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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Beledo, el 'pata negra' de los ultramarinos

Beledo fue unos de los establecimientos del ramo de la alimentación más emblemáticos de nuestra ciudad, que se fundó con la llegada de la familia desde Astorga a Pontevedra: todo un símbolo de calidad y trato amable

Ramiro Beledo y Alejandro Ramírez. ARCHIVO A.RAMIREZ
Ramiro Beledo y Alejandro Ramírez. ARCHIVO A.RAMIREZ

RAMIRO CORDERO Beledo era originario de Astorga, pero siendo un niño ya estaba viviendo en Pontevedra. Se presentó a los exámenes de ingreso en el Instituto en el Colegio Balmes en 1928. En 1935 aprobó las oposiciones de ingreso en la Escuela Normal para cursar Magisterio, en 1941 ya era maestro de grado profesional y un año después pidió excedencia como maestro de Aguiones en A Estrada.

La familia Beledo llegó años antes a Pontevedra procedente de Astorga, en concreto a finales del s. XIX. Lo hacían en burro, con productos de la zona para vender en las ferias de nuestra ciudad. La comitiva paraba delante de Los Maristas, en la Plaza da Verdura cargados con cecina, costilla adobada, cacheiras de cerdo ahumadas, queso manchego y el pata de mulo (un queso fresco con sal). Una de las veces les hablaron de la peste en nuestra ciudad y, por miedo a contraer la enfermedad, se marcharon de vuelta a Astorga. La familia volvió a Pontevedra al pasar el tiempo y abrió un pequeño ultramarinos.

Con los años trasladaron el negocio y abrieron Beledo en el número tres de los Soportales de la Herrería, de la mano de su tío Santiago. Instalaron el comercio en el bajo y en las dos plantas de arriba vivía la familia. Ramiro dejó la enseñanza y con veintiún años empezó a trabajar en el negocio familiar. Se casó con Manuela Antonia Vázquez Fernández, natural de Ourense pero con familia en Astorga, lugar en el que se conocieron y tuvieron una única hija: Lourdes, que hoy vive en Pontevedra. Recuerdo que Ramiro era un hombre corpulento y de trato amable.

En el ultramarinos, detrás de una cortina, tenían los barriles de vino, los más grandes de la ciudad, y unas mesas para tomar las chiquitas. Los barriles de vino de Valdepeñas llegaban en vagones de tren que descargaban en la estación de Campolongo. Llegaban al comercio en las carretas de Felipe, explica Alejandro, y se acercaban al ultramarinos rodando por la acera los barriles. El mostrador era de mármol blanco con dos alturas y tenía un enorme escaparate bajo los soportales.

Uno de los dependientes más conocidos del ultramarinos fue Alejandro Ramírez García, que nació en 1944 en Pontevedra. Casado a los 19 años con Peregrina Lorenzo Blanco, que tenía 17, y natural de San Vicente do Mar. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Ramiro, Cristina, Manolita y Patricia. El primer trabajo de Alejandro fue en los recauchutados de Manuel García, en A Virxe do Camiño.

Empezó a trabajar en Beledo en el año 1956, con tan sólo doce, como mozo de los recados. De los inicios recuerda entre risas que, como también tiraba el vino de los barriles, una vez se emborrachó sólo con respirar varias horas el alcohol de las barricas mientras servía el vino. Años después pasó a despachar en la tienda como también lo hicieron tres hermanos suyos: Ricardo, Arturo y José. Explica que estaban detrás del mostrador algunos familiares de Ramiro y Santiago como Carmiña, Pilar y Manuela.

Iniciaban la jornada a las siete de la mañana y Alejandro comía a veces en la tienda, otras cenaba; sobre todo cuando se hacían las cajas (cestas) de Navidad para empresas como Celulosas, "para los obreros", recuerda Alejandro. Si las cajas eran para familias numerosas, que antes eran familias con más de cuatro hijos, les correspondían tres cajas que preparaban durante la noche. Algo han cambiado los tiempos, ya que en aquella época también trabajaban los domingos por la mañana, porque era el día en que tocaba la banda de música en la Alameda y se hacía la feria en la Herrería.

En el escaparate se exponía el enorme queso de gruyere de 114 kilos, del diámetro de una mesa camilla. Famosas eran las salchichas blancas y rojas, las latas de diez litros de aceite Carbonell, el bacalao de Noruega que llegaba en sacos de tela, el bonito en latas grandes de Massó, los lacones de Villaba, de Arévalo llegaban los garbanzos, las lentejas a granel, los chorizos y la cecina. Algunas carnes tenían que pasar por el veterinario, Don Viriato se llamaba, que estaba cerca de la antigua estación de Campolongo, para que diese el visto bueno, en concreto, a los lacones.

Santiago Beledo Pérez era muy estricto porque cuando llegaban los garbanzos en sacos de tres kilos, y Alejandro los cocía en una media, como se levantara un poco la piel ya tenía que retirarlos de los cajones, los quería impecables. Los primeros Yogures Garea, de fresa y natural, se vendían en Beledo porque tenían una nevera enorme y necesitaban mantenerlos refrigerados. El aceite a granel llegaba en bidones y Alejandro tenía que calentarlo para licuarlo bien, porque con el frío se solidificaba, y lo despachaban por cuarterones. "Los productos eran de lo mejorcito de Pontevedra: caros, pero de calidad", afirma Alejandro, "las mejores familias de Pontevedra compraban allí", y también compraban género los mejores restaurantes.

La mesa redonda de la taberna del ultramarinos estaba reservada para Emilio Pascual el Ingeniero, Felipe (de Calzados Felipe) y un Teniente Coronel de la Guardia Civil que tomaban vinos, claretes o sol y sombra (blanco y tinto). Cuando pasaba Manolo, el Inspector de Trabajo, les avisaba: "Pasad la cortina que voy para el Casino", y así hacía la vista gorda. Cuando a las once de la noche los clientes aún estaban de charla en la taberna, Alejandro se acercaba al Gran Garaje y compraba polvos pica-pica que soplaba con disimulo sobre los tertulianos, cuando empezaban los estornudos los clientes ya salían solos de la taberna, "marchaban por el aire. Don Santiago sabía que yo algo hacía y me decía Alejandro ven acá", él le contestaba que no había hecho nada mientras se oían los estornudos de fondo. Recuerda que el viajante del vino de Pinarejo que vendían era Briones, que tenía un comercio enfrente del sanatorio Santa Rita.

Alejandro entregaba los pedidos a domicilio en cajas y en la tienda las bolsas eran de papel de estraza sin asas. Los empleados y el jefe llevaban un guardapolvos azul durante las horas de trabajo. El escaparate se decoraba en función de ciertas fechas del año, como en Navidad o en La Camelia, escaparate por el que ganaron un premio. Otros ultramarinos conocidos de su época eran: Juncal, más conocido como El burato; y Garrido, que estaba al lado de Juncal.

Alejandro también fue Alcalde de Barrio en Santa María, actividad por la cual obtuvo un reconocimiento en 1999. En 1982 se le concedió la Medalla al Mérito en el Trabajo y es miembro de A Peña da Boina. Beledo cerró hace unos veinticuatro años, calcula Alejandro, y destaca de la familia que eran unas personas muy serias en el trabajo, a las que guarda un gran cariño porque le trataron siempre como a un hijo.

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