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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

A sardiña, la reina de la ría

En empanada, guisada o asada, la sardina debería ser la bandera de nuestra villa, ya que a ella le debemos siglos de riqueza y abundancia en la ciudad de Pontevedra

La sardina es el producto estrella de las fiestas del verano. CCO
La sardina es el producto estrella de las fiestas del verano. CCO

El pasado sábado celebrábamos la San Juan entre hogueras degustando el producto estrella de estas fechas: la sardina. Este pequeño pez cupleiforme, que se desplaza en bancos, dio origen por su demanda y abundancia al gremio de mar más importante de Galicia, el de Mareantes. La sardina consiguió que nuestra ciudad se situara en el mapa de Europa desde la Edad Media y es la responsable de la riqueza de Pontevedra a lo largo de varios siglos. Contribuyó a que esto sucediera la configuración de nuestro territorio, con un río navegable que desemboca en una ría, la temperatura del agua y el clima; todos estos aspectos propiciaron los asentamientos dedicados a la pesca y el marisqueo desde la Edad de Bronce.

No sabemos cuando apareció la sardina en la ría pero alrededor de ella creció la ciudad. Durante el reinado de Fernando III se concedieron varios privilegios a la villa, entre ellos el derecho exclusivo a Pontevedra y Noia de fabricar aceite de sardina (saín), lo que contribuyó de manera decisiva al enriquecimiento y desarrollo de nuestra ciudad durante los siglos XIV al XVI. Las sardinas se aprovecharon de diferentes maneras a lo largo de los siglos: el aceite que servía para iluminar los candiles de las casas medievales; la sardina seca y salada para consumo y, posteriormente, con la llegada de los empresarios catalanes, la sardina en conserva.

Uno de los máximos exponentes de la influencia que tuvo la sardina en la economía de la ciudad fue la construcción de la iglesia de Santa María financiada íntegramente por el Gremio de Mareantes en el s. XVI gracias a las aportaciones de los cercos. Como la sardina no siempre aparecía, se hicieron necesarias las aportaciones extraordinarias de los mareantes, cuestión que provocó en algunos momentos protestas y retrasó considerablemente la terminación del templo. En la Pontevedra del s. XVII existían "12 cercos que costeaban y utilizaban los mareantes de aquella villa, y en el espacio del tiempo apto para echar los cercos, que era desde el día después de San Bartolomé hasta acabar el año, se cogían por lo regular 130 millones de sardinas. Y porque pocos hacen idea de lo que es un millón, digo, para que todos la hagan, digo en grueso, que si estos 130 millones se hubiesen de portear en machos de maragatos, cargando cada uno con 12 arrobas de sardinas, eran precisos 32.000 machos para portearlas todas", según el Padre Sarmiento. Con el cerco, en 1749 se llegaron a pescar 14 millones de sardinas en sólo tres meses.

Desde el punto de vista cultural hemos perdido una tradición de siglos al sustituir en Pontevedra el "entierro de la sardina", al final del Carnaval, por la quema de Ravachol y lo suyo sería que el loro se incinerara la noche de San Juan. En 1898 en nuestra ciudad ahorcaban a la sardina el miércoles de ceniza; no está claro el origen de esta tradición (la del entierro y el ahorcamiento), pero coincidía con el periodo de veda que comenzaba en febrero.

Los mayores enemigos de las sardinas siempre fueron los delfines, que se alimentan de ellas, y la presencia de manadas de delfines en la ría, que hoy nos llama tanto la atención, se remonta varios siglos atrás. Los arroaces rompían las redes para comerse el pescado y en ocasiones espantaban los bancos de sardina. José Cornide describe la situación hacia la mitad del s. XVIII: "Los arroaces entran en nuestras rías siguiendo la sardina en grandes bandadas, y caminando a saltos, con los que descubren fuera del agua casi todo el cuerpo, los temen mucho los pescadores porque les ahuyentan la pesca, y les rompen las redes".

Una tradición que felizmente ha desaparecido de nuestras aguas eran las corridas de delfines que se celebraba en verano y consistía en cercar una manada para guiarla hasta As Corbaceiras donde, con una red, los acercaban a aguas poco profundas y los sacrificaban a palos. Esta práctica cruel, que nos da una idea de la desesperación de los pescadores, desapareció a principios del s. XX.

Los periodos tradicionales para la pesca de la sardina se establecieron antiguamente de septiembre a febrero, pero con la llegada y aguje de la industria conservera se permitió su captura todo el año. Esto significó no respetar el periodo de veda y sobreexplotar la especie para forzar una bajada considerable del precio en beneficio de las industrias: "Hoy se pesca todo el año ¿y por qué? Porque así le conviene á los fabricantes de conservas. De este modo obtienen baratísima la sardina (de 6 á 10 pesetas millar), pero en cambio disminuye la sardina de año á año, y la riqueza que había de ir en aumento progresivo, desaparece", destacaba Joaquín López de Soto en 1897 en su crónica de El Diario de Pontevedra.

Una de las primeras artes de pesca utilizadas en la ría fueron el vallo y el trasmallo y se capturaban jibias, pulpos y abadejos. Con el tiempo a estas especies se sumaron otros productos como la merluza y el congrio, que se capturaban con liñas y anzuelos, y también la sardina utilizando artes más evolucionadas, como los cercos o las sacadas.

A finales del s. XIX se desató la guerra contra el uso de la traiña, que era una forma de pescar muy extensiva y agresiva para la supervivencia de la sardina. Ante esta situación, una comisión de pescadores de A Moureira se reunió con el diputado Eduardo Gasset y Chinchilla: "Yo —dijo— a pesar de ser fabricante, porque tengo en la ría de Arosa intereses de esta clase, uno mi voto al de ustedes, sin excitaciones de ningún género, por estar convencidísimo de que la traiña no sólo perjudica á los pescadores, sino a Galicia entera, puesto que tiende á extinguir en poco tiempo un elemento tan importante como la sardina". La pesca con traiñeras se prohibió, pero las tensiones no terminaron ahí porque a principios del s. XX las noticias destacaban el problema de la pesca de sardina con dinamita en todas las rías.

Las "cotizaciones de pesca" de las lonjas se publicaban en los periódicos como las de la bolsa de hoy. Eran los tiempos en que las sardinas se contaban por cestas; sin embargo, hoy las sardinas escasean y nos sorprende ver a las manadas de delfines acompañando la marcha de los barcos. Parece ser que la xarda se alimenta de los alevines de esta especie y que los periodos de abundancia van por ciclos. Larga vida a la reina de la ría.

A sardiña, la reina de la ría
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