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Procedente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

El ‘Café Kursaal Galicia’ y el mundo de las canzonetistas

Durante años este establecimiento congregó en sus sesiones a decenas de cantantes femeninas que, en plena calle de A Oliva de Pontevedra, ponían voz a letras picantes, románticas o clásicas.
 

La céntrica calle del Kursaal. SPDB DEPUTACIÓN DE PONTEVEDRA
La céntrica calle del Kursaal. SPDB DEPUTACIÓN DE PONTEVEDRA

Kursaal es una palabra de origen alemán que sirve para designar un espacio multiusos (conciertos, bailes, restaurante) y que hace cien años se puso de moda. Eran conocidos el Kursaal de Pontevedra, el de Ferrol, Madrid o san sebastián en ellos actuaban las canzonetistas o cancionistas, que eran una mujeres que se dedicaban desde finales del s. XIX a la canción ligera en locales públicos. la situación política del momento permitía un vestuario creativo y extravagante que dejaba ver los escotes, hombros y piernas que se presentaba ante un público mayormente masculino. un cambio de siglo amenizado en Pontevedra por una amplia oferta en teatros y cafés de variedades como el Café Moderno, Café de la Perla, Café Confitería, Café Español, CircoTeatro, Teatro del liceo, Teatro Guignol, el recreo de artesanos o el salón concert royalty en el que Hipólito de Sá destacaba: "podías tomar tranquilamente café mientras la cupletista de turno cantaba los cuplés en boga, siendo acompañada por un piano y los acordes de un violín y un contrabajo".

El 10 de agosto de 1922 se inauguraba un local muy céntrico en Pontevedra el Café Kursaal Galicia (también conocido como ‘Gran Café concert ‘Kursaal Galicia) que contrataba lo último en este género propiedad de los sres. Pousa y rey situado en el número 14 de la calle de A Oliva. llama la atención la intensa actividad política de sus propietarios y su dedicación al sector del ocio con espectáculos mayormente femeninos.

Uno de sus propietarios, José Rey Durán, fue concejal del ayuntamiento en los años veinte y representante de la Federación Provincial Agraria de Pontevedra, motivo por el que fue encarcelado en una huelga agraria en 1922. Participó con ‘ganado de carnes’ en el concurso provincial de ganados en la Granja de Salcedo, hoy la Misión Biológica, y en 1931 solicitó licencia para un parque de cría de mariscos en las escolleras del ‘encauzamiento de la ría de Pontevedra’ y los diques sumergibles; dicha solicitud fue desestimada en 1935, para alivio de los vecinos de la zona, ya que "suponía para ellos cuestión de vida o muerte ya que del aprovechamiento de estas playas obtienen el pan de cada día innumerables familias pobres".

Su socio, Juan Pousa Cruces, estaba casado con Ramona Lamas Rodríguez y era natural de Marcón. Pousa fue también un emprendedor en el sector de la hostelería que en 1918 era propietario del Bar Internacional, ubicado en la Praza da Ferrería y en 1925 de otro local conocido como el Mosto Nuevo. En 1932 era presidente del comité central del Partido Republicano Radical de Pontevedra y dos años más tarde fue nombrado inspector provincial de Trabajo con un sueldo de 7.000 pesetas. una vez terminada la Guerra Civil solicitó una autorización administrativa para abrir una fábrica de embutidos.

El mayor reclamo del Kursaal eran las actuaciones de estas jóvenes cantantes, conocidas como canzonetistas (cupletistas). Detrás de estas mujeres había un enorme deseo de prosperar que a veces se cumplía como sucedió con la cupletista Anita Delgado, una malagueña que saltó de los escenarios del Gran Kursaal Madrid a la India para convertirse en la maharaní de Kapurtala. la mayoría de cantantes que llegaron a nuestra ciudad eran de otras regiones del país y en nuestra tierra sólo existía un pequeño manojo de nombres entre ellos: Manolita Fariñas, que cantaba obras compuestas por el Maestro Vide (José Fernández Vide); Dorita Saavedra natural de Ourense; o Carolina Otero (Agustina Otero Iglesias) la pontevedresa más internacional de todos los tiempos, más conocida en todo el mundo como La Bella Otero.

Todas las actuaciones en Pontevedra terminaban para la prensa en grandiosos y colosales éxitos, las artistas eran esculturales con nombres tan exóticos como el de la cantante y bailarina clásica Dealolina; las Hermanas Teratinas que "poseían un perfecto dominio escénico y su repertorio de canciones y bailes era todo él muy bonito, que ejecutaban admirablemente"; "la bellísima y escultural cancionista Esmeraldina", la lindísima y genial Diabolina; la encantadora y sugestiva rumbista Odalisca Nanffi, la monísima Evalina; la simpática María Gonzalito "su arte, tanto en el cuplé como en los bailes regionales y extranjeros que ejecutaba magistralmente con suma maestría, fina y delicada"; la encantadora Satanella (Enriqueta Pujol); Mercedes Elis que cantaba la saeta ‘El Paso de la Macarena’; con un lujosísimo vestuario y repertorio de cuplés llegó Lucile Gastón; la linda muñequita Ketita Tesoro; Luisita Adame o Merceditas Marín.

Los conocidos Bailes del Kursaal en Carnaval se celebraban en el coquetón salón del local con especial mención del ambigú (zona de restauración) a precios ruinosos para la empresa. sobre esta cuestión comentaba José Rey: "Que se divierta estos días la gente joven, aunque me quede yo en el puro lucero", y así era.

Por el piano del Kursaal de Pontevedra pasaron en sus veinte años de existencia, entre otros, el señor Ruíz y numerosas y ‘afinadas orquestas’, aunque en los anuncios y crónicas no llegaron a nombrar a ninguna en concreto. Otro conocido pianista del local fue el joven Vicente Cardama que fallecía en 1925 en santiago: "muy conocido y apreciado en esta capital por haber pasado en ella grandes temporadas durante las que ha actuado como pianista en espectáculos públicos y con mayor persistencia en el Kursaal Galicia", reseñaba El Progreso, mientras dejaba viuda y familia en Marín.

Unos meses antes de la Guerra Civil dejamos de tener noticias del Kursaal de Pontevedra (finales de 1935); suponemos que por las letras picantes y las piernas al aire que derivaron en poco tiempo en el uso de mantillas y peinetas entre rezos y oraciones. José Rey Durán, uno de sus propietarios, fallecía en Pontevedra el 31 de julio de 1956 a los 75 años de edad. así terminaron dos décadas de: "Todos a bailar al Kursaal".

El ‘Café Kursaal Galicia’ y el mundo de las canzonetistas
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