. Es un detalle que juega a favor de algunos aspirantes como Elena Muñoz en Vigo, Agustín Hernández en Santiago o incluso Jacobo Moreira en Pontevedra. A lo mejor a día de hoy no son los preferidos del PPdeG, pero tampoco parece buena idea mandar a un potencial mirlo blanco a quemarse contra Caballero o Lores o a dar la cara en la siempre impredecible batalla compostelana.

Caballero afronta los primeros incendios

EL LÍDER del PSdeG, Gonzalo Caballero, vivió desde que llegó a la Rúa do Pino en una especie de balsa de aceite, una paz interna cuyo mérito es atribuible a parte iguales a su perfil conciliador y a la fatiga del partido tras años de autodestrucción. Sin embargo, en las últimas semanas en el socialismo gallego empiezan a asomar vicios del pasado. El primer incendio lo protagonizó en Ferrol la siempre polémica figura de Beatriz Sestayo, que evidenció diferencias entre Caballero y el barón provincial Valentín González Formoso. Y esta semana fue el turno del díscolo Manuel Martínez en Lugo, que amenaza con amargar lo que queda de mandato en la Diputación a sus excompañeros del PSdeG y quien sabe si también las elecciones en 2019. Por ahora no son grandes llamas, pero que ni siquiera haya empezado el pulso interno para colocar candidatos y ya huela a chamusquina resulta un tanto preocupante. Y para los malpensados, que siempre los hay, que la chispa prenda en Lugo y A Coruña no es una mera casualidad.

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