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Procediente del audiovisual, imparte conferencias, presenta ponencias, escribe artículos e imparte clases. Apasionada de las nuevas tecnologías.

Cañizares, una tijera con historia

Hace cuarenta años proliferaban las barberías en Pontevedra y los hombres se hacían la manicura y se teñían el pelo en Cañizares, una peluquería que ya forma parte de la historia de Pontevedra

Emilio Cañizares Almodóvar nació en Valenzuela de Calatrava (Ciudad Real). Hijo de Miguel Cañizares Herrera y de inocenta Almodóvar Gutiérrez. Su padre, que provenía de una familia de labradores, fue el primero que empezó el oficio barbero en el pueblo porque el trabajo en el campo le parecía muy duro.

Emilio Cañizares se casó con Aurora Malagón Golderos el 6 marzo de 1968 y se establecieron en Vicálvaro. El matrimonio tuvo dos hijos: Aurora y Emilio. Empezó a trabajar en una peluquería en Madrid a los 19 años después de hacer unos cursos de formación. Recuerda, como anécdota, que un día apareció un cliente que le pidió que le afeitara la cabeza, pero para su sorpresa también le pidió que hiciera lo mismo con sus cejas. Por la peluquería pasaba el Sr. Fanego, que trabajaba en Almacenes Álvarez en Madrid, que era íntimo amigo del dueño de la peluquería Solla de Pontevedra, y un día comentó que estaban buscando un sustituto para el verano en dicho establecimiento con muy buen sueldo. Al pedirle permiso a su jefe para ausentarse los tres meses lo invitó a no volver.

Imagen para el blog de Milagros Bará (11/02/18)A Emilio no le quedó más remedio, con 29 años, que presentarse solo en el número 30 de calle de A Oliva de Pontevedra para cumplir con la sustitución; mientras, su familia se quedaba en Madrid. Fue un alivio cuando a los 15 días el Sr. Solla (Manuel Solla Cons) le pregunto: "¿Tú no tienes ilusión por quedarte en Pontevedra?", y llegaron a un acuerdo porque le ofreció un porcentaje, como dice Emilio "Borrego fuera y duro en la montera", y una casa en alquiler en la colonia Pina. Así es como se trasladó su familia a Pontevedra desde su casa, en la calle Ortega y Gasset de Madrid, y se quedó en nuestra ciudad hasta hoy.

En aquellos años aún existían las barberías que eran de uno o dos asientos, sólo para afeitado y algunas peluquerías que se diferenciaban porque también se ocupaban del cabello; Emilio calcula que había unas veinte. Cada empleado trabajaba un asiento fijo y su sueldo constaba de un mínimo de nómina y un porcentaje por cliente.

Recuerda cuando en los años sesenta con la moda de los Beatles los peluqueros tenían poco trabajo, por la moda de el pelo largo y los niños no se querían cortar el pelo. Cuenta la anécdota que un día entró en la peluquería un señor que se sentó en el pedal del sillón, donde se ponen los pies, como si tal cosa. "Dame una pasadilla" le dijo el hombre, y Emilio le invitó a sentarse debidamente pero el hombre no quiso alegando que sentado en el pedal le iba a salir más barato el servicio. Trabajó durante tres años con Solla pero se dio cuenta de que había posibilidades de establecerse por su cuenta. Antes de abrir su propio negocio se formó en A Coruña.

Imagen para el blog de Milagros Bará (11/02/18)La Peluquería Cañizares abrió el 15 de mayo de 1972 en el primer piso del nº1 de la calle Andrés Muruais, a trece escalones de la calle. Un lugar muy céntrico, que había sido anteriormente destinado a dependencias policiales para hacer el DNI. En el bajo del edificio estaba el estanco de Chicha, en la esquina de la calle el despacho de butano de Matías de Cabo, al lado Pedrosa y Phildar, y enfrente Las Torres y el bar Titón. Para abrir, compró el mobiliario de la Peluquería Cons que cerraba en la calle de A Oliva y que pertenecía a un futbolista de Vigo.

En un principio era una peluquería sencilla de tres asientos y "los comienzos fueron duros", explica Emilio, pero fue transformándose y ganando clientes con los años. Eran tiempos en los que "se peinaba los hombres todas las semanas y tenía clientes diarios para el afeitado", comenta. Usaba la tijera para el corte y el corte a navaja que era más caro, una técnica que hoy prácticamente se ha perdido. En los ochenta destaca el uso del tinte (de amoníaco) para cabellos, cejas y barbas canosas. En aquellos tiempos los hombres se hacían la manicura con frecuencia y se desrizaban con una crema el pelo para alisarlo.

Emilio fue un pionero en adaptar diferentes productos según las necesidades de los clientes y tuvo muy buena acogida, aunque al principio "los hombres eran un poco reacios a utilizarlos", con el tiempo consiguió venderlos a su clientela de marcas tan conocidas como Kerastase, Loreal, o Vella. Su mujer, Aurora, al principio le ayudaba lavando en casa las toallas y los paños de afeitado porque tenían en el local lavadora y secadora. Sus hijos también le echaron una mano, aunque sus vidas siguieron otros derroteros.

Su truco para cortar el pelo a los niños era que su madre se fuera a dar un paseo; el niño se quedaba generalmente tranquilo, aunque alguno se ponía farruco y uno le mordió un dedo.

Por la peluquería pasaron las compañías de teatro que paraban en Pontevedra entre ellos: José luis López Vázquez o Sancho Gracia; políticos, como Cuiña, Paco Vázquez; veraneantes de Sanxenxo; o, como anécdota, Terito y clientes mexicanos de Avión.

En su sala de espera se formaban tertulias muy amenas: "de personas de cierta cultura y de cierto saber, como el analista Eladio Vidal, Javiña, Antonio Riestra o el conde de Bugallal, que era simpático como él solo", explica Emilio. Hacía una ficha de cada cliente para hacer un seguimiento. "Mi peluquería tuvo éxito en los 80 con el miedo al VIH porque esterilizaba en un autoclave, con ultravioleta y las maquinillas eran de un sólo uso", explica, y lo hacía con unas 40 herramientas. La radio era un elemento importante porque tenía un altavoz en cada asiento para oír las noticias; aunque sus empleados más jóvenes cambiaban de canal y sintonizaban música.

Otra particularidad es que fue el primero que instaló sillas giratorias accesibles a los lavacabezas con cinco puestos diseñados por él. A su cargo tenía ya tres peluqueros y dos señoritas que se encargaban del lavado de cabezas. Eran tiempos en los que hacía servicios en sanatorios para el afeitado de clientes ingresados y abría los domingos para preparar bodas.

La peluquería se cerró en junio del 2006 y Construcuatro compró el edificio a su propietario, Emilio Boullosa. Emilio Cañizares ve desde que se jubiló un cambio enorme en las peluquerías, pero reconoce que todavía quedan algunos peluqueros que trabajan bien, "al estilo de antes". Agradecer a Emilio este breve relato que resume su vida profesional con unas pinceladas en una peluquería de Pontevedra de la que todos nos acordamos.

Fuentes: Charla con Emilio Cañizares y su hija Aurora.