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La verdad está aquí dentro

Un estudioso de la Universidad de Vigo dice que hasta cuatro civilizaciones extraterrestres querrían destruirnos: pocas me parecen
Personas inspeccionan armas durante la convneción de Asociación Nacional del Rifle. EUROPA PRESS
photo_camera Personas inspeccionan armas durante la convención de la Asociación Nacional del Rifle. EUROPA PRESS

Con el sistema educativo travestido en una factoría de creación de mano de obra formada, hasta la universidad parece haber renunciado a su esencia como templo del conocimiento y el pensamiento, como motor de progreso social, para caer en la tentación del clickbait. El cotilleo como alternativa académica.

Hace apenas un rato la Universidad de Vigo ha conseguido un buen puñado de "me gusta" dando bola a un estudio de Alberto Caballero, uno de sus investigadores, que analiza las posibilidades de que los humanos contactemos en algún momento con otras civilizaciones avanzadas y con tan mala baba como la nuestra, dispuestas a invadir y destruir la Tierra: ha concluido que solo en la Vía Láctea habría al menos cuatro tribus que nos pasarían por la piedra en menos de lo que se tarda en atravesar un agujero de gusano.

Caballero ha partido para su cálculo de la experiencia reciente de la raza humana en asuntos de belicosidad: en los últimos cien años, más de 50 naciones invadieron o trataron de invadir a otras, y no hubo más porque no tuvieron los medios, que ganas no faltaron. Lo que hace el erudito vigués, en definitiva, es "proporcionar una estimación de la prevalencia de civilizaciones extraterrestres hostiles a través de una extrapolación de la probabilidad de que nosotros, como civilización humana, atacáramos o invadiéramos un exoplaneta habitado".

Le sale que, para cuando seamos capaces de completar viajes interestelares, la probabilidad de que los humanos atacáramos a otra civilización es de 0,0014%. Eso lo aplica al número de civilizaciones avanzadas que se calcula que podría haber en nuestra galaxia y le sale que como mínimo cuatro de ellas nos darían con gusto nuestra propia medicina.

No quiero invadir yo los terrenos de Alberto Caballero porque no tengo ni el ánimo ni los conocimientos, pero ya le digo que puede coger su estudio y tirarlo por el horizonte de sucesos del váter, porque las posibilidades de que una civilización inteligente y malvada nos encuentre y nos destruya antes de que lo hagamos nosotros mismos es cero. Si por un pliegue inesperado en el espacio-tiempo esos alienígenas hubieran llegado esta misma semana, por ejemplo, habrían podido deducir lo inútil de su esfuerzo agresivo con ver el debate sobre el drama de los tiroteos en Estados Unidos, que en lo que va de año lleva contadas una masacre por semana en institutos, centros formativos, iglesias, oficinas o plazas, cualquier escenario es válido.

Una de las propuestas más razonables para afrontar el problema ha sido la de dotar a los centros de enseñanza de drones que sobrevuelen las aulas y los pasillos con armas capaces de reducir a cualquier adolescente con ínfulas de asesino en masa. De ahí para abajo, todo lo que se les ocurra.

El más osado ha sido Joe Biden, líder del país más poderoso de la Tierra y probable candidato a portavoz de la Humanidad en unas hipotéticas negociaciones con los extraterrestres, pese a que no se lo toman en serio ni sus conciudadanos. Biden ha planteado la posibilidad de prohibir la venta libre de armas, pero solo las de asalto, que es como decir: "Vale, vamos a seguir matándonos porque es nuestro derecho y nuestro deber constitucional, pero más despacio, por favor". La austeridad como salvaguarda de la estupidez.

Si yo fuera un Elon Musk de un exoplaneta cualquiera no malgastaría ni un triste viaje interestelar para acabar con una especie así, con tan evidente predisposición a la extinción. Si acaso, para acelerarla y poder aprovechar algo del resto del planeta antes de que también nos lo llevemos por delante, que a este paso tampoco habrá que esperar mucho.

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