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El accidente del piloto pontevedrés José Pazó

Resumir la larga trayectoria y excelencia del pontevedrés José Pazó no es cosa fácil, por lo que este artículo se centra en un terrible accidente de aviación en 1927 que estuvo a punto de costarle la vida
Cala del Quemado en el Rif. MUSEO DEL EJÉRCITO
photo_camera Cala del Quemado en el Rif. MUSEO DEL EJÉRCITO

Una calle de Pontevedra, la Travesía Irmáns Pazó Montes, recuerda a una familia muy importante de Pontevedra por sus aportaciones a la ingeniería, a la industria y la aviación. Aunque su historia comenzó con su padre, José Pazó Martínez, trabajador de la fábrica La Industriosa de Antonio Sanjurjo Badía en Vigo que, debido a un desencuentro con Sanjurjo, decidió instalarse por su cuenta en Pontevedra. Este cambio le dio la oportunidad de abrir una fundición propia en nuestra ciudad, que llegó a tener unos cien trabajadores, y conocer a la que sería su esposa. 

José María Pazó Montes, conocido también como Pepe Pazó, nació en Pontevedra el 16 de agosto de 1902. Hijo del vigués José Pazó Martinez y de la pontevedresa Rosalía Montes Peón, matrimonio que tuvo tres hijos, María Victoria, José y Diego. José fue alumno del Instituto de Pontevedra, ya que su padre decidió matricularlo en una escuela pública. Años más tarde se casó con Ana Jiménez de la Espada y Suárez, con la que formó una familia.

La ilusión de José Pazó Montes siempre había sido llegar a ser piloto, así que ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara en 1920, obtuvo el título de piloto en 1925 y se licenció como Ingeniero Aeronáutico en 1931.

Aunque ya había servido con anterioridad en Marruecos con los zapadores, en 1926 lo destinaron ya como piloto a Cala del Quemado, un asentamiento en el Rif con el grupo Bristol bajo las órdenes del comandante Mulero y del capitán de Escuadrilla Lloro. Esta Escuadrilla volaba en dos aeródromos, el de Nador y el de Herráiz.

Cala del Quemado fue fundada en 1925 por los españoles, un lugar escarpado, arenoso y seco dentro de la Bahía de Alhucemas (Al Hoceima), donde establecieron el primer asentamiento en la zona. Su posición era estratégica, ya que tenía acceso directo por mar desde un embarcadero que construyeron y por aire con un pequeño aeródromo al que se bautizó en memoria del Capitán Herráiz del cuerpo de Ingenieros y aviación, que el 13 de agosto de 1923 hizo en la zona un aterrizaje de emergencia en la zona, fue hecho prisionero y murió de tifus.

El aeródromo de Herráiz estuvo en uso desde 1926 hasta el año 1958 y llegó a albergar hasta catorce aviones. José Pazó pilotó allí tres aviones diferentes desde octubre de 1926, pero el que voló el 18 de abril de 1927, día del accidente fue, en concreto, un Bristol F2-B, que era un cazabombardero con motor Hispano de 230 CV. Durante su estancia en África, José le escribía a su madre explicando que, aunque volaba más de seis horas al día, "su fuerte naturaleza no se resentía".

José Pazó, vestido para volar. ARCHIVO RAFAEL PAZÓ OLMEDO
José Pazó, vestido para volar. ARCHIVO RAFAEL PAZÓ OLMEDO

Ese fatídico día, 18 de abril de 1927, despegó a las seis de la tarde desde este aeródromo y, según la confirmación de su madre, Rosalía Montes, "el general Godet ordenó que del aeródromo de Herráiz (Cala Quemado) se elevase una escuadrilla de cinco aparatos para apoyar el avance de una columna". José Pazó tripulaba el Bristol número 4 acompañado por el sargento Alcántara. Vientos muy fuertes abortaron el operativo y el jefe de la escuadrilla ordenó el aterrizaje inmediato de toda la formación, ya que comprometía el vuelo y las vidas de los pilotos, "Al tomar tierra, el de Pepe Pazó capotó incendiándonse por la violencia del viento".

Ingresado en el Hospital de Melilla con graves quemaduras y traumatismos, el jefe de la escuadrilla telegrafió a su familia en Pontevedra para detallar lo ocurrido; su pronóstico era grave, aunque insistían en que su vida no corría peligro, pero la situación del herido era muy seria. Unos días después de recibir la inquietante noticia, su hermano Diego Pazó, acompañado por Alfredo Gallego, amigo de la familia, partió en tren hacia el sur para llegar después a Melilla.

Durante su estancia en el hospital José escribió a su novia el siguiente mensaje, "No me vas a querer cuando veas cómo he quedado". Unos meses más tarde, ese mismo verano, la madre de José se desplazó también a Melilla para ver a su hijo acompañada por la señorita María Gallego. José salvó su vida por su gran fortaleza, ya que los médicos en un primer momento no creían que sobreviviera. Otro duro golpe supuso también el fallecimiento ese mismo verano en África de su amigo y también piloto el capitán Felipe Matanzas Vázquez, con el que Pazó un año antes había aterrizado en el aeródromo de A Xunqueira en Pontevedra.

Cuando su delicada situación le permitió viajar, José Pazó llego a Pontevedra en agosto de 1927 para recuperarse en el Hospital militar de Vigo. Volvió a su ciudad, Pontevedra, bajo la supervisión del prestigioso cirujano José Barros Sanromán, padre de José Luis Barros Malvar, que lo operó en alguna ocasión de la cadera como secuela del accidente, además le quedó una ligera cojera y un dolor persistente que le acompañó durante toda su vida.

Cuando Alfonso XIII y su mujer Victoria Eugenia visitaron la ciudad de Pontevedra en 1927 el rey se interesó personalmente por la salud del teniente de aviación Pazó herido en África. El 24 de septiembre de 1928, dieciocho meses después del accidente, Pazó volvió al servicio activo.

En marzo de 1936 fue adjudicatario de un contrato del Gobierno, como ganadores del concurso de la GP-1 que era un avión de entrenamiento, para construir cien avionetas de un diseño que desarrolló él con González Gil y presentado con AISA, posteriormente desarrollaron el González Gil-Pazó GP-2.

En el Hotel Engracia de Pontevedra en 1946 se le entregó a José Pazó, que ya era coronel de Ingenieros Aeronáuticos y secretario de Servicios del Ministerio del Aire, un bastón de mando y un álbum con la presencia de diversas autoridades como Sánchez Cantón o Filgueira Valverde. Pazó fue director de AVIACO en 1950 y de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de 1957 a 1965.

José Pazó Montes, después de ocupar importantes cargos relacionados con la aviación e ingeniería, falleció en Madrid el 15 de octubre de 1978. Su hijo Alejandro Pazó publicó un libro único por su testimonio de primera mano. Un interesante libro del que se hizo una tirada muy corta, básicamente para familiares y amigos.

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