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Vivan las cadenas

Dejemos tranquilo al Borbón Juan Carlos, bastante ha hecho ya por la república
Juan Carlos I, a su salida de la casa de Pedro Campos. LAVANDEIRA JR
photo_camera Juan Carlos I, a su salida de la casa de Pedro Campos. LAVANDEIRA JR

IBA A ESCRIBIR que me da pena el Borbón Juan Carlos, pero sería exagerar. Lo que supongo que quiero decir es que ya no siento por él la rabia de antes, de tantos años, cuando todavía se tapaban las pruebas de sus desmanes y sus maneras de sátrapa solo eran la comidilla de los salones del poder que lo malcriaba. He llegado a sentir, lo reconozco, mucha rabia por ese hombre como símbolo, consumido por la impotencia. Probablemente solo mi pereza insobornable impidió algunas veces que la rabia traspasara esa línea que la separa del odio: odiar es agotador, además de inútil porque solo carcome al que odia, no al odiado. Nietzsche esquivaba el odio con el desprecio; yo con la pereza, cada uno se va apañando como puede

Seguro que él tampoco nos odia por el escarnio público al que se le está sometiendo, solo nos desprecia, y eso en el improbable caso de que nos dedique un solo segundo de su pensamiento. Hace demasiados siglos que los Borbones solo se odian y casan entre ellos, es la tradición. Luego ya se humillan y se acuestan con quien les da la gana, pero eso es más una costumbre, como ir a Sanxenxo a navegar.

Por mí, bienvenido sea. A estas alturas, una vez que ha quedado bien claro para todos los españoles quién y qué es realmente, lo mismo me da que viva en Dubái que en Suiza que en Riotorto, mientras se lo pague él, que no anda mal de pasta. Por eso no acabo de entender el cirio que se ha montado con su regreso ni la relevancia del mismo una vez que la magnánima Justicia española le ha dejado limpio de polvo y paja. Bueno, de polvo ya se verá, la cabra tira al monte.

Yo hasta le estoy agradecido por el gesto: quién me iba a decir que el intocable Juan Carlos I acabaría haciendo tanto por impulsar la causa republicana. Al final voy a tener que reconocer que ha sido un rey bastante aprovechable en comparación con sus antecesores, y mira que no ha habido en nuestra historia Borbones con méritos bastantes como para sulfatar a toda la estirpe.

No soy un iluso, sé que no será pronto. Este sigue siendo el país que recibió el regreso del felón Fernando VII al grito de "Vivan las cadenas", una versión menos elaborada pero igual de impúdica que muchas de las crónicas que estos días podemos escuchar a muchos políticos y ver en gran parte de los medios del Movimiento a cuenta de lo de Sanxenxo. Y las tímidas críticas que se lanzan no son sino para tratar de convencernos de que las acciones del antes ejemplar Juan Carlos I no tienen nada que ver con la monarquía como institución ni con el ejemplar Felipe VI, que a partir de ahora todo será diferente y este reinado no se parecerá en nada a todos los reinados anteriores de los Borbones.

Ya les avanzo yo que no, que esta operación bikini del "juancarlismo" hacia el "felipismo" tiene el mismo destino y el mismo objetivo, el de mantener en el siglo XXI una institución medieval que sigue siendo útil para los pocos que la controlan y vergonzante para una sociedad que se quiera reconocer como libre.

El rey depuesto solo hizo lo que cabría esperar de él y de la institución que representa. Es más, diría que hasta poco dinero se llevó en comparación con la avaricia enfermiza de alguno de los familiares que lo antecedieron. Por mí, que lo disfrute tranquilo y donde le dé la gana, como republicano creo que el precio ha merecido la pena. 

La atención no debería centrase en el Bribón, sino en la Zarzuela, para asegurarnos de que el reinado del Borbón Felipe sea, en efecto, muy diferente: que sea el último.

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